Los primeros educadores
La tarea educativa tiene sus raíces en la vocación primordial de los padres de familia a participar en la obra creadora de Dios. Ellos, engendrando el amor y por amor una nueva persona, que tiene en sí la vocación al crecimiento y al desarrollo, asumen por eso mismo la obligación de ayudarla eficazmente a vivir una vida plenamente humana. Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, tienen la misión de educar a la prole, y por tanto hay que reconocerlos como los primeros y principales educadores de sus hijos. Este deber de la educación familiar es de tanta trascendencia que, cuando falta, difícilmente puede suplirse.
Es deber de los padres crear un ambiente de familia animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezca la educación íntegra personal y social de los hijos. La familia es la primera escuela de las virtudes sociales.
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