Los perjuicios de los tranques
En los tiempos en que se enseñaba de veras en las escuelas, en la de mi pueblo aprendí: "La libertad de uno termina donde empieza la de los demás". Eran frases básicas que aprendíamos para el resto de la vida y sabíamos su verdadero significado. Esa libertad ahora la llaman derechos humanos y, si antes se cometieron tantas injusticias en nombre de la libertad, ahora se cometen aduciendo los derechos humanos.
No señores, quien aspira a que se le respeten sus derechos, tiene que aprender a respetar los ajenos. He escrito sobre esto en otras ocasiones porque los llamados tranques de las calles no son más que medidas anacrónicas para llamar la atención de las autoridades. Por el más mínimo pretexto se cierra una calle o una carretera que es peor.
Pero, el asunto es que hasta para no cumplir las leyes, se trancan calles. Algo indignante, casi criminal es la circunstancia de buscar apoyo en los estudiantes institutores para que abandonen sus clases, cometan indisciplina y pasen cuatro horas de su día de clases tirando piedras y mortificando a los demás. Primero, no tienen derecho a hacerlo ya que perjudican a personas que nada tienen que ver con la "protesta" que casi siempre es injustificada; luego viene el hecho de que van contra la disciplina del plantel y de las autoridades; también van contra los derechos de sus compañeros que sí desean estudiar y que pagan injustamente las medidas que tome el Ministerio de Educación al cerrar la escuela. Por otro lado, no pueden protestar porque los repriman aduciendo los derechos de ellos sin pensar en los de los demás.
Sería interesante investigar las notas de esos estudiantes; dónde están los padres de esos muchachos; cuál es la verdadera razón para hacerlo. Yo también fui institutora y salimos a la calle el 12 de diciembre de 1947 acompañados de los profesores porque había una razón patriótica. Si preguntamos a los estudiantes de ahora por qué están en la calle, no sabrían responder. Es una lástima que descarguen sus energías en actos negativos, cuando hay tanto positivo por hacer.
Por otro lado, ¿qué sucede con los adultos que cierran calles? Siempre tienen una razón, según ellos y la más patente es que las autoridades no les resuelven sus problemas a pesar del diálogo. Las autoridades están allí para trabajar por los ciudadanos, para resolver sus problemas dentro de las posibilidades del gobierno. Si esto que digo es cierto, entonces actúen con responsabilidad para evitar que la gente tenga el pretexto de actuar en contra de los derechos ajenos.
Lo peor es que si las autoridades actúan con mano fuerte para abrir los tranques y beneficiar a las mayorías, los medios de comunicación y los cabezas calientes arguyen la violación de los derechos humanos de un grupo minúsculo. ¿De qué derechos humanos hablan si ellos no respetan nada ni piensan en nada?
Señores, una sociedad anárquica es peligrosa porque lleva al país al caos. Una sociedad que actúa por impulsos, sin pensar en los perjuicios, que son mayores que los beneficios, es una sociedad que no puede auto gobernarse y necesita cumplir las reglas que tienen que imponer las autoridades correspondientes. Ya la gente seria, la gente que desea trabajar y echar adelante el país, está perdiendo la paciencia y está pidiendo orden de parte de quienes gobiernan y juicio de parte de adultos y adolescentes.
Las protestas deben tener su razón de ser y de peso; de lo contrario pierden fuerza y apoyo de la ciudadanía consciente. Hagamos de este país un país serio, responsable, con ciudadanos que antepongan los intereses generales a la politiquería personal o de personajes perjudiciales para Panamá. Pensemos un poco en lo que representa la anarquía para el desarrollo económico y social que detiene las inversiones y aumenta el desempleo. Seamos conscientes de esto y pensemos en lo que vamos a hacer y en cómo lo hacemos.
No señores, quien aspira a que se le respeten sus derechos, tiene que aprender a respetar los ajenos. He escrito sobre esto en otras ocasiones porque los llamados tranques de las calles no son más que medidas anacrónicas para llamar la atención de las autoridades. Por el más mínimo pretexto se cierra una calle o una carretera que es peor.
Pero, el asunto es que hasta para no cumplir las leyes, se trancan calles. Algo indignante, casi criminal es la circunstancia de buscar apoyo en los estudiantes institutores para que abandonen sus clases, cometan indisciplina y pasen cuatro horas de su día de clases tirando piedras y mortificando a los demás. Primero, no tienen derecho a hacerlo ya que perjudican a personas que nada tienen que ver con la "protesta" que casi siempre es injustificada; luego viene el hecho de que van contra la disciplina del plantel y de las autoridades; también van contra los derechos de sus compañeros que sí desean estudiar y que pagan injustamente las medidas que tome el Ministerio de Educación al cerrar la escuela. Por otro lado, no pueden protestar porque los repriman aduciendo los derechos de ellos sin pensar en los de los demás.
Sería interesante investigar las notas de esos estudiantes; dónde están los padres de esos muchachos; cuál es la verdadera razón para hacerlo. Yo también fui institutora y salimos a la calle el 12 de diciembre de 1947 acompañados de los profesores porque había una razón patriótica. Si preguntamos a los estudiantes de ahora por qué están en la calle, no sabrían responder. Es una lástima que descarguen sus energías en actos negativos, cuando hay tanto positivo por hacer.
Por otro lado, ¿qué sucede con los adultos que cierran calles? Siempre tienen una razón, según ellos y la más patente es que las autoridades no les resuelven sus problemas a pesar del diálogo. Las autoridades están allí para trabajar por los ciudadanos, para resolver sus problemas dentro de las posibilidades del gobierno. Si esto que digo es cierto, entonces actúen con responsabilidad para evitar que la gente tenga el pretexto de actuar en contra de los derechos ajenos.
Lo peor es que si las autoridades actúan con mano fuerte para abrir los tranques y beneficiar a las mayorías, los medios de comunicación y los cabezas calientes arguyen la violación de los derechos humanos de un grupo minúsculo. ¿De qué derechos humanos hablan si ellos no respetan nada ni piensan en nada?
Señores, una sociedad anárquica es peligrosa porque lleva al país al caos. Una sociedad que actúa por impulsos, sin pensar en los perjuicios, que son mayores que los beneficios, es una sociedad que no puede auto gobernarse y necesita cumplir las reglas que tienen que imponer las autoridades correspondientes. Ya la gente seria, la gente que desea trabajar y echar adelante el país, está perdiendo la paciencia y está pidiendo orden de parte de quienes gobiernan y juicio de parte de adultos y adolescentes.
Las protestas deben tener su razón de ser y de peso; de lo contrario pierden fuerza y apoyo de la ciudadanía consciente. Hagamos de este país un país serio, responsable, con ciudadanos que antepongan los intereses generales a la politiquería personal o de personajes perjudiciales para Panamá. Pensemos un poco en lo que representa la anarquía para el desarrollo económico y social que detiene las inversiones y aumenta el desempleo. Seamos conscientes de esto y pensemos en lo que vamos a hacer y en cómo lo hacemos.