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Los problemas de las encuestas políticas


Como expediente para ganar capital político, confundir a la opinión pública y destruir reputaciones, las encuestas cuando no son amparadas con un trabajo profesional -en esta campaña por el mandato presidencial de 1994- se están convirtiendo en un arma devastadora para el futuro de la democracia.
Si las campañas políticas son honestas no importa la forma como se elijan los presidentes. No obstante, las encuestas en estos momentos de nuestra historia republicana a veces son utilizadas como un expediente de uso corriente por ciertas agencias publicitarias, por ciertos políticos, por ciertos empresarios y profesionales.
Pero duele más, sobre todo, cuando son manejadas por algunos columnistas, editorialistas tras un fin político específico. De por sí las encuestas no son objetables como elemento para medir la opinión pública; es la forma cómo se manejan lo que mueve a la preocupación.
Sin embargo, para que cualquier técnica de investigación social sea legítima, el que la hace debe contar con pruebas calificativas que avalen sus resultados. En este último caso las encuestas sirven a un fin social y pueden jugar el papel -muy importante- de asistir al Tribunal Electoral, de asistir a los partidos políticos y de servir de marco de referencia al ciudadano, como esperan muchos que así sea el 2 de mayo de 1999.
Y es que el carnaval de rumores ya empezó a dañar. Algunos pesimistas del fracaso, que ni creen en los gobiernos democráticos y mucho menos en las técnicas de investigación con todos sus recursos modernos en la mano, iniciaron su proceso de preguntas condicionadas a un fin, para tratar de colocarlas por encima de la verdad del voto popular.
En democracia no hay por qué tener temor. Nadie tiene que alarmarse tanto por unos resultados finales; el voto popular es el poder del pueblo y con el próximo torneo electoral ha empezado un nuevo ciclo social de nuestra historia con candidatos que no son tradicionales. En la batalla electoral, tres candidatos y un solo principio social para miles de jóvenes frente a un hecho tortuoso que llena de tristeza al más indiferente de los hombres como son las escenas del desempleo callejero, pues, la realidad es un grito de angustia en cientos de miles de hogares panameños.
En cada campaña política se inicia el escenario y las marcas de las huellas solo quedan en la espalda de una infancia pobre, con problemas de salud; en una adolescencia dura, por los altos índices del desempleo; y finalmente, una primera juventud dolorosa, frente al grito de madres que claman un futuro de esperanza para sus hijos en las calles del país.
Mientras el teatro de la democracia avanza con todas sus secuelas de alegría y frustraciones, para unos. La historia, para otros, con los avances técnicos y el poder de los medios de comunicación social ha marcado los puntos de la agenda diaria para cientos de ciudadanos que creen en un futuro mejor para la nación.
Entonces, es tiempo de que en nuestro país aplaudamos ya la carrera política transmitida por televisión y se usen todos los recursos técnicos de la radio y la prensa escrita. Que se hagan muchas encuestas, empero, lanzadas a los cuatro vientos irresponsablemente se convierten en un peligroso instrumento de desinformación y de confusión general.
Ya es tiempo que el Tribunal Electoral imponga como condición indispensable que todo aquel al momento de efectuar una encuesta política actúe con responsabilidad, que las mismas se sostengan con la exposición de los hechos, como aquella que publicó responsablemente el diario El Panamá América.
Así se trabaja con la opinión pública. Todo aquel que se haga eco de una encuesta debe percatarse, en primer término, de la seriedad de la misma. Tan dañino para la democracia es el que se realice una encuesta mal estructurada como aquel que la repite en los medios de comunicación social.
Hoy ya no podemos seguir viviendo como ayer, improvisando, dañando reputaciones y violando códigos que no se ajustan a la realidad política que tanto necesita Panamá. La democracia tiene su pureza y cuando se exterioriza con un elevado sentido del deber está contribuyendo al saneamiento social.
Es bueno comprenderlo, las encuestas efectuadas con técnicas de investigación honesta resultan un excelente canal de profilaxis social y política. Son muchos, en nuestros países centroamericanos, los políticos que les gusta entorpecer el poder democrático. Si hay que hacer encuestas que se hagan, pero también presenten a la opinión pública la transparencia de las pruebas. No podemos evadir esa responsabilidad porque así, también, se construye una nación.

101 años de Panamá América

 
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