Los pueblos indígenas veneran a sus ancianos
Un cuadro común en nuestras avenidas es el de ancianos/as menesterosos/as que cuya supervivencia depende de la buena voluntad de los/las transeúntes. Lamentable es que se esté incrementando la mendicidad en el país, principalmente si son adultos/as mayores o niños/as quienes pasan la noche desamparados/as, máxime si hay familiares que los dejan a su suerte, sin percatarse de que esa falta de amor filial, solidaridad y responsabilidad para con los suyos los marca para siempre a ambos.
A las personas negligentes porque les gana el repudio social y a los/las indigentes porque les hace víctimas de lástima, descuido, enfermedades, violencia y al final de cuentas hasta puede conducirles a la muerte por depresión y soledad, por hambre o en un accidente. Hasta a causa de una riña por los restos de comida de los basureros, con los que a veces se alimentan a falta de una mano piadosa.
Estos lamentables cuadros suele decir la gente que son propios de comunidades donde el desamor está ganando terreno y esto desdice mucho de sociedades que se tachan de democráticas y justas.
Sin embargo, digno de encomio es el interés que demuestran la presidenta de la Federación Nacional de Asociaciones de la Tercera Edad, Sra. Ana Teresa de Gómez, al igual que la Dirección del Adulto Mayor del Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia, así como la Fundación de Familiares y Amigos de los Pacientes con Alzheimer, que preside la Licda. Florencia de Villamil. Y qué decir de FUNDAMUJER con sus cursos para atención a gerontes y la CSS con su programa del adulto mayor, así como otros gremios que tratan de hacerle más llevadera la vida a la población de la III Edad. Y es que no se puede ser ciegos/as y sordos /as ante los problemas de este sector de habitantes del país y hay que sumarse a quienes con frecuencia denuncian las condiciones de olvido y maltrato hacia las personas de edad avanzada que se dan como pan de cada día, en todos los niveles sociales.
Son víctimas de abandono por parte de sus familiares, la comunidad tampoco les brinda el respeto, ayuda y agradecimiento a que se han hecho merecedores por su aporte social y precisamente porque andan a la buena de Dios no sorprende que sean víctimas de atracos y accidentes de tránsito.
Insistimos, no se puede desoír el clamor de atención hacia este grupo etario que se incrementa en todo el mundo y creemos que debe imitarse a los pueblos indígenas que valoran, aprecian, respetan, admiran y tienen como modelos y consejeros/as a sus adultos/as mayores, porque saben que la experiencia y sabiduría que dan los años les hacen personas especiales dignas de ser tomadas siempre en cuenta.
A las personas negligentes porque les gana el repudio social y a los/las indigentes porque les hace víctimas de lástima, descuido, enfermedades, violencia y al final de cuentas hasta puede conducirles a la muerte por depresión y soledad, por hambre o en un accidente. Hasta a causa de una riña por los restos de comida de los basureros, con los que a veces se alimentan a falta de una mano piadosa.
Estos lamentables cuadros suele decir la gente que son propios de comunidades donde el desamor está ganando terreno y esto desdice mucho de sociedades que se tachan de democráticas y justas.
Sin embargo, digno de encomio es el interés que demuestran la presidenta de la Federación Nacional de Asociaciones de la Tercera Edad, Sra. Ana Teresa de Gómez, al igual que la Dirección del Adulto Mayor del Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia, así como la Fundación de Familiares y Amigos de los Pacientes con Alzheimer, que preside la Licda. Florencia de Villamil. Y qué decir de FUNDAMUJER con sus cursos para atención a gerontes y la CSS con su programa del adulto mayor, así como otros gremios que tratan de hacerle más llevadera la vida a la población de la III Edad. Y es que no se puede ser ciegos/as y sordos /as ante los problemas de este sector de habitantes del país y hay que sumarse a quienes con frecuencia denuncian las condiciones de olvido y maltrato hacia las personas de edad avanzada que se dan como pan de cada día, en todos los niveles sociales.
Son víctimas de abandono por parte de sus familiares, la comunidad tampoco les brinda el respeto, ayuda y agradecimiento a que se han hecho merecedores por su aporte social y precisamente porque andan a la buena de Dios no sorprende que sean víctimas de atracos y accidentes de tránsito.
Insistimos, no se puede desoír el clamor de atención hacia este grupo etario que se incrementa en todo el mundo y creemos que debe imitarse a los pueblos indígenas que valoran, aprecian, respetan, admiran y tienen como modelos y consejeros/as a sus adultos/as mayores, porque saben que la experiencia y sabiduría que dan los años les hacen personas especiales dignas de ser tomadas siempre en cuenta.