Los presidenciables y sus propuestas
Estamos pasando por una crisis coyuntural ( espero, por Dios, que no sea estructural) en donde la credibilidad, a nivel general, está por el suelo; vivimos una terrible situación económica a la que no se le ve salida.
Nos estamos convirtiendo, a pasos agigantados y a sabiendas, en una nación amoral; un gran sector de la población está perdiendo la esperanza, lo cual es terriblemente preocupante cara al futuro; la decencia está comenzando a brillar por su ausencia.
Los candidatos prometen y hacen lo que sea con tal de conseguir votos.
Las propuestas electorales, hasta ahora orales, son ilusorias y de carácter general; ninguno aterriza, ni dice, ni establece cómo se van a realizar.
Predominará en el que gane la designación de posiciones por amiguismo y compromisos políticos. Se hará sobre la base de aportes monetarios, partidismo y “gente de confianza”.
Sigue el mismo cuento y lo mejor es intentar “acomodarse lo mejor que se pueda -a ver qué pasa- apoyando a uno, pero guardando buenas relaciones con los otros”.
A diferencia de lo que muchos plantean con fines politiqueros, se hace necesario que las propuestas electorales sean realistas y factibles de acuerdo a nuestra realidad y capacidad como nación, y que las mismas se divulguen en forma seria y formal, defendiéndolas en foros en donde participen sectores que representen a los electores. Existen en los partidos políticos personajes que no se han percatado que el panameño ha cambiado, que está más ilustrado y preocupado por su futuro, sobre todo, la juventud panameña.
La juventud panameña ya no cree en el discurso que salen a vender los políticos. La juventud panameña quiere ver resultados y no propuestas electorales que quedan en nada; quiere tener un futuro claro y con esperanza, no cantos de sirenas; quiere ser dueña de su futuro y de su destino y no sentirse manejada como masa ignorante y estúpida al escuchar los mismos discursos, bochinches, “peleítas” y arengas de siempre; quiere tener posibilidades reales de mejoramiento y progreso como personas y como nación y no la casi eterna situación que le ha tocado vivir hasta el momento.
Se percibe que ahora que se están ultimando las propuestas electorales de los diferentes candidatos, pululan por los pasillos los “iluminados” que llevan perennemente bajo el brazo las “soluciones a los problemas nacionales” y que, a trancas y a barrancas, se quieren meter de todas maneras en los esquemas del próximo gobierno, sea éste el que sea, sobre la base de “los méritos alcanzados” por las “soluciones presentadas”, muchas veces ilusorias, absurdas y nada factibles. Personajes éstos que, políticamente, tuvieron su oportunidad de pensar correctamente y hacer lo debido cuando desempeñaron altos cargos públicos y que cerraron sus “innings” , la mayoría de las veces, con cero carreras, cero hits y muchos errores.
Se percibe la necesidad de que las propuestas electorales tienen que ser: -Creíbles, realizadas por personas que conozcan los variados aspectos de la realidad nacional, proponiendo soluciones válidas a los problemas del país, no a la conveniencia de los partidos políticos. Nada de proponer soluciones esotéricas y traídas por los cabellos. -Coherentes con la realidad nacional y de acuerdo a la capacidad real de la nación panameña. - Realistas, basadas en posiciones serias y razonables, nada de planteamientos ni promesas vanas, absurdas y falsas. -Ejectuables, generando resultados a corto y mediano plazo, sentando las bases para resultados a largo plazo. -Facilitadoras, para fomentar el mejoramiento intelectual y la calidad de vida de la juventud y de la nación en general. -Esperanzadoras, generando la confianza de que existe igualdad de oportunidad para todos, sobre la base de su capacidades y méritos. -Respetuosas con los derechos y deberes de los integrantes de la nación panameña en general, generando la debida confianza en el sistema de gobierno democrático en que queremos vivir.
Se percibe en los electores que la “clase política” está agotada y obsoleta. Las noticias que aparecen en los diarios más que mover a pensar, llenan de estupor al ciudadano medio quien se siente indefenso ante las situaciones que se descubren y sus actores, muchos de los cuales están involucrados en el tema político. La nación está pidiendo, a gritos, un adecentamiento del país.
Se percibe la imperante necesidad de un cambio real; de generación de resultados satisfactorios para la nación panameña; de seriedad y coherencia en el manejo de la cosa pública; de tomar el rumbo del progreso, del mejoramiento y de la consulta permanente, y de una efectiva participación ciudadana a la hora de tomar decisiones gubernamentales.
Se percibe que a lo largo y ancho de nuestro territorio existe una miríada de personas debidamente preparadas que han optado por no “meterse en política” a causa de las situaciones que se viven continuamente en la misma y a decir verdad, no se les puede recriminar por eso. Esta gran cantera de talento está a la espera y dispuesta a involucrarse en mejorar el país si percibe con certeza que se está haciendo un esfuerzo serio, responsable y honorable.
Estamos viviendo tiempos interesantes, a la vez que estamos inmersos en temas como la globalización, la privatización, el libre comercio, etc... Por lo cual, se hace necesario que el futuro Presidente de Panamá tenga su cabeza muy bien puesta sobre los hombros para poder dirigir a la nación en forma serena y cordial por las vías del progreso, del mejoramiento intelectual y de la calidad de vida, de la participación ciudadana y del respeto mutuo entre gobernantes y gobernados en el diario quehacer nacional.
Al fin y al cabo ustedes, los candidatos a la Presidencia, decidirán qué propuestas electorales van a presentar; el que menos pierda decidirá de quiénes se van a rodear en su gobierno y asimismo, pasará a la historia... -y digo el que menos pierda, ya que estimo que si no hay las típicas componendas politiqueras de última hora, ninguno se acercará al 50% de los votos emitidos. De ustedes depende. Nuestra nación tiene todo el tiempo del mundo, así que los verá venir, llegar, actuar y pasar. Nuestra nación está aprendiendo, aprenderá y asegurará, de cara al futuro, el mejoramiento continuo de sí misma. De esto es lo único que, Dios mediante, podemos estar seguros.