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Los políticos y las masas


En repetidas ocasiones he escrito sobre el gran problema político que tenemos en Iberoamérica. Quienes en una u otra forma pertenecemos al mundo político, tenemos la responsabilidad de sostener la democracia, de manejar bien el poder y de llevar los países por caminos correctos.
Pero, con la falta de organización, de honestidad y de seriedad, los partidos de nuestro continente están llevando la democracia hacia un futuro incierto. La incapacidad de los partidos tradicionales de Venezuela, llevó a Chávez, un golpista desconocido, a la Presidencia del país.
Menen en Argentina no se conformó con gobernar dos períodos sino que quería un tercero, que fue bloqueado por sus propios copartidarios. Ahora, De la Rua tiene serios problemas tempranamente y una pequeña crisis lo rodea, aunque quiera disimularlo. No piensen que el Presidente chileno duerme en lecho de rosas; también afronta problemas que parecieran de incapacidad. Amén de otros países en que la corrupción los ha hecho finalizar extemporáneamente el poder.
¿Qué buscamos los políticos? Tal vez esperamos que las masas ocupen nuestro puesto cuando no están preparadas para ocupar el poder. Las masas han demostrado que ya no es sólo con su voto que dominan las situaciones políticas. Las masas en nuestros países están demostrando que pueden enfrentarse a los gobiernos y que, si éstos no tienen al frente un político avezado que sepa manejar la situación, perderemos la oportunidad de continuar manejando el poder.
Muchas veces esas masas no tienen representatividad en los poderes constituidos, pero son capaces de variar el rumbo de los países. En Bolivia y Ecuador las masas indígenas se han sublevado y por su presión, hasta han cambiado Presidentes. Sin embargo, no pueden aprovechar mejor su fuerza por falta de voceros, de una representación en las Asambleas Legislativas. Ya se hacen escuchar y, si nos descuidamos, tomarán el puesto de los políticos sin saber gobernar.
Ahora las figuras presidenciales de Colombia, Guatemala y otros países, están incapacitados por la ineficiencia en resolver los problemas populares. El deterioro de la imagen de muchos Presidentes es profundo. ¿Cómo pueden sostener la democracia si no pueden sostenerse ellos mismos?
Ojo con las masas que están tomando fuerza en nuestros países. Numéricamente son superiores a los políticos. Como seres pensantes, han fracasado ya que las multitudes están hechas para ser guiadas por un líder y allí está el peligro cuando no existe ese liderazgo o quienes las guían salen de esa misma agrupación y no de buenos estadistas formados en los grupos políticos. Como dice Gustav Le Bon en su libro "La Psicología de las Multitudes", necesitamos políticos que sepan controlar esas masas, que proporcionen la tranquilidad que evita el levantamiento, la reacción violenta y las revoluciones que dan al traste con las democracias.
¿Qué sucede con los políticos? No podemos decir que hemos fracasado, pero sí diremos que cursamos una crisis que amenaza con convertirse en caos y debilitamiento de la democracia. No debemos permitir que se inviertan los poderes y se desubique la tradición del poder político. Pero, si continuamos con la ineficiencia, la corrupción y el manejo equivocado de los estados, toda teoría e hipótesis sobre quién debe manejar el poder, se viene abajo.
Si queremos conservar la democracia como sistema de gobierno, el menos malo, tendremos que despertar los políticos; dar a los pueblos el bienestar que merecen y gobernar para las mayorías. En la medida que nos apartemos de estos postulados, perderemos el control y la imagen se deteriorará tanto que será imposible la reversión. Pensemos bien lo que vamos a hacer en bien de los países y la democracia.

101 años de Panamá América

 
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