Los príncipes de las tinieblas
Unión FENOSA, EDEME, EDECHI y demás hierbas aromáticas, son los concesionarios más afortunados del mundo porque, aparentemente, lograron una concesión en que sólo tiene derechos y no deberes.
No se trata, señores, de una concesión para poner un puesto de buhonería o de un permiso para vender maní en un estadio, sino para prestar uno de los más importantes servicios públicos que afecta directamente la seguridad pública y económica del Estado, además del derecho de los usuarios a recibir un servicio básico que se debe pagar al día y cada día más caro, pero que se recibe en forma intermitente y a veces suspendido por días, como es el caso del Valle de Antón, Coronado, y otros sectores que los fines de semana son destino del tan cacareado turismo interno, la supuesta nueva panacea para alcanzar el desarrollo del Panamá que nos queda.
El fin de semana de despedida de las vacaciones escolares, medio interior estuvo sin energía eléctrica por casi veinticuatro horas, y la excusa que dieron "los Príncipes de las Tinieblas" es que llovió, como si se tratara de un evento de caso fortuito o de fuerza mayor que llueva en Panamá.
Así de sencilla y lacónica fue la explicación que dieron a los medios de comunicación los privilegiados concesionarios y que, según ellos, parece ser la respuesta que merece este pueblo de idiotas ilustrados a quienes desconectaron todos sus teléfonos de quejas por mal servicio.
222No sé cómo pensamos desarrollar el turismo, realizar eventos internacionales en Panamá y promover la inversión extranjera si el servicio energético es tan caro y poco confiable.
El Ente Regulador de los Servicios Públicos, como buen convidado de piedra, ni suma ni resta y hasta ahora es un ente que sólo regula el silencio frente al incumplimiento rampante de un concesionario que simplemente no cumple con su obligación básica que es dar al día el servicio que cobra al día; pero no puede ser que paguemos energía a precios de primer mundo, recibiendo un servicio de tercer o cuarto mundo.
No sé cómo pensamos desarrollar el turismo, realizar eventos internacionales en Panamá y promover la inversión extranjera si el servicio energético es tan caro y poco confiable.
En el costoso sector de Punta Paitilla, por dar un ejemplo, cuando usted llega a su residencia, verá los relojes electrónicos de los aparatos parpadeando, indicativo inequívoco de que se fue la energía en algún momento. Si esto pasa en áreas de lujo, qué se puede esperar de otros sitios más alejados y menos privilegiados.
No trato, en esta ocasión, de abrir debates estériles si la privatización fue buena o mala. En cuanto a la telefonía, si bien es cierto ésta subió el precio, su tecnología ha sido superada significativamente y el servicio es eficiente, pero la energía eléctrica demuestra el peor escenario que podíamos imaginar.
Finalmente deduzco que si el Ente Regulador no puede hacer nada frente al incumplimiento rampante de los servicios públicos por parte de los concesionarios, tiene pocas opciones a seguir: Que se retire la concesión, si las concesionarias no pueden cumplir sus obligaciones básicas. Que cierre el Ente sus puertas si no puede hacer nada al respecto. Que si la culpa es del contrato ley que permite estas aberraciones, que se abra una investigación de oficio una vez por todas a los "neo-Buneau-Varilla" panameños que negociaron y aprobaron tales mamotretos, para ver si se logra descubrir, al menos, el misterio de algunas fortunas inexplicadas o inexplicables.
No se trata, señores, de una concesión para poner un puesto de buhonería o de un permiso para vender maní en un estadio, sino para prestar uno de los más importantes servicios públicos que afecta directamente la seguridad pública y económica del Estado, además del derecho de los usuarios a recibir un servicio básico que se debe pagar al día y cada día más caro, pero que se recibe en forma intermitente y a veces suspendido por días, como es el caso del Valle de Antón, Coronado, y otros sectores que los fines de semana son destino del tan cacareado turismo interno, la supuesta nueva panacea para alcanzar el desarrollo del Panamá que nos queda.
El fin de semana de despedida de las vacaciones escolares, medio interior estuvo sin energía eléctrica por casi veinticuatro horas, y la excusa que dieron "los Príncipes de las Tinieblas" es que llovió, como si se tratara de un evento de caso fortuito o de fuerza mayor que llueva en Panamá.
Así de sencilla y lacónica fue la explicación que dieron a los medios de comunicación los privilegiados concesionarios y que, según ellos, parece ser la respuesta que merece este pueblo de idiotas ilustrados a quienes desconectaron todos sus teléfonos de quejas por mal servicio.
222No sé cómo pensamos desarrollar el turismo, realizar eventos internacionales en Panamá y promover la inversión extranjera si el servicio energético es tan caro y poco confiable.
El Ente Regulador de los Servicios Públicos, como buen convidado de piedra, ni suma ni resta y hasta ahora es un ente que sólo regula el silencio frente al incumplimiento rampante de un concesionario que simplemente no cumple con su obligación básica que es dar al día el servicio que cobra al día; pero no puede ser que paguemos energía a precios de primer mundo, recibiendo un servicio de tercer o cuarto mundo.
No sé cómo pensamos desarrollar el turismo, realizar eventos internacionales en Panamá y promover la inversión extranjera si el servicio energético es tan caro y poco confiable.
En el costoso sector de Punta Paitilla, por dar un ejemplo, cuando usted llega a su residencia, verá los relojes electrónicos de los aparatos parpadeando, indicativo inequívoco de que se fue la energía en algún momento. Si esto pasa en áreas de lujo, qué se puede esperar de otros sitios más alejados y menos privilegiados.
No trato, en esta ocasión, de abrir debates estériles si la privatización fue buena o mala. En cuanto a la telefonía, si bien es cierto ésta subió el precio, su tecnología ha sido superada significativamente y el servicio es eficiente, pero la energía eléctrica demuestra el peor escenario que podíamos imaginar.
Finalmente deduzco que si el Ente Regulador no puede hacer nada frente al incumplimiento rampante de los servicios públicos por parte de los concesionarios, tiene pocas opciones a seguir: Que se retire la concesión, si las concesionarias no pueden cumplir sus obligaciones básicas. Que cierre el Ente sus puertas si no puede hacer nada al respecto. Que si la culpa es del contrato ley que permite estas aberraciones, que se abra una investigación de oficio una vez por todas a los "neo-Buneau-Varilla" panameños que negociaron y aprobaron tales mamotretos, para ver si se logra descubrir, al menos, el misterio de algunas fortunas inexplicadas o inexplicables.