default

Los pobres seremos más pobres


Los manifestantes y políticos que arruinaron el desarrollo de la III Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio al inicio del mes pasado en Seattle, le hicieron un daño terrible a los pobres del mundo. Su falta de visión y sus intereses egoístas sabotearon una cumbre importante que ha podido abrir en forma substancial el comercio internacional y contribuir a la implantación de reformas económicas en muchos países en desarrollo.
Cuando vimos en televisión las deliberaciones de los que protestaban contra el libre comercio, y luego su desesperación reflejada en disturbios y vandalismo en las calles de Seattle, me saltó a la mente que muchos de ellos no comprenden los beneficios de la apertura comercial, la razón de la existencia de la OMC y mucho menos de la prosperidad que se puede lograr en un mundo globalizado. En este sentido, por mi experiencia trabajando muchos años para una empresa "globalizada", entiendo perfectamente que la ausencia de intercambio comercial, inversión extranjera y libertad económica va a mantener a los países subdesarrollados en una pobreza perpetua. Y lo triste es que la mayoría de estos manifestantes que se lanzaron a protestar en Seattle no tenían la mínima comprensión de esta realidad.
La gama de opositores al libre comercio que se alinearon en la cumbre de la OMC era realmente sorprendente. Incluía un espectro de políticos partidistas, organizaciones laborales, militantes ambientalistas, activistas de los derechos de los animales, defensores de los consumidores, fanáticos de legislaciones anti-migratorias y diversos manifestantes profesionales. Todas las ideas de estos grupos hubieran al menos podido haber sido escuchadas si no hubieran sido tan sesgados de no darse cuenta que en el mundo se han realizado cambios radicales en torno al libre comercio, los cuales han traído bienestar para muchos países. En la década de los 80, por ejemplo, las Filipinas era un país pobre rodeado de la prosperidad de los tigres asiáticos. Al liberar su economía, implantar políticas de reformas y fortalecer los mecanismos para aumentar la competitividad nacional, los filipinos dieron vuelta a una tendencia tercermundista y hoy día disfrutan de una economía basada en la exportación de productos altamente tecnológicos, fundamentada en el fortalecimiento de la competencia, la educación de la fuerza laboral y la garantía de la libertad económica. Empresas multinacionales como Procter & Gamble, Texas Instrument, Federal Express, Intel y Motorola han hecho de las Filipinas su centro regional para el continente asiático. Y por qué no hablar de Chile, que a través de un programa de apertura agresiva orientado a la explotación de sus ventajas comparativas, redujo su tasa de desempleo de 21% a 6%, controló su tasa inflacionaria de 33% a 8% y mejoró la productividad laboral durante la década desde que se inició su plan de modernización y reformas profundas.
Lo irónico de lo ocurrido en Seattle es que los manifestantes no sabían lo que querían, y de hecho tenemos ejemplos ridículos sobre la falta de conocimiento e hipocresía de estos desorientados. Uno es de un joven que saqueó un almacén de zapatillas Nike, pero él mismo estaba usando un par de "Air Jordan". Hubo otro que mientras rompía los vidrios de una "boutique" hablaba por su teléfono celular. ¿Pudieran estos retrógrados entender sobre las condiciones en que viven los pobres en países que han estado por más de medio siglo bajo la presión de restricciones económicas y barreras al comercio, y que aún no saben disfrutar de la telefonía celular porque ni siquiera tienen acceso a los servicios públicos básicos? Muchos de los manifestantes que usaron máscaras contra gases las tenían puestas antes de que los policías dispararan gas lacrimógeno, dando la impresión de lo que querían era desatar el desorden. Y muchos gritaban sus consignas simplemente para aumentar el nivel de histeria y nerviosismo, pero casi nadie estuvo dispuesto a discutir o analizar los temas que vociferaban.
Los pocos que se enfrascaron en el diálogo revelaron su desconocimiento acerca del libre comercio y la OMC. Hablaron de la necesidad de "democratizar" la OMC, pero no reconocieron la legitimidad de algunos gobiernos como miembros de la OMC. Algunos hablaron del deseo de hacer a la OMC más transparente y abierta a temas relacionados con las protestas, pero muchos de los manifestantes se rehusaron a registrarse en organizaciones no gubernamentales o activistas o inclusive como periodistas, lo cual les hubiera permitido participar en los debates. Muchos estaban enojados de que la OMC intentó socavar la soberanía nacional de algunos países; ellos sencillamente no compartían el hecho de que el organismo de resolución de disputa de la OMC hubiera fallado en contra de los esfuerzos de los Estados Unidos de obligar a los países pescadores de crustáceos a usar redes especiales para no extinguir la tortuga marina. Estos manifestantes no tenían ningún interés en la soberanía de naciones, excepto en la de EEUU.
Lo sucedido en Seattle nos debe abrir los ojos sobre una realidad. Si los ejemplos de los países que han prosperado con el libre comercio no son traídos al tapete y no sirven de guía en la lucha para combatir el subdesarrollo, entonces con plena seguridad considero que la OMC ha fracasado y entonces si vamos en el camino equivocado. En este sentido, me sorprende el nivel de "preocupación" que existía entre la muchedumbre poco conocedora de la problemática sobre la seguridad alimentaria en los países en desarrollo. La verdad es que estos manifestantes aún no se han percatado que los productores en los países pobres tienen la doble carga de enfrentarse a regulaciones locales y a luchar por la falta de acceso a los mercados internacionales. ¡Y ni hablemos de los subsidios en los países industrializados! Inclusive hay una gran cantidad de países donde se obliga a los agricultores a vender sus productos por debajo del precio del mercado a través de mecanismos de control de precios, lo que genera poco incentivo en producir más o invertir en mejores técnicas de agricultura.
El amago de utilizar la biotecnología como mecanismo de promoción de cultivos de alimentos genéticamente modificados fue tal vez el mejor indicador de una verdadera agenda de muchos de los activistas que rondaron las calles de Seattle, como deseo de imponer su propia visión de lo que debe ser el mundo civilizado de la raza humana. Según ellos, y es como debe ser, el consumidor debe tener la potestad de poder escoger qué alimentos consumir.
En su deseo por adoptar posturas de liderazgo sin ningún mandato ni responsabilidad, los manifestantes con consignas en contra del libre comercio ignoran los fundamentos que evidencian las conclusiones económicas: el libre comercio mejora la calidad de vida de los pobres, fortalece la competencia en el mercado, promueve a que los productores mejoren la calidad de sus productos y bajen los precios para mantener sus ventajas competitivas, mejora la productividad y ayuda a los trabajadores a adquirir mejores salarios. La mejor calidad y abundancia de los productos, a su vez, ayuda a los consumidores al ofrecerles un mayor abanico de opciones a precios competitivos. Y esta prosperidad ayuda también al medio ambiente.
Debido al esfuerzo de cabildeo de estos ambientalistas, fanáticos consumidores, trabajadores y otros grupos que dicen importarle el desarrollo de los países pobres, han contribuido en gran medida al fracaso de las negociaciones en el marco de la reunión de Seattle. Como resultado, las economías de los países subdesarrollados crecerán menos rápido, y más niños a lo largo y ancho del mundo en vías de desarrollo permanecerán empobrecidos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América