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Los pantalones largos de China




Cronista político

En días pasados observamos en Internet un reportaje completo de China, muy interesante por cierto, a raíz del tratado bilateral celebrado con Estados Unidos, en el que se indicaban los conmovedores progresos que ha experimentado China en lo social y económico. Realmente es sorprendente. Muchos recordamos a ese país, que vivía en una etapa primaria, el país del racionamiento y de las condiciones económicas de subsistencia. Hoy, la República Popular China es otra. Las grandes ciudades nada tienen que envidiarle a las metrópolis de Occidente y la economía se ha superado en términos dramáticos, lo que permite a su pueblo tener una vida que ha pasado de la mera subsistencia a una modestamente acomodada. Y este progreso no se ha dado solamente en la población urbana, sino también en la rural.
En los últimos 22 años, después de la reforma y apertura de China, el nivel de la población urbana y rural ha presentado una tendencia de crecimiento fuerte, en contraste como lo había hecho antes de 1978 y así tenemos que los ingresos per cápita de las familias en las zonas urbanas aumentaron de 133.6 yuanes, en 1978, a los 2,090.1 en 1997, lo que después de descontar los factores de aumento de precio (inflación), supone un aumento real de tres veces y medio. Estos ingresos en las poblaciones rurales también crecieron en forma dramática: de 343.4 yuanes, en 1978, a los 5,160.3 en 1997 y después de descontar igualmente los factores de aumento de precio reporta un crecimiento real del 2.1%.
Algunas fuentes occidentales, opuestas a la celebración del tratado de libre comercio firmado entre EE.UU. y China afirmaron que a los chinos, después de su manutención, muy poco o nada les sobra para otros consumos. Evidentemente esto no es más que el producto de una campaña de desinformación que se ha llevado a cabo, pues lo cierto es que los chinos, además de haber logrado una optimización de la estructura y calidad alimentarias, el porcentaje que representan estos gastos en el consumo total de la población ha disminuido en forma mantenida y ésta destina más dinero en otros consumos. Si no fuese así, de seguro que los EE.UU. no hubiesen estado interesados en la celebración del convenio bilateral de Libre Comercio con China, a través del que grandes empresas norteamericanas han percibido ampliar considerablemente la venta de sus productos.
Como prueba que los chinos no todo lo que perciben en calidad de salarios es para su alimentación, tenemos que en 1997 el desembolso per cápita en actividades culturales, educación y recreación fue del 10.7% del consumo cotidiano, cuatro puntos porcentuales más que en 1978 y el de la población rural de un 1%, que era en 1978, se elevó a 9.2% en el consumo cotidiano, lo que denota un impresionante progreso de la población rural, que es la mayoritaria.
En lo que respecta a la cultura en sí, tenemos que en 1978 cada 100 personas leían diariamente 3.7 ejemplares de periódico y en 1997 esa cantidad subió a 4.3; en lo que se refiere a libros y revistas, en 1978 se leían 4.7 ejemplares y en 1997 esa cantidad ascendió a 7.8; y con relación al número de estudiantes universitarios de cada diez mil habitantes en 1978 8.9 estudiaban y esa cantidad subió a 25.7, en 1997, lo que evidencia una gran elevación de las cualidades culturales de la población.
En lo que se refiere al consumo de ropa, que antes se caracterizaba por ser rutinario, monótono y de baja calidad hoy día, gracias al fuerte aumento de los ingresos, los habitantes de china aspiran a lo novedoso, elegancia y buen gusto de tal forma que la " antigua costumbre de tener un mismo vestido para varias estaciones ha sido sustituido por el tener diversos vestidos para una sola estación."
¿Y qué decir de los productos de consumo duraderos? Los tradicionales cuatro artículos de consumo entre la población urbana china como lo eran la bicicleta, el reloj, la máquina de coser y el radio, han sido reemplazados por cuatro nuevos productos: el televisor a color, la lavadora, el equipo de sonido y la refrigeradora. En 1997, cada 100 familias urbanas poseían 100.48 unidades de televisión a color; 72.98 refrigeradoras; 165.74 ventiladores; 89.12 lavadoras; 33.64 cámaras de fotografiar; 16.9 acondicionadores de aire y 2.6 computadoras. Y este incremento de capacidad de adquisición de productos duraderos no sólo se produce en los habitantes de las zonas urbanas, sino también entre la población rural y así tenemos que los antiguos cuatro productos duraderos como son las bicicletas, los relojes, las máquinas de coser y los radios llegaron a casi niveles de saturación. En la actualidad la compra de los campesinos chinos hacia nuevos productos duraderos de consumo presenta cifras impresionantes, pues de cada cien familias la cantidad de televisores a color de 1978 a 1997 incrementó de 0.39 a 27.32; el porcentaje de refrigeradoras aumentó de 0.06 en 1985 a 8.49 en 1997; y el de lavadoras de 1.9 en 1985 a 21.87 en 1997.
Y si recorremos otros rubros que componen el consumo del ingreso de los chinos, vemos también dramáticos incrementos que son indicativos del potencial chino. Los chinos avanzan vertiginosamente hacia un futuro promisorio.

101 años de Panamá América

 
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