Los problemas del país y los aspirantes a la presidencia
Faltan siete meses y días para que el pueblo panameño concurra masivamente, como lo ha hecho en el pasado, a las urnas y escoja al nuevo presidente que gobernará al país por los próximos cinco años. Ya están retumbando en decibeles altos los "tambores de guerra" entre los distintos aspirantes presidenciales, aunque estemos sólo en los albores de la lucha partidista y las elecciones.
Don Ricardo Martinelli, Doña Balbina Herrera, Don Juan Carlos Varela y Don Guillermo Endara se preparan al combate con sus distintas estrategias. La política, no hay la menor duda, tiene exigencias partidarias, pero para el país sería muy sano que el talento se imponga al "compadrazgo", al compromiso basado en el halago y en el cálculo electoral. No se puede, por ningún motivo o aspiración desmedida, dejar de lado las muchas necesidades que confronta el país ofreciendo soluciones falsas, demagógicas y populistas, pero incumplibles.
El pueblo panameño es muy astuto, lo ha demostrado ampliamente en el pasado, de manera que los candidatos tienen primordialmente que afrontar los problemas, que según las encuestas, son en su orden: el costo de la canasta básica familiar, la seguridad pública, el transporte colectivo y selectivo, la educación y la salud.
No se va a conformar el electorado con solo escuchar la descripción de los problemas, sino se presentan simultáneamente soluciones creíbles.
El Sr. Presidente de la República, sin razones que la entiendan muchos, ha mantenido una aceptación muy amplia en el país, a pesar de los graves problemas que existen, continúan y que no han sido atacados frontalmente, sólo de manera muy superficial. La falta de acción en este sentido deberá sentirse en las urnas del próximo mayo.
Tomando en consideración todo lo anterior, quienes aspiren a la Presidencia tendrán que alejarse de la demagogia. Ella ha demostrado ampliamente que sólo tiene sus efectos a muy corto plazo.
Las soluciones que propongan los aspirantes presidenciales tendrán que tener un sustento realista. Es decir, que los "planes de Gobierno" no deben ser bonitos sino serios y que ellos, como soluciones, tengan su financiamiento, así se evitaría el que las soluciones queden sólo en el papel. No se trata de decir voy a hacer, sino cómo lo voy a hacer.