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Los peligros de la seguridad nacional


EN PANAMA se encuentra el proceso de construir democráticamente un Estado de Derecho luego de una historia reciente marcada por el final del periodo de control militar del Estado (Militarismo), la invasión norteamericana, el proceso de reapropiación nacional de sus recursos nacionales y áreas canaleras, y la finalización de la presencia castrense del Comando Sur y bases en Panamá (Militarización). Se avanza en el plano del fortalecimiento de la ley y de las instituciones democráticas pero con debilidades manifiestas en el desempeño del Estado de derecho, por la falta de consolidación democrática, la corrupción, y un modelo de desarrollo desigual, excluyente e incluso depredador del ambiente.
Entendemos el militarismo como la intromisión de la institución o grupo militar que implica la anulación o mediatización del Estado de Derecho. En cambio la militarización puede entenderse como la injerencia o tutela que una fuerza militar de otro(s) país(es) ejerce(n) en la vida política de un Estado, como expresión de una situación colonial, semicolonial o de enclave. En Panamá la militarización (Presencia de los EE.UU.) y el militarismo (Fuerzas armadas nacional) aparece como imbricadas y relacionadas entre sí, pero hasta el punto en que el polo más débil (Militarismo) fue aniquilado en el momento del conflicto (Invasión norteamericana 1989), y luego borrado constitucionalmente como producto de un sentir nacional para hacer de Panamá un país sin ejército.
La militarización desapareció del país el 31 de diciembre de 1999 con la reversión final de todos los bienes canaleros a Panamá producto de los tratados canaleros.
Las preguntas de fondo sobre el militarismo, se dan en torno a la amenaza a los procesos democráticos, la ingerencia de los militares en la vida social, y sobre la vigencia de los derechos humanos.
Las preguntas de fondo sobre el militarismo, giran en torno a la inconveniencia para Panamá de continuar el uso militar sobre bienes revertidos muy valiosos; la inconveniencia de tener ejércitos foráneos cuando se ha eliminado el propio; la situación de peligrosidad que significaría el continuar siendo objetivo de ataque o represalia de terceros por albergar instalaciones bélicas; las amenazas ambientales que involucra la continuidad militar (poligonos y armas químicas, por ejemplo); la puesta en duda de la capacidad nacional de autodeterminación como país. Ambas expresiones -militarismo y militarización-se han sostenido sobre las llamadas doctrinas de seguridad nacional, que ponen el énfasis en el uso de la fuerza y utilizan la contrainsurgencia como argumento principal, atentando las autoridades contra su propio pueblo, los derechos humanos o contra el derecho a la autodeterminación nacional.
El 11-S reubica el concepto de seguridad en EE.UU. y en el mundo en el marco de la guerra total contra el terrorismo, y el "con nosotros o contra nosotros" que proclamó George W. Bush. Los hechos provocaron una profunda reconsideración en la política interior y exterior de los Estados Unidos centradas en el contraterrorismo, catalogado por en ese momento por H. Vedrine, Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, como "un planteamiento simplista que reduce todos los problemas del mundo a la lucha contra el terrorismo".
En un primer momento, luego del 11-S, América Latina dejó de ser prioridad en la política exterior norteamericana, al trasladarse el eje a Afganistán e Irak, pues luego paulatinamente la región recobra valor, pues en la visión de una prolongada guerra contraterrorista,
EE.UU. requiere consolidar alianzas estables y seguras para reforzar su liderazgo mundial.
"El carácter global de la marea terror-contraterror incide en forma indirecta y con efectos retardados que conviene no minimizar: el empeoramiento de la situación económica augura la agudización de las crisis sociales que amenazan la estabilidad política en las nuevas democracias latinoamericanas más vulnerables..." (Medina, 2002)
La reelección de Bush, y la reciente gira en la región de su Secretario de Defensa, no hacen más que augurar el recrudecimiento de estas políticas.
El peligro de está en el renacer de la doctrina de seguridad nacional, a través del auge de la militarización y el militarismo en los países latinoamericanos. América Latina es el continente con mayor desigualdad en el mundo, y a pesar de la existencia de una democracia electoral, la población cada vez más acepta la posibilidad del autoritarismo si éste resuelve sus problemas socioeconómicos.
Seguridad humana "es una categoría de carácter integrativo que se aparta de un concepto de seguridad defensivo limitado al territorio o al poder militar. En ese sentido, la seguridad humana se basa en la noción de la seguridad de la gente, bajo el acuerdo de que el desarrollo debe involucrar a todas las personas (lo que le otorga un valor democrático)... los criterios que deben garantizar la seguridad humana de las sociedades, se encuentran vinculados estrechamente a la percepción de inseguridad y a la satisfacción de necesidades básicas. Supone dos tipos de libertad: a) una población libre de temor y b) una población libre de carencias" (M. Villanueva, 2000).
Debemos oponernos a estas amenazas, y en cambio afirmar el concepto de seguridad humana y seguridad democrática como aspecto fundamental de una propuesta de sociedad y de país centrada en la democracia, el desarrollo, la paz y los derechos humanos.

101 años de Panamá América

 
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