Los problemas de la oposición
Que difícil es decir: Yo soy oposición. La posición cómoda de manifestarse en desacuerdo con el gobierno de turno cuando conviene, es lo que ante los ojos del pueblo, que por naturaleza es sano, determina que se está en contra del régimen en el poder, lo cual por lo general es una falacia.
Debemos tomar en cuenta que la oposición por lo general es política, mas no analítica y debe ser honesta y recomendar soluciones que ayuden a los ciudadanos a mejorar las condiciones de la nación.
¿A qué nos debemos oponer? Sencillamente a todo lo que veamos que viola la Constitución Nacional y la ley; lo que lesiona las garantías constitucionales; al endeudamiento desorbitado que lleva a nuestra economía a situaciones más duras, si lo que se pide prestado no redunda en beneficio del país en términos generales, y no se maneja honestamente, porque al final, somos nosotros y nuestros hijos y nietos los que estamos hipotecados, si no hay ingresos extraordinarios que coadyuven a hacerle frente a los compromisos.
He leído planteamientos serios de personas independientes, incluso de políticos que en forma diáfana le dicen a los gobernantes la cantidad de errores que cometen y quienes en su mayoría no demuestran que están detrás de una postulación o un puesto público. Estos sí son verdaderos oposición, pero la mayoría de los políticos que a diario gritan muchos de los cuales tuvieron las riendas de la nación en sus manos, durante el quinquenio pasado, no supieron aprovechar la oportunidad y hoy lo hacen en función de crear ambiente para ver como llegan nuevamente al poder.
Todos los gobernantes o dirigentes políticos cometen errores y es correcto que haya quienes se los señalen, no pretendiendo ocupar la posición que ellos hoy desempeñan, sino tratando de que hagan las enmiendas necesarias para el bien de todos.
Lo difícil es que cuando hay prepotencia, no se acepta consejos y se cree que quien decide tiene todo a su favor. Hay que aceptar los errores y enmendarlos.
Los problemas que hoy se suscitan en los partidos políticos de la llamada oposición, donde se presentan renuncias, se expulsa a sus miembros, se ignora la autoridad de sus dirigentes, etc., es caldo de cultivo para que el pueblo que cada día está más descontento, les quite el respaldo, porque ha perdido la fe en ellos.
Los recientes casos que se han registrado en el Consejo Municipal de Panamá conjuntamente con la Alcaldía y la Tesorería, donde hay una tregua, no son más que el producto de posiciones de fuerza que muy bien se pudieron resolver con un diálogo sereno y mesurado, sin que hubiesen tenido que llegar a los extremos criticables, mas la soberbia está por encima de los intereses ciudadanos. De buena fe me opongo a lo actuado.
Escuchaba comentarios de personas serias sobre el artículo de un director o presidente de un prestigioso diario, donde se refería a quién apoyaría él como candidata a la presidencia de la República para los próximos comicios y a quién no y manifestaba sus apreciaciones, con las cuales muchos no estamos totalmente de acuerdo, especialmente con la candidatura que apoya.
Sin embargo, la respuesta de la no favorecida no se hizo esperar y no fue digna de una dama, sobre todo que muchos reconocen su labor en el puesto que desempeña, pero que su soberbia le hace tremendo daño. Para pretender dirigir el país, se necesita ser un estadista; revestirse de una coraza muy sólida, aceptar nuestros errores y además saber que nadie es pepita de oro y en consecuencia no todo mundo nos quiere.
Debemos oponernos todos, especialmente al manejo hermético de lo que gira a nuestro alrededor, específicamente el convenio del C.M.A. y los políticos son los primeros que deben pronunciarse al respecto, con lujo de detalles, en lugar de estar hablando de candidatura y alianzas que el pueblo las tomará en cuenta, en la medida en que se adquiera la confianza que se perdió a partir del año 1989.
Debemos tomar en cuenta que la oposición por lo general es política, mas no analítica y debe ser honesta y recomendar soluciones que ayuden a los ciudadanos a mejorar las condiciones de la nación.
¿A qué nos debemos oponer? Sencillamente a todo lo que veamos que viola la Constitución Nacional y la ley; lo que lesiona las garantías constitucionales; al endeudamiento desorbitado que lleva a nuestra economía a situaciones más duras, si lo que se pide prestado no redunda en beneficio del país en términos generales, y no se maneja honestamente, porque al final, somos nosotros y nuestros hijos y nietos los que estamos hipotecados, si no hay ingresos extraordinarios que coadyuven a hacerle frente a los compromisos.
He leído planteamientos serios de personas independientes, incluso de políticos que en forma diáfana le dicen a los gobernantes la cantidad de errores que cometen y quienes en su mayoría no demuestran que están detrás de una postulación o un puesto público. Estos sí son verdaderos oposición, pero la mayoría de los políticos que a diario gritan muchos de los cuales tuvieron las riendas de la nación en sus manos, durante el quinquenio pasado, no supieron aprovechar la oportunidad y hoy lo hacen en función de crear ambiente para ver como llegan nuevamente al poder.
Todos los gobernantes o dirigentes políticos cometen errores y es correcto que haya quienes se los señalen, no pretendiendo ocupar la posición que ellos hoy desempeñan, sino tratando de que hagan las enmiendas necesarias para el bien de todos.
Lo difícil es que cuando hay prepotencia, no se acepta consejos y se cree que quien decide tiene todo a su favor. Hay que aceptar los errores y enmendarlos.
Los problemas que hoy se suscitan en los partidos políticos de la llamada oposición, donde se presentan renuncias, se expulsa a sus miembros, se ignora la autoridad de sus dirigentes, etc., es caldo de cultivo para que el pueblo que cada día está más descontento, les quite el respaldo, porque ha perdido la fe en ellos.
Los recientes casos que se han registrado en el Consejo Municipal de Panamá conjuntamente con la Alcaldía y la Tesorería, donde hay una tregua, no son más que el producto de posiciones de fuerza que muy bien se pudieron resolver con un diálogo sereno y mesurado, sin que hubiesen tenido que llegar a los extremos criticables, mas la soberbia está por encima de los intereses ciudadanos. De buena fe me opongo a lo actuado.
Escuchaba comentarios de personas serias sobre el artículo de un director o presidente de un prestigioso diario, donde se refería a quién apoyaría él como candidata a la presidencia de la República para los próximos comicios y a quién no y manifestaba sus apreciaciones, con las cuales muchos no estamos totalmente de acuerdo, especialmente con la candidatura que apoya.
Sin embargo, la respuesta de la no favorecida no se hizo esperar y no fue digna de una dama, sobre todo que muchos reconocen su labor en el puesto que desempeña, pero que su soberbia le hace tremendo daño. Para pretender dirigir el país, se necesita ser un estadista; revestirse de una coraza muy sólida, aceptar nuestros errores y además saber que nadie es pepita de oro y en consecuencia no todo mundo nos quiere.
Debemos oponernos todos, especialmente al manejo hermético de lo que gira a nuestro alrededor, específicamente el convenio del C.M.A. y los políticos son los primeros que deben pronunciarse al respecto, con lujo de detalles, en lugar de estar hablando de candidatura y alianzas que el pueblo las tomará en cuenta, en la medida en que se adquiera la confianza que se perdió a partir del año 1989.