Los panameños somos hoy seis veces más pobres que en 1980
Es lamentable ver la facilidad con la que se puede engañar a la gente, ver cómo algunos políticos, cuales vulgares estafadores, aprovechándose de la ignorancia, ingenuidad, irresponsabilidad, ambición o torpeza de algunos incautos, logran llegar a los puestos públicos con el único propósito de enriquecerse a costa de lo que sea, aún vendiendo su patria. Tratan al pueblo como a un mendigo a quien se le ofrece un plato de sopa al mediodía, sin intentar resolver sus problemas estructurales. La creatividad e inteligencia la utilizan para justificar gastos del Estado que les permiten apoderarse de las dos terceras partes del dinero invertido y por lo cual mantienen en secreto los negocios nacionales.
Por eso, antes de votar debe evaluarse al candidato, sus capacidades y principalmente al partido o alianza que lo postula, pues de nada sirve que un candidato tenga buen aspecto si se hace acompañar por una banda de piratas que con el mayor descaro y sin ninguna muestra de piedad, se apropian de la riqueza nacional, dejando a las clases pobres, más pobres y miserables. También hay que ver el historial político de los candidatos y sus partidos, que podría ser vergonzoso, razón suficiente para ocultarlo e inducir a las masas a olvidar. Quien no quiera someterse a los cuestionamientos, es porque no tiene argumentos ni la autoridad moral para sostenerlos.
Decía, en 1982, un funcionario que trabajaba en el Departamento de Investigaciones Económicas de un banco centroamericano, que tenía conocimiento de un plan, cuyo propósito era debilitar económicamente a algunos países latinoamericanos entre los que se encontraban Venezuela y Panamá, para que en un período de 10 años hubiesen alcanzado niveles de vida similares a los de Centroamérica, con la finalidad de dominar la masa trabajadora y con ello conseguir una mano de obra barata y productiva, que pudiera competir con eficiencia e integrarse a los programas de las empresas maquiladoras. En otras palabras, decía el estudioso, "Se les pretende convertir en esclavos que trabajen como burros por salarios de hambre".
Pasado el tiempo, aproximadamente en 1992, Venezuela, un país petrolero, devaluaba su moneda, el bolívar, cuya tasa de cambio era de 4.30 por dólar en 1982, a una tasa de 576 por dólar en 1992, lo que indica que si un trabajador en 1982 ganaba un salario mínimo de 50 bolívares diarios, equivalentes a 11.633 dólares, devengaba más de cuatro veces lo que le pagan hoy, aún ganado 2,000 bolívares diarios, que equivalen a 3.47 dólares, si tomamos en cuenta que los precios de consumo también han subido descontroladamente. Conclusión: El trabajador venezolano es ahora 8 veces más pobre que en 1982, año en que Venezuela todavía era "tristemente" el mayor importador de licores por habitante en el mundo. En la actualidad están a las puertas de una guerra civil y acuden demasiado tarde a la tercera fuerza, para que los saque del atolladero en el que se han metido.
En Panamá, el procedimiento ha sido diferente debido a que la moneda corriente es el dólar y no pretenden devaluarla; han acudido a un método de empobrecimiento de salario mínimo y reducción de los sueldos. Así demostraremos que los salarios casi no han tenido aumento en los últimos 25 años; mientras los precios se han incrementado hasta 6 veces en algunos artículos.
Por ejemplo 1 libra de azúcar costaba 0.10 en 1975, en 1979: 0.31; 3 unidades de pan michita, en 1975, 0.05, en 1999: 010; 1 1/4 litro de soda, en 1975, 0.05, en 1999: 0.25; 1 pasaje del transporte colectivo en 1975: 0.05, en 1999: 0.15;1 unidad de pan de molde en 1975: 0.20, en 1999: 0.61; 1 libra de arroz en 1975: 0.12; en 1999: 0.31; 1 litro de leche pasteurizada en 1975: 0.35, en 1999: 0.70; 1 libra de carne, en 1975: 0.50, 1999: 1.80; 1 libra de pescado, en 1975: 025, en 1999: 0.80; 1 libra de bacalao, en 1975: 0.30, en 1999: 3.00; 1 libra de verduras, en 1979, 0.10, en 1999: 0.40; 1 barra de jabón Lavasol, en 1975: 0.10, en 1999: 0.25; 1 rollo de papel higiénico, en 1975: 0.10; en 1999: 0.35; 1 pastilla de jabón de baño, en 1975: 0.10; en 1999: 0.40; 1 libra de sal, en 1975: 0.10, en 1999: 0.25; 1 unidad de huevo, en 1975: 0.05, en 1999: 0.11; 1 par de zapatos escolares, en 1975: 6.00; en 1999: 18.00.
El total de estos artículos ascendía en 1975 a: 8.52 y en 1999 a 27.79.
El salario mensual aproximado en 1975 era : B/.180.00, en 1999: B/.200.00.
En 1975, un trabajador que ganaba 180 balboas mensuales, habría podido comprar 21 veces, la totalidad de productos y servicios anotados en la lista y cuyo valor era de 8.52 balboas. En la actualidad la hija del anterior trabajador, que ahora podría tener 20 años, si tuviera la suerte de trabajar devengando 200 balboas al mes, solamente podría comprar 7 veces la misma lista, a los precios actuales. Como se puede ver, el trabajador actual es 3 veces más pobre que el trabajador de 1975.
Este problema toma dimensiones catastróficas para la clase media trabajadora, cuyo salario promedio era de 1,000 balboas mensuales en 1982 y fue reducido deliberadamente a la mitad (500 balboas), a partir del año 1986, aprovechando el alto índice de desempleo que previamente se había provocado. Con esta reducción del sueldo y con el incremento antes anotado de los precios, los empleados de hoy son 6 veces más pobres que los empleados de 1982.
Este panorama se ha visto agravado por la pérdida de empleos en las bases militares, por la reducción masiva de trabajadores en el sector agrícola e industrial, producto de baja desmesurada de aranceles y por los despidos que se han dado y se darán al privatizar las empresas estatales, incluyendo la salud, la educación y el Canal con todos sus recursos de inmenso valor económico, que constituyen un inagotable botín para ser repartido entre políticos inescrupulosos.
Si seguimos así, terminaremos siendo un país de gente paupérrima con ropa remendada, zapatos rotos y estómagos vacíos.
Ante un cuadro tan real y tan desesperanzador, no podemos continuar equivocándonos alegremente. Debemos tomar decisiones oportunas, pues todavía estamos a tiempo. El Ing. Alberto Vallarino, sumergido en esta realidad y dotado de gran sensibilidad social y mentalidad de estadista, intenta corregir los "errores" económicos que nos conducen a un despeñadero de corrupción y miseria. El, conocedor del círculo de la pobreza, sabe que el desempleo crea hambre, el hambre conduce al crimen y a la violencia, la violencia ahuyenta los capitales y la fuga de capitales crea más desempleo.
Pretende, el Ing. Vallarino, transformar este círculo de pobreza en círculo de riqueza, permitiendo que la gente tenga más dinero en sus bolsillos para que lo gasten, para que los comerciantes vendan y las empresas produzcan, generando así, empleos y riqueza. El sabe que los ricos se hacen más ricos, cuando los pobres son menos pobres.
¡Aún estás a tiempo!..., vota por ti.
Por eso, antes de votar debe evaluarse al candidato, sus capacidades y principalmente al partido o alianza que lo postula, pues de nada sirve que un candidato tenga buen aspecto si se hace acompañar por una banda de piratas que con el mayor descaro y sin ninguna muestra de piedad, se apropian de la riqueza nacional, dejando a las clases pobres, más pobres y miserables. También hay que ver el historial político de los candidatos y sus partidos, que podría ser vergonzoso, razón suficiente para ocultarlo e inducir a las masas a olvidar. Quien no quiera someterse a los cuestionamientos, es porque no tiene argumentos ni la autoridad moral para sostenerlos.
Decía, en 1982, un funcionario que trabajaba en el Departamento de Investigaciones Económicas de un banco centroamericano, que tenía conocimiento de un plan, cuyo propósito era debilitar económicamente a algunos países latinoamericanos entre los que se encontraban Venezuela y Panamá, para que en un período de 10 años hubiesen alcanzado niveles de vida similares a los de Centroamérica, con la finalidad de dominar la masa trabajadora y con ello conseguir una mano de obra barata y productiva, que pudiera competir con eficiencia e integrarse a los programas de las empresas maquiladoras. En otras palabras, decía el estudioso, "Se les pretende convertir en esclavos que trabajen como burros por salarios de hambre".
Pasado el tiempo, aproximadamente en 1992, Venezuela, un país petrolero, devaluaba su moneda, el bolívar, cuya tasa de cambio era de 4.30 por dólar en 1982, a una tasa de 576 por dólar en 1992, lo que indica que si un trabajador en 1982 ganaba un salario mínimo de 50 bolívares diarios, equivalentes a 11.633 dólares, devengaba más de cuatro veces lo que le pagan hoy, aún ganado 2,000 bolívares diarios, que equivalen a 3.47 dólares, si tomamos en cuenta que los precios de consumo también han subido descontroladamente. Conclusión: El trabajador venezolano es ahora 8 veces más pobre que en 1982, año en que Venezuela todavía era "tristemente" el mayor importador de licores por habitante en el mundo. En la actualidad están a las puertas de una guerra civil y acuden demasiado tarde a la tercera fuerza, para que los saque del atolladero en el que se han metido.
En Panamá, el procedimiento ha sido diferente debido a que la moneda corriente es el dólar y no pretenden devaluarla; han acudido a un método de empobrecimiento de salario mínimo y reducción de los sueldos. Así demostraremos que los salarios casi no han tenido aumento en los últimos 25 años; mientras los precios se han incrementado hasta 6 veces en algunos artículos.
Por ejemplo 1 libra de azúcar costaba 0.10 en 1975, en 1979: 0.31; 3 unidades de pan michita, en 1975, 0.05, en 1999: 010; 1 1/4 litro de soda, en 1975, 0.05, en 1999: 0.25; 1 pasaje del transporte colectivo en 1975: 0.05, en 1999: 0.15;1 unidad de pan de molde en 1975: 0.20, en 1999: 0.61; 1 libra de arroz en 1975: 0.12; en 1999: 0.31; 1 litro de leche pasteurizada en 1975: 0.35, en 1999: 0.70; 1 libra de carne, en 1975: 0.50, 1999: 1.80; 1 libra de pescado, en 1975: 025, en 1999: 0.80; 1 libra de bacalao, en 1975: 0.30, en 1999: 3.00; 1 libra de verduras, en 1979, 0.10, en 1999: 0.40; 1 barra de jabón Lavasol, en 1975: 0.10, en 1999: 0.25; 1 rollo de papel higiénico, en 1975: 0.10; en 1999: 0.35; 1 pastilla de jabón de baño, en 1975: 0.10; en 1999: 0.40; 1 libra de sal, en 1975: 0.10, en 1999: 0.25; 1 unidad de huevo, en 1975: 0.05, en 1999: 0.11; 1 par de zapatos escolares, en 1975: 6.00; en 1999: 18.00.
El total de estos artículos ascendía en 1975 a: 8.52 y en 1999 a 27.79.
El salario mensual aproximado en 1975 era : B/.180.00, en 1999: B/.200.00.
En 1975, un trabajador que ganaba 180 balboas mensuales, habría podido comprar 21 veces, la totalidad de productos y servicios anotados en la lista y cuyo valor era de 8.52 balboas. En la actualidad la hija del anterior trabajador, que ahora podría tener 20 años, si tuviera la suerte de trabajar devengando 200 balboas al mes, solamente podría comprar 7 veces la misma lista, a los precios actuales. Como se puede ver, el trabajador actual es 3 veces más pobre que el trabajador de 1975.
Este problema toma dimensiones catastróficas para la clase media trabajadora, cuyo salario promedio era de 1,000 balboas mensuales en 1982 y fue reducido deliberadamente a la mitad (500 balboas), a partir del año 1986, aprovechando el alto índice de desempleo que previamente se había provocado. Con esta reducción del sueldo y con el incremento antes anotado de los precios, los empleados de hoy son 6 veces más pobres que los empleados de 1982.
Este panorama se ha visto agravado por la pérdida de empleos en las bases militares, por la reducción masiva de trabajadores en el sector agrícola e industrial, producto de baja desmesurada de aranceles y por los despidos que se han dado y se darán al privatizar las empresas estatales, incluyendo la salud, la educación y el Canal con todos sus recursos de inmenso valor económico, que constituyen un inagotable botín para ser repartido entre políticos inescrupulosos.
Si seguimos así, terminaremos siendo un país de gente paupérrima con ropa remendada, zapatos rotos y estómagos vacíos.
Ante un cuadro tan real y tan desesperanzador, no podemos continuar equivocándonos alegremente. Debemos tomar decisiones oportunas, pues todavía estamos a tiempo. El Ing. Alberto Vallarino, sumergido en esta realidad y dotado de gran sensibilidad social y mentalidad de estadista, intenta corregir los "errores" económicos que nos conducen a un despeñadero de corrupción y miseria. El, conocedor del círculo de la pobreza, sabe que el desempleo crea hambre, el hambre conduce al crimen y a la violencia, la violencia ahuyenta los capitales y la fuga de capitales crea más desempleo.
Pretende, el Ing. Vallarino, transformar este círculo de pobreza en círculo de riqueza, permitiendo que la gente tenga más dinero en sus bolsillos para que lo gasten, para que los comerciantes vendan y las empresas produzcan, generando así, empleos y riqueza. El sabe que los ricos se hacen más ricos, cuando los pobres son menos pobres.
¡Aún estás a tiempo!..., vota por ti.