Los presidentes de la dictadura
Leí con mucho interés el artículo “Los presidentes del centenario” de la doctora Geraldine Emiliani (El Panamá América, 8 de septiembre de 2003). Y lo menos que puedo hacer es felicitarla por la sinceridad y el patriotismo que se desprende de su estilo periodístico agresivo y transparente. Es un gran artículo el suyo, doctora Emiliani; y me va a permitir que lo comente.
Estoy completamente de acuerdo cuando expresa que algunos de esos presidentes, “a los que se les regaló tan alta distinción”, hicieron en el homenaje que se les ofreció a todos los ex presidentes de la República “gala de honestidad”. La verdad es que produce indignación la audacia y el cinismo de estos sujetos.
La Dra. Emiliani pregunta a los “presidentes” a quienes se les regaló el solio presidencial: “¿Cómo se sintieron al recibir este homenaje en el marco de la celebración del Centenario junto a los presidentes escogidos por el voto popular? ¿Se merecen ostentar tan alta distinción? ¿Qué hicieron por la patria durante su gestión en un gobierno militar y servil?”.
“...Tal vez para ellos el ser patriota consiste en el orgullo de haber pertenecido a 21 años de dictadura y aún por haber aceptado ser mandatario de una nación herida por las circunstancias de aquel entonces...”
Y para los que se quedaron solamente con las intenciones de servir a la Patria, y se dieron al enriquecimiento de ellos y de sus amigos del momento, recuerda la doctora Emiliani, que de poco sirvió la intención hacia una actitud recta, porque transigieron “con la trampa, el abuso, la pereza y sobre todo, la irreverencia hacia nuestra Carta Magna”.
En un viaje reciente a la capital conversé con un amigo a quien le inquietaba un hecho parecido al que inquieta ahora a la distinguida escritora a la que vengo refiriéndome. Según ese amigo sólo deberían aparecer en la galería de presidentes que está en la presidencia de la República, los que fueron elegidos en elecciones populares. Y al amigo le contesté, que eso sería alterar la historia presidencial de nuestro país. Le recordé que elegidos por el pueblo en elecciones puras y transparentes, hasta 1932, realmente no hubo ninguno; y aún después de ese año, siguieron los fraudes presidenciales. Por otra parte, los presidentes que llegaron al poder con el respaldo de las armas, queramos o no, ahí estuvieron. Le expliqué a mi amigo que no podemos hacer una historia a nuestro gusto. Tenemos que aceptar que fueron presidentes de Panamá -buenos y malos- y punto.
Una cosa parecida sucedió en muchas ocasiones con los hombres que por múltiples razones llegaron a convertirse en papas.
La Iglesia católica tuvo papas que la deshonraron hasta el homicidio y el incesto, para no anotar más condiciones deleznables en la historia del Vaticano. Y no por eso la Iglesia va a desconocer la historia. No se puede hacer nada para ennoblecer la vida de Alejandro Sexto (padre de César y de Lucrecia Borgia) quien, según serias versiones históricas, convirtió el Vaticano en un poco menos que un burdel. Y como él muchos otros.
La historia es la historia y no se puede cambiar. En la galería de presidentes de Panamá no se podrá colocar sólo a los buenos, no, tendrán que poner también a los malos, a los corruptos, a los que repugnan por su conducta inmoral y servil. Esa es mi opinión.
Mientras que los verdaderos perdedores son los cientos de millones de gente pobre que se hubieran beneficiado consiguiendo empleo, obteniendo mejores ingresos y logrando un más alto nivel de vida por los precios más bajos que produce la liberalización del comercio internacional.
*Corresponsal en Cancún.
(c)www.aipenet.com
Estoy completamente de acuerdo cuando expresa que algunos de esos presidentes, “a los que se les regaló tan alta distinción”, hicieron en el homenaje que se les ofreció a todos los ex presidentes de la República “gala de honestidad”. La verdad es que produce indignación la audacia y el cinismo de estos sujetos.
La Dra. Emiliani pregunta a los “presidentes” a quienes se les regaló el solio presidencial: “¿Cómo se sintieron al recibir este homenaje en el marco de la celebración del Centenario junto a los presidentes escogidos por el voto popular? ¿Se merecen ostentar tan alta distinción? ¿Qué hicieron por la patria durante su gestión en un gobierno militar y servil?”.
“...Tal vez para ellos el ser patriota consiste en el orgullo de haber pertenecido a 21 años de dictadura y aún por haber aceptado ser mandatario de una nación herida por las circunstancias de aquel entonces...”
Y para los que se quedaron solamente con las intenciones de servir a la Patria, y se dieron al enriquecimiento de ellos y de sus amigos del momento, recuerda la doctora Emiliani, que de poco sirvió la intención hacia una actitud recta, porque transigieron “con la trampa, el abuso, la pereza y sobre todo, la irreverencia hacia nuestra Carta Magna”.
En un viaje reciente a la capital conversé con un amigo a quien le inquietaba un hecho parecido al que inquieta ahora a la distinguida escritora a la que vengo refiriéndome. Según ese amigo sólo deberían aparecer en la galería de presidentes que está en la presidencia de la República, los que fueron elegidos en elecciones populares. Y al amigo le contesté, que eso sería alterar la historia presidencial de nuestro país. Le recordé que elegidos por el pueblo en elecciones puras y transparentes, hasta 1932, realmente no hubo ninguno; y aún después de ese año, siguieron los fraudes presidenciales. Por otra parte, los presidentes que llegaron al poder con el respaldo de las armas, queramos o no, ahí estuvieron. Le expliqué a mi amigo que no podemos hacer una historia a nuestro gusto. Tenemos que aceptar que fueron presidentes de Panamá -buenos y malos- y punto.
Una cosa parecida sucedió en muchas ocasiones con los hombres que por múltiples razones llegaron a convertirse en papas.
La Iglesia católica tuvo papas que la deshonraron hasta el homicidio y el incesto, para no anotar más condiciones deleznables en la historia del Vaticano. Y no por eso la Iglesia va a desconocer la historia. No se puede hacer nada para ennoblecer la vida de Alejandro Sexto (padre de César y de Lucrecia Borgia) quien, según serias versiones históricas, convirtió el Vaticano en un poco menos que un burdel. Y como él muchos otros.
La historia es la historia y no se puede cambiar. En la galería de presidentes de Panamá no se podrá colocar sólo a los buenos, no, tendrán que poner también a los malos, a los corruptos, a los que repugnan por su conducta inmoral y servil. Esa es mi opinión.
Mientras que los verdaderos perdedores son los cientos de millones de gente pobre que se hubieran beneficiado consiguiendo empleo, obteniendo mejores ingresos y logrando un más alto nivel de vida por los precios más bajos que produce la liberalización del comercio internacional.
*Corresponsal en Cancún.
(c)www.aipenet.com