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Los pecados modernos


El Vaticano ha decidido ampliar la lista de pecados. En una sociedad global, los males del alma ignoran fronteras. La iniciativa podrá ser motivo de reflexión en esta Semana Santa para muchos católicos alrededor del mundo. A los siete pecados ya clásicos, se agregan los nuevos enemigos del clero católico: la contaminación del medio ambiente, la drogadicción, acumulación de excesiva riqueza y los trabajos para investigar con células madre.

Para la sociedad moderna en que vivimos, tal vez llegan un poco tarde esas prohibiciones que pretenden corregir errores irreparables, que ni la justicia ha podido frenar. La nueva lista ha sido bien recibida por quienes buscamos vivir en un mundo equilibrado, en paz, sin vicios y con la esperanza de que las próximas generaciones puedan disfrutar de nuestra naturaleza. Sin embargo, la tarea tendrá una ardua labor, especialmente en el campo de la drogadicción. El negocio de miles de millones no ha podido achicarse ni con la mayor artillería humana o intelectual en las naciones productoras o consumidoras.

El crimen organizado, que tampoco conoce fronteras, cuenta con un instrumento mágico para hacerse de territorios e instituciones: dinero. Estos papeles, que hacen felices a millones de personas, hace tiempo se instalaron en su conciencia, revertir la pirámide de valores requerirá de una gran creatividad por parte de la iglesia.

La manipulación genética en la lista de pecados, llamó la atención de científicos. Según el clero, el éxito de estos experimentos es difícil de vislumbrar y tener bajo control, violan los derechos de las personas. Un punto escabroso en el ámbito científico donde muchos intereses económicos respaldan la investigación en nuevas fórmulas de anticonceptivos, terapia génica, o investigación en células madre.

La Iglesia podría agregar todos los que se han dejado por fuera. Pero, el poder de cambiar la sociedad y sus vicios está en cada uno de nosotros.

En nuestra comunidad, por ejemplo, podríamos empezar a velar por el interés común antes que el particular, a impartir justicia, evitar el egoísmo, la envidia, y en vez acrecentar la empatía, la fe y el amor propio.

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