Los partidos políticos a prueba
Los doce partidos que existen están sometidos a prueba. Se han integrado en tres alianzas electorales. Integran la Alianza Nueva Nación -del continuismo- con Martín Torrijos como candidato presidencial: el PRD como "buque insignia", del cual es miembro dicho candidato, junto con el Partido Liberal Nacional, del cual es presidente Raúl Arango postulado como candidato a la primera vicepresidencia, y el Partido Solidaridad, del cual es miembro Laurentino Cortizo, postulado como candidato a la segunda vicepresidencia. Se les ha añadido el Partido Papá Egoró, sin representante en la nómina.
Integran la Alianza Unión por Panamá -del tradicionalismo- con Mireya Moscoso como candidata presidencial: el Partido Arnulfista como " buque insignia", del cual es presidenta dicha candidata, junto con el Partido MOLIRENA, del cual es miembro Arturo Vallarino, postulado como candidato a la primera vicepresidencia, y el Partido MORENA, del cual es miembro recién inscrito Kayser Bazán, postulado como candidato a la segunda vicepresidencia. Se les ha añadido el Partido Cambio Democrático, sin representante en la nómina.
Integran la Alianza Acción Opositora -de la transformación- con Alberto Vallarino como candidato presidencial: el grupo de ex-arnulfistas que él encabeza, el Partido Demócrata Cristiano como "buque insignia", sin representante en la nómina, independientes simpatizantes de Mayín Correa, postulada como candidata a la primera vicepresidencia, y el Partido Liberal, del cual es presidente Joaquín Fernando Franco, postulado como candidato a la segunda vicepresidencia. También los Partidos Renovación Civilista y Nacionalista Popular, así como grupos de ex-miembros del Partido Papa Egoró y de seguidores del dirigente ex-PRD Alfredo Oranges, estos cuatro sin representante en la nómina.
La situación partidaria de las diversas alianzas es compleja. El PRD es el partido más grande y de los más cohesionados, pero ha sufrido el cisma de quien llegó segundo en sus primarias presidenciales y fuertes discrepancias internas. Tiene tensiones con sus aliados acerca de las candidaturas uninominales a legislador. Bajo el Presidente Pérez Balladares, su actual Secretario General, ha desechado su "torrijismo" original, populista y estatizante, adoptó un neoliberalismo carente de política social y demostró su disposición a negociar la continuación de bases militares con los EE.UU. Sus dos principales aliados representan partidos de liderazgo unipersonal por parte de figuras tradicionales del país, asociadas con grandes capitales nacionales. Su tercer aliado, el Partido Papa Egoró, se encuentra en un estado muy avanzado de descomposición y probablemente no cuente con el apoyo militante de su caudillo. El candidato de esta alianza no suscita ni grandes simpatías ni grandes antipatías, pero se duda muy seriamente de su experiencia y se presume por ello que es y será manipulado por la cúpula de su partido.
Por su parte, el Partido Arnulfista ha sufrido un grave cisma, con la pérdida de once de sus catorce legisladores, lo que lo ha debilitado. Además, se da la preeminencia en torno a su presidenta y candidata de un llamado "grupo de Chitré" encabezado por el tan cuestionado Augusto "Onassis" García, al que está vinculado el ideólogo actual del partido, César Pereira Burgos, ex-socialista, ex-liberal y teórico de la anti-globalización. Ello hace pensar que le queda muy poco del panameñismo, populista, social y nacionalista, que caracterizó al arnulfismo en sus inicios. Ha sido sustituido por un "mireyismo" desprovisto de posturas definidas. MOLIRENA a su vez se encuentra en las peores condiciones de falta de cohesión, debido a la deserción de un antiguo Secretario General y del legislador jefe de una de sus dos filiales y debido a la destitución de Guillermo Ford como presidente. Por contraste, el Partido Cambio Democrático, cuyo liderazgo es unipersonal y cuenta con mucho dinero, demuestra un apetito indiscrimado por candidatizar a figuras provenientes de otros partidos, a quienes atrae con ofertas de financiamiento electoral. Habiendo apoyado la reelección de Pérez Balladares, este partido encaja difícilmente en una alianza presuntamente opositora, la cual mantiene, sin embargo, con Pérez Balladares una connivencia casi pública. Su candidata ha demostrado tenacidad en su ambición presidencial, pero se duda de su idoneidad, tanto más que rehúye todo debate público.
La situación partidaria de la Alianza Acción Opositora es también compleja. El grupo originario, disidente del Partido Arnulfista, se ha postulado principalmente a través del Partido Demócrata Cristiano, donde inscribieron más de 25,000 nuevos miembros, unos 5,000 ex-arnulfistas y el resto independientes. Este hecho podría servir de base a la conformación de un partido popular de centro. Pero este proyecto no ha progresado más por reacciones de algunos aliados y reticencia de algunos seguidores del Ing. Vallarino. El Partido Demócrata Cristiano sufrió una pequeña y vociferante disidencia, mas ninguno de los integrantes de la misma es figura electoralmente significativa. Por lo contrario, el Partido Liberal, el primero en apoyar a Vallarino, perdió a su más conocido legislador, de la provincia de Los Santos, y a su más fuerte precandidato a legislador capitalino, por el circuito 8-7, quien se dejó tentar por los ofrecimientos de Cambio Democrático. Mayín Correa representa un aporte importante a nivel popular y entre independientes. Por eso Pérez Balladares ha intentado descalificarla como candidata a la Alcaldía. Los mejores cuadros intermedios del Partido Papa Egoró se han integrado a esta alianza y han sido postulados en gran parte por el Partido Demócrata Cristiano.
Los componentes de la Alianza Acción Opositora han experimentado una mayor o menor ruptura con formas del tradicionalismo político, lo que le da a la mayoría un agudo sentido de compromiso hacia el futuro. De hecho, el único candidato presidencial que demuestra un sentido programático personal es Alberto Vallarino, quien lo ha propiciado en su Alianza. Se admite que es el candidato más preparado, capaz y experimentado, pero se le achaca prejuiciadamente un insuficiente contacto con el pueblo.
La anterior descripción depende de un juicio personal. Estaría aún más sujeta a discusión si pretendiera prever cuáles de estos partidos sobrevivirán, aunque se asume que los tres "buques insginia" perdurarán. Lo que parece indiscutible, sin embargo, es que de la prueba a la que están sometidos los partidos en esta elección surgirá una de dos configuraciones del sistema político panameño. Si prevalecieran las alianzas del continuismo y del tradicionalismo y sus dos principales partidos recibieran juntos alrededor del 75% del voto, se consolidaría un bipartidismo que, sin ser exclusivo, sería predominante. Se generaría un estancamiento de la democracia panameña en torno a proyectos del pasado, muy desgastados, y un pragmatismo oportunista marcaría fundamentalmente la política panameña. Se frustrarían las tendencias innovadoras que se sienten en nuestra sociedad, lo cual podría conducir eventualmente a una rebelión política anti-partidista, tal que se ha experimentado en Perú y Venezuela, por ejemplo, aunque probablemente sería menos dramática.
Si por lo contrario, la alianza transformadora se hace valer como una opción de mucho impacto y mejor aún como ganadora, habríamos comenzado a superar el peligro de un bipartidismo empobrecedor y quedaría abierto un margen importante para proyectos renovadores de cara al futuro. Reaparecería así en la política panameña un horizonte crítico e ideal. Ello estimularía a continuar con la integración de un partido popular de centro en el cual el componente demócrata cristiano, el panameñista, el proveniente de Papa Egoró y el independiente lleguen a producir una nueva realidad partidaria de inspiración social cristiana, pero flexible, incluyente y amplia.
Estaríamos entonces en condiciones de iniciar un nuevo siglo en la vida de nuestro país con un nuevo sistema político y un nuevo panorama mucho más esperanzador.
Integran la Alianza Unión por Panamá -del tradicionalismo- con Mireya Moscoso como candidata presidencial: el Partido Arnulfista como " buque insignia", del cual es presidenta dicha candidata, junto con el Partido MOLIRENA, del cual es miembro Arturo Vallarino, postulado como candidato a la primera vicepresidencia, y el Partido MORENA, del cual es miembro recién inscrito Kayser Bazán, postulado como candidato a la segunda vicepresidencia. Se les ha añadido el Partido Cambio Democrático, sin representante en la nómina.
Integran la Alianza Acción Opositora -de la transformación- con Alberto Vallarino como candidato presidencial: el grupo de ex-arnulfistas que él encabeza, el Partido Demócrata Cristiano como "buque insignia", sin representante en la nómina, independientes simpatizantes de Mayín Correa, postulada como candidata a la primera vicepresidencia, y el Partido Liberal, del cual es presidente Joaquín Fernando Franco, postulado como candidato a la segunda vicepresidencia. También los Partidos Renovación Civilista y Nacionalista Popular, así como grupos de ex-miembros del Partido Papa Egoró y de seguidores del dirigente ex-PRD Alfredo Oranges, estos cuatro sin representante en la nómina.
La situación partidaria de las diversas alianzas es compleja. El PRD es el partido más grande y de los más cohesionados, pero ha sufrido el cisma de quien llegó segundo en sus primarias presidenciales y fuertes discrepancias internas. Tiene tensiones con sus aliados acerca de las candidaturas uninominales a legislador. Bajo el Presidente Pérez Balladares, su actual Secretario General, ha desechado su "torrijismo" original, populista y estatizante, adoptó un neoliberalismo carente de política social y demostró su disposición a negociar la continuación de bases militares con los EE.UU. Sus dos principales aliados representan partidos de liderazgo unipersonal por parte de figuras tradicionales del país, asociadas con grandes capitales nacionales. Su tercer aliado, el Partido Papa Egoró, se encuentra en un estado muy avanzado de descomposición y probablemente no cuente con el apoyo militante de su caudillo. El candidato de esta alianza no suscita ni grandes simpatías ni grandes antipatías, pero se duda muy seriamente de su experiencia y se presume por ello que es y será manipulado por la cúpula de su partido.
Por su parte, el Partido Arnulfista ha sufrido un grave cisma, con la pérdida de once de sus catorce legisladores, lo que lo ha debilitado. Además, se da la preeminencia en torno a su presidenta y candidata de un llamado "grupo de Chitré" encabezado por el tan cuestionado Augusto "Onassis" García, al que está vinculado el ideólogo actual del partido, César Pereira Burgos, ex-socialista, ex-liberal y teórico de la anti-globalización. Ello hace pensar que le queda muy poco del panameñismo, populista, social y nacionalista, que caracterizó al arnulfismo en sus inicios. Ha sido sustituido por un "mireyismo" desprovisto de posturas definidas. MOLIRENA a su vez se encuentra en las peores condiciones de falta de cohesión, debido a la deserción de un antiguo Secretario General y del legislador jefe de una de sus dos filiales y debido a la destitución de Guillermo Ford como presidente. Por contraste, el Partido Cambio Democrático, cuyo liderazgo es unipersonal y cuenta con mucho dinero, demuestra un apetito indiscrimado por candidatizar a figuras provenientes de otros partidos, a quienes atrae con ofertas de financiamiento electoral. Habiendo apoyado la reelección de Pérez Balladares, este partido encaja difícilmente en una alianza presuntamente opositora, la cual mantiene, sin embargo, con Pérez Balladares una connivencia casi pública. Su candidata ha demostrado tenacidad en su ambición presidencial, pero se duda de su idoneidad, tanto más que rehúye todo debate público.
La situación partidaria de la Alianza Acción Opositora es también compleja. El grupo originario, disidente del Partido Arnulfista, se ha postulado principalmente a través del Partido Demócrata Cristiano, donde inscribieron más de 25,000 nuevos miembros, unos 5,000 ex-arnulfistas y el resto independientes. Este hecho podría servir de base a la conformación de un partido popular de centro. Pero este proyecto no ha progresado más por reacciones de algunos aliados y reticencia de algunos seguidores del Ing. Vallarino. El Partido Demócrata Cristiano sufrió una pequeña y vociferante disidencia, mas ninguno de los integrantes de la misma es figura electoralmente significativa. Por lo contrario, el Partido Liberal, el primero en apoyar a Vallarino, perdió a su más conocido legislador, de la provincia de Los Santos, y a su más fuerte precandidato a legislador capitalino, por el circuito 8-7, quien se dejó tentar por los ofrecimientos de Cambio Democrático. Mayín Correa representa un aporte importante a nivel popular y entre independientes. Por eso Pérez Balladares ha intentado descalificarla como candidata a la Alcaldía. Los mejores cuadros intermedios del Partido Papa Egoró se han integrado a esta alianza y han sido postulados en gran parte por el Partido Demócrata Cristiano.
Los componentes de la Alianza Acción Opositora han experimentado una mayor o menor ruptura con formas del tradicionalismo político, lo que le da a la mayoría un agudo sentido de compromiso hacia el futuro. De hecho, el único candidato presidencial que demuestra un sentido programático personal es Alberto Vallarino, quien lo ha propiciado en su Alianza. Se admite que es el candidato más preparado, capaz y experimentado, pero se le achaca prejuiciadamente un insuficiente contacto con el pueblo.
La anterior descripción depende de un juicio personal. Estaría aún más sujeta a discusión si pretendiera prever cuáles de estos partidos sobrevivirán, aunque se asume que los tres "buques insginia" perdurarán. Lo que parece indiscutible, sin embargo, es que de la prueba a la que están sometidos los partidos en esta elección surgirá una de dos configuraciones del sistema político panameño. Si prevalecieran las alianzas del continuismo y del tradicionalismo y sus dos principales partidos recibieran juntos alrededor del 75% del voto, se consolidaría un bipartidismo que, sin ser exclusivo, sería predominante. Se generaría un estancamiento de la democracia panameña en torno a proyectos del pasado, muy desgastados, y un pragmatismo oportunista marcaría fundamentalmente la política panameña. Se frustrarían las tendencias innovadoras que se sienten en nuestra sociedad, lo cual podría conducir eventualmente a una rebelión política anti-partidista, tal que se ha experimentado en Perú y Venezuela, por ejemplo, aunque probablemente sería menos dramática.
Si por lo contrario, la alianza transformadora se hace valer como una opción de mucho impacto y mejor aún como ganadora, habríamos comenzado a superar el peligro de un bipartidismo empobrecedor y quedaría abierto un margen importante para proyectos renovadores de cara al futuro. Reaparecería así en la política panameña un horizonte crítico e ideal. Ello estimularía a continuar con la integración de un partido popular de centro en el cual el componente demócrata cristiano, el panameñista, el proveniente de Papa Egoró y el independiente lleguen a producir una nueva realidad partidaria de inspiración social cristiana, pero flexible, incluyente y amplia.
Estaríamos entonces en condiciones de iniciar un nuevo siglo en la vida de nuestro país con un nuevo sistema político y un nuevo panorama mucho más esperanzador.