Los peligros del tráfico deshonesto
Todos los panameños debemos sentirnos complacidos por el hecho que después de casi un siglo de ocupación de una parte de nuestra tierra, ésta revertirá en el transcurso del presente año a nosotros.
Ese inmenso capital que representan las instalaciones del Canal hay que manejarlo pulcramente; ojalá que lo que menciona la presidenta electa sea una realidad. Que no se inmiscuya la política en el manejo de tamaña riqueza y que los que se encarguen de ello, sean personas de reconocida moral y conocimientos, con el fin que su producto sirva para mejorar las condiciones de la ciudadanía panameña, en virtud de que se puedan crear industrias y comercios productivos, que coadyuven a nivelar el Presupuesto General del Estado y que eleve el producto interno bruto de la Nación.
Es necesario planificar con la debida anticipación para que no suceda lo que ocurrió en 1989, cuando no se estaba preparado para asumir las riendas de la Nación y la cantidad de improvisaciones marcaron un descontrol gubernamental, que se necesitó largo tiempo para poder superarlo.
Nuestro país tiene una capacidad de recuperación como pocos en América y no hubo que esperar mucho tiempo para que la economía se normalizara, después de haber llegado a menos de cero por ciento, su tasa de crecimiento en los últimos años de la dictadura.
No hay que olvidar todas las peripecias por las cuales pasó el ciudadano nuestro, donde el gobierno pagaba con bonos y los bancos estaban cerrados. Nuestro centro bancario, uno de los más grandes de América, hay que preservarlo. El lavado de dinero que está a la orden del día merece una atención primordial. En nuestro medio han surgido capitales de la noche a la mañana, que son objeto de comentarios desfavorables de la ciudadanía, que trata de involucrarlos con dinero sucio.
Con las guerrillas en nuestra frontera con Colombia, la situación parece agravarse. A pesar que monseñor Rómulo Emiliani viene denunciando la presencia de tropas en Darién, pareciera que al gobierno poco le importa y si están actuando lo mantienen con mucha reserva.
¿Está el país preparado para hacer frente a las contingencias que puedan surgir en la mencionada frontera?
No tenemos ejército, no lo queremos. Suficiente experiencia que se vivió a partir de la década de los cuarenta y peor cuando se legalizó la Guardia Nacional, de triste recordación, por la cantidad de atropellos a la ciudadanía, que se cometieron impunemente. Es cierto que por muchos años fueron el brazo armado de algunos partidos políticos y de civiles poderosos, para luego tomarse el poder a partir de 1968 y lo que sobrevino no se debe permitir que se repita.
Mi preocupación es que al retirarse el ejército norteamericano de nuestro país surjan guerrillas urbanas o de montaña, conformadas por militares descontentos que fueron defenestrados en 1989, que pueden tener conexiones con las de otros partidos, con su secuela de secuestros y asesinatos que son complemento de ellas. Si esto sucediera, no sería de extrañar que los EE.UU: nos apliquen las Reservas De Concini y nuestro pueblo tenga que aceptar la presencia de su ejército nuevamente.
Es importante recordar que después de la firma de los Tratados Torrijos Carter, nuestro firmante dijo: "Quedamos bajo el paraguas del Pentágono". El gobierno de turno debe manejar este problema con mucha sabiduría.
Consideremos además que la mafia del narcotráfico es tan poderosa que actúa al margen de la ley y directa o indirectamente, en muchos casos, son cómplices de gobernantes de distintas naciones. Hay que recordar las donaciones para las campañas políticas en muchos países del orbe.
Debemos defender nuestra soberanía y no permitir que se nos menoscabe. Sin embargo, con el escándalo de las visas a asiáticos, si es que se comprueba que hay negociado, no podemos aceptar que se invoque esta norma para ocultar malos manejos. Hoy más que nunca debemos ser serios en nuestras actuaciones, porque el mundo está pendiente de nosotros.
Ese inmenso capital que representan las instalaciones del Canal hay que manejarlo pulcramente; ojalá que lo que menciona la presidenta electa sea una realidad. Que no se inmiscuya la política en el manejo de tamaña riqueza y que los que se encarguen de ello, sean personas de reconocida moral y conocimientos, con el fin que su producto sirva para mejorar las condiciones de la ciudadanía panameña, en virtud de que se puedan crear industrias y comercios productivos, que coadyuven a nivelar el Presupuesto General del Estado y que eleve el producto interno bruto de la Nación.
Es necesario planificar con la debida anticipación para que no suceda lo que ocurrió en 1989, cuando no se estaba preparado para asumir las riendas de la Nación y la cantidad de improvisaciones marcaron un descontrol gubernamental, que se necesitó largo tiempo para poder superarlo.
Nuestro país tiene una capacidad de recuperación como pocos en América y no hubo que esperar mucho tiempo para que la economía se normalizara, después de haber llegado a menos de cero por ciento, su tasa de crecimiento en los últimos años de la dictadura.
No hay que olvidar todas las peripecias por las cuales pasó el ciudadano nuestro, donde el gobierno pagaba con bonos y los bancos estaban cerrados. Nuestro centro bancario, uno de los más grandes de América, hay que preservarlo. El lavado de dinero que está a la orden del día merece una atención primordial. En nuestro medio han surgido capitales de la noche a la mañana, que son objeto de comentarios desfavorables de la ciudadanía, que trata de involucrarlos con dinero sucio.
Con las guerrillas en nuestra frontera con Colombia, la situación parece agravarse. A pesar que monseñor Rómulo Emiliani viene denunciando la presencia de tropas en Darién, pareciera que al gobierno poco le importa y si están actuando lo mantienen con mucha reserva.
¿Está el país preparado para hacer frente a las contingencias que puedan surgir en la mencionada frontera?
No tenemos ejército, no lo queremos. Suficiente experiencia que se vivió a partir de la década de los cuarenta y peor cuando se legalizó la Guardia Nacional, de triste recordación, por la cantidad de atropellos a la ciudadanía, que se cometieron impunemente. Es cierto que por muchos años fueron el brazo armado de algunos partidos políticos y de civiles poderosos, para luego tomarse el poder a partir de 1968 y lo que sobrevino no se debe permitir que se repita.
Mi preocupación es que al retirarse el ejército norteamericano de nuestro país surjan guerrillas urbanas o de montaña, conformadas por militares descontentos que fueron defenestrados en 1989, que pueden tener conexiones con las de otros partidos, con su secuela de secuestros y asesinatos que son complemento de ellas. Si esto sucediera, no sería de extrañar que los EE.UU: nos apliquen las Reservas De Concini y nuestro pueblo tenga que aceptar la presencia de su ejército nuevamente.
Es importante recordar que después de la firma de los Tratados Torrijos Carter, nuestro firmante dijo: "Quedamos bajo el paraguas del Pentágono". El gobierno de turno debe manejar este problema con mucha sabiduría.
Consideremos además que la mafia del narcotráfico es tan poderosa que actúa al margen de la ley y directa o indirectamente, en muchos casos, son cómplices de gobernantes de distintas naciones. Hay que recordar las donaciones para las campañas políticas en muchos países del orbe.
Debemos defender nuestra soberanía y no permitir que se nos menoscabe. Sin embargo, con el escándalo de las visas a asiáticos, si es que se comprueba que hay negociado, no podemos aceptar que se invoque esta norma para ocultar malos manejos. Hoy más que nunca debemos ser serios en nuestras actuaciones, porque el mundo está pendiente de nosotros.