Los ricos más ricos y los pobres más pobres
Industrial Católico
Observando un programa del Canal 5, donde se mostraba cómo los rusos reconstruyeron portentosas obras llamadas tesoros, destruidos por los alemanes, edificios ostentosos que albergaban maravillosas pinturas, esculturas, artesanías, lujo y belleza que no dejaba de reflejar, al igual que los palacios de la nobleza francesa, una época de opulencia y ostentación. Como nos muestran también las increíbles ruinas de los palacios egipcios, mayas, romanos, griegos, y por qué no católicos. También que le llamaban tesoros los americanos, últimos en esta espiral, a sus primeros logros tecnológicos, que en su momento contribuyeron al engrandecimiento de esa gran nación que luego decidió extender sus dominios fuera de sus fronteras; ellos también están reconstruyendo estos tesoros, testigos de un pasado lleno de logros, satisfacciones y problemas sociales.
Viendo este interesante programa del Canal 5, vino a mi memoria los carritos y grúas de madera que yo hacía para jugar, que se movían solos usando carretes donde venía el hilo de coser, ligas de caucho y parafina, hace 43 años, en un barrio pobre en las afueras de la ciudad, a este sitio no llegaban los juguetes americanos. Seguían llegando los recuerdos, cuando hace 36 años llegué a un taller de refrigeración y empecé desde entonces a notar que teníamos pocos tesoros como los antes mencionados, a no ser para mí, mis carritos que se movían solos sin motor. Todas las neveras eran americanas, las herramientas eran americanas o alemanas, las bebidas gaseosas eran americanas, en fin, uno decía con orgullo melancólico esta llave que tengo es alemana, esta refrigeradora es americana, y se nos metió a la cabeza que todo lo importado era lo mejor. Creo que consciente o inconscientemente ese era el objetivo de los suplidores de esos productos, que eran y siguen siendo fabricados con la materia prima extraída de los países subdesarrollados. Una época, en la que al igual que en otros tiempos, los ricos eran muy ricos y los pobres muy pobres.
Pero el tiempo pasó y luego de haber superado muchos escollos, nuestros países han logrado crecer un poco y crear una especie de clase media de países con una economía más propia y menos dependiente, fruto posiblemente de pequeñas empresas agroindustriales y posteriormente ensambladoras, y luego fábricas de diferentes productos. Algunas de ellas fabricando con diseño y tecnología americana, otras producto de la necesidad y el no poder comprar siempre los equipos y cosas importadas, nos desarrolló el ingenio y tuvimos que empezar haciendo nuestras propias herramientas con máquinas y diseños propios que, como nosotros, hoy nos permite fabricar nuestro hielo en bolsas y bloques, y elaborar también 25 modelos diferentes de enfriadores y congeladores comerciales, con el concurso de más de 30 jóvenes panameños que han sido capacitados también en nuestra industria en crecimiento, que en esta semana decidió vincular al equipo un joven ingeniero industrial recién graduado.
Mientras veía el programa y pensaba en todas estas cosas, venía en mí una oleada de preocupación, aunque yo trato de no hacerlo pues yo confío en Dios, que debe tener un propósito en mi vida si me ha hecho llegar hasta este punto. Sin embargo, no deja de ser una situación peligrosa para el incipiente desarrollo de nuestras industrias en toda Latinoamérica: la globalización, que acompañada de una irresponsable liberación de aranceles que no parece haber sido debidamente consultada, ya que está dando el mismo tratamiento a los productos manufacturados que a la materia prima para fabricar esos mismos productos, desprotegiendo totalmente a la industria y a la agroindustria nacional, amén de todos los tratados que permiten, inclusive, el ingreso de servicios profesionales. Unos de los argumentos es rebajar la canasta básica familiar y eso yo no lo he visto cuando voy al supermercado. Sin embargo, con asombro he visto que inclusive industriales ven como buen negocio importar antes que fabricar, lo que representa una fábrica menos y muchas plazas de trabajo menos, que sumados a otras se traduce en una reducción del poder adquisitivo de nuestra población convirtiéndose esta situación en un bumerán que nos puede pegar después en la nuca a todos. Me atrevo a pensar que este es el objetivo de los países desarrollados, expandir sus mercados como en otros tiempos, ya no a sangre y fuego sino con argucias como ésta, que inclusive presenta a nuestros industriales aparentemente buenos negocios que a la larga terminará destruyendo nuestra incipiente economía haciéndonos más dependientes y aumentando la brecha entre ricos y pobres entre nosotros, y entre nosotros y ellos.
Seguía viendo el programa de Canal 5 y me preguntaba ¿hacia dónde vamos?, y me acordaba de la película de Charles Heston, así se pronuncia "Sailen Green". Como le comentaba a unos idealistas jóvenes amigos profesionales que ojalá no se metan a políticos como piensan porque casi todo empresario que se mete a político lo perdemos como tal y entra a formar parte de esta carga para la sociedad, claro está, con algunas excepciones; y le decía a ellos en la conversa que teníamos: la economía se está deshumanizando a tal punto que vamos hacia la situación que presentaba esta película: "todo se había acabado, sólo los muy poderosos tenían lo que quedaba, rodeado de fortificaciones electrónicas, un tipo de vida que no envidio ni por un instante. El resto de la gente vivía en un caos increíble, todo paralizado y la comida para los pobres en un principio sólo se extraía del plancton del mar y después se tuvo que sacar de los mismos muertos, de los cuales hacían un concentrado que servía de alimento, las protestas en las calles eran controladas con cargadores que recogían como tierra a los manifestantes y los tiraban en camiones", en fin le recomiendo la película.
Pero seguí viendo el programa del Canal 5 y al acordarme de la película me preguntaba ¿hacia dónde vamos?. Caí en cuenta que ya esa situación como en una espiral la habíamos vivido en los castillos y palacios rusos que generaron a los "bolcheviques", en los castillos y palacios franceses que generaron a la revolución y toma de La Bastilla, y supongo que así era en el imperio romano, el egipcio y en el reciente imperio americano en la depresión y Chicago, etc., etc.,. Donde unos vivían en la opulencia y otros vivían en la miseria, esos son los tesoros que se han reconstruido, que son mudos testigos de que hubo ricos muy ricos y pobres muy pobres, de que esta situación sólo creó dolor y miseria, como las tenemos en las guerras de Centroamérica, en Suramérica, en los campamentos de refugiados de Zaire en Africa y en otros sitios.
Y viendo el programa del Canal 5, con un poco de impotencia, le pedí a Dios que nos ayudara a cada uno de nosotros a promover una sociedad más justa y a pensar qué puedo hacer yo para que toda actividad económica del tipo que fuera, cumpla primeramente una función social como primer requisito o razón de ser.
Pero sin querer ser apocalíptico en mi propio entender, he llegado a pensar que esta fiebre que tiene ahora nuestro mundo es producto de una enfermedad, que al igual que en otros tiempos de nuestra historia, en una forma más sutil ha ido minando todos los estratos de nuestra sociedad y esa enfermedad se llama alcoholismo (abuso de consumo). Tenemos hijos, hijas, padres, madres, estudiantes, alcaldes, corregidores, legisladores, maestros, médicos, gerentes, supervisores, industriales, comerciantes, policías, secretarias, gobernadores, sacerdotes, pastores (no porque los evangélicos no toman), es una enfermedad que genera corrupción, irresponsabilidad, drogadicción, prostitución, abandono del hogar, ineficiencia, abandono de los estudios, endurece el corazón, nos aleja de Dios, nos vuelve malos cristianos, irresponsabilidad en el trabajo, accidentes, etc.. En fin preguntémosle a la empresa privada y al gobierno cuánto cuesta un "lunes engomado", una persona que ha tomado mucho el sábado y el domingo, en el lunes no rendimos más que un 60% de nuestra capacidad en cualquier campo y es proporcional con la edad y el tiempo de vida que se lleva tomando. Estamos destruyendo el mayor recurso de nuestros países: "su gente", que somos la razón de ser de toda la actividad económica.
Todos los programas económicos, de salud, de educación o sociales fracasan cuando se encuentran con este mal endémico y enemigo número uno de cualquier actividad incluida, claro está, la industrial.
Yo seguí viendo Canal 5, también el Canal 11 y los programas deportivos de TV2, y claro está, a Juan Carlos Tapia, y las noticias de RPC y en el 13 a Don Francisco, mientras que pensaba qué puedo hacer yo para tener el Panamá que quiero, para que no vayamos otra vez a repetir la historia de siempre, que el rico era más rico y el pobre más pobre, con todas las secuelas que deja esta situación.
Observando un programa del Canal 5, donde se mostraba cómo los rusos reconstruyeron portentosas obras llamadas tesoros, destruidos por los alemanes, edificios ostentosos que albergaban maravillosas pinturas, esculturas, artesanías, lujo y belleza que no dejaba de reflejar, al igual que los palacios de la nobleza francesa, una época de opulencia y ostentación. Como nos muestran también las increíbles ruinas de los palacios egipcios, mayas, romanos, griegos, y por qué no católicos. También que le llamaban tesoros los americanos, últimos en esta espiral, a sus primeros logros tecnológicos, que en su momento contribuyeron al engrandecimiento de esa gran nación que luego decidió extender sus dominios fuera de sus fronteras; ellos también están reconstruyendo estos tesoros, testigos de un pasado lleno de logros, satisfacciones y problemas sociales.
Viendo este interesante programa del Canal 5, vino a mi memoria los carritos y grúas de madera que yo hacía para jugar, que se movían solos usando carretes donde venía el hilo de coser, ligas de caucho y parafina, hace 43 años, en un barrio pobre en las afueras de la ciudad, a este sitio no llegaban los juguetes americanos. Seguían llegando los recuerdos, cuando hace 36 años llegué a un taller de refrigeración y empecé desde entonces a notar que teníamos pocos tesoros como los antes mencionados, a no ser para mí, mis carritos que se movían solos sin motor. Todas las neveras eran americanas, las herramientas eran americanas o alemanas, las bebidas gaseosas eran americanas, en fin, uno decía con orgullo melancólico esta llave que tengo es alemana, esta refrigeradora es americana, y se nos metió a la cabeza que todo lo importado era lo mejor. Creo que consciente o inconscientemente ese era el objetivo de los suplidores de esos productos, que eran y siguen siendo fabricados con la materia prima extraída de los países subdesarrollados. Una época, en la que al igual que en otros tiempos, los ricos eran muy ricos y los pobres muy pobres.
Pero el tiempo pasó y luego de haber superado muchos escollos, nuestros países han logrado crecer un poco y crear una especie de clase media de países con una economía más propia y menos dependiente, fruto posiblemente de pequeñas empresas agroindustriales y posteriormente ensambladoras, y luego fábricas de diferentes productos. Algunas de ellas fabricando con diseño y tecnología americana, otras producto de la necesidad y el no poder comprar siempre los equipos y cosas importadas, nos desarrolló el ingenio y tuvimos que empezar haciendo nuestras propias herramientas con máquinas y diseños propios que, como nosotros, hoy nos permite fabricar nuestro hielo en bolsas y bloques, y elaborar también 25 modelos diferentes de enfriadores y congeladores comerciales, con el concurso de más de 30 jóvenes panameños que han sido capacitados también en nuestra industria en crecimiento, que en esta semana decidió vincular al equipo un joven ingeniero industrial recién graduado.
Mientras veía el programa y pensaba en todas estas cosas, venía en mí una oleada de preocupación, aunque yo trato de no hacerlo pues yo confío en Dios, que debe tener un propósito en mi vida si me ha hecho llegar hasta este punto. Sin embargo, no deja de ser una situación peligrosa para el incipiente desarrollo de nuestras industrias en toda Latinoamérica: la globalización, que acompañada de una irresponsable liberación de aranceles que no parece haber sido debidamente consultada, ya que está dando el mismo tratamiento a los productos manufacturados que a la materia prima para fabricar esos mismos productos, desprotegiendo totalmente a la industria y a la agroindustria nacional, amén de todos los tratados que permiten, inclusive, el ingreso de servicios profesionales. Unos de los argumentos es rebajar la canasta básica familiar y eso yo no lo he visto cuando voy al supermercado. Sin embargo, con asombro he visto que inclusive industriales ven como buen negocio importar antes que fabricar, lo que representa una fábrica menos y muchas plazas de trabajo menos, que sumados a otras se traduce en una reducción del poder adquisitivo de nuestra población convirtiéndose esta situación en un bumerán que nos puede pegar después en la nuca a todos. Me atrevo a pensar que este es el objetivo de los países desarrollados, expandir sus mercados como en otros tiempos, ya no a sangre y fuego sino con argucias como ésta, que inclusive presenta a nuestros industriales aparentemente buenos negocios que a la larga terminará destruyendo nuestra incipiente economía haciéndonos más dependientes y aumentando la brecha entre ricos y pobres entre nosotros, y entre nosotros y ellos.
Seguía viendo el programa de Canal 5 y me preguntaba ¿hacia dónde vamos?, y me acordaba de la película de Charles Heston, así se pronuncia "Sailen Green". Como le comentaba a unos idealistas jóvenes amigos profesionales que ojalá no se metan a políticos como piensan porque casi todo empresario que se mete a político lo perdemos como tal y entra a formar parte de esta carga para la sociedad, claro está, con algunas excepciones; y le decía a ellos en la conversa que teníamos: la economía se está deshumanizando a tal punto que vamos hacia la situación que presentaba esta película: "todo se había acabado, sólo los muy poderosos tenían lo que quedaba, rodeado de fortificaciones electrónicas, un tipo de vida que no envidio ni por un instante. El resto de la gente vivía en un caos increíble, todo paralizado y la comida para los pobres en un principio sólo se extraía del plancton del mar y después se tuvo que sacar de los mismos muertos, de los cuales hacían un concentrado que servía de alimento, las protestas en las calles eran controladas con cargadores que recogían como tierra a los manifestantes y los tiraban en camiones", en fin le recomiendo la película.
Pero seguí viendo el programa del Canal 5 y al acordarme de la película me preguntaba ¿hacia dónde vamos?. Caí en cuenta que ya esa situación como en una espiral la habíamos vivido en los castillos y palacios rusos que generaron a los "bolcheviques", en los castillos y palacios franceses que generaron a la revolución y toma de La Bastilla, y supongo que así era en el imperio romano, el egipcio y en el reciente imperio americano en la depresión y Chicago, etc., etc.,. Donde unos vivían en la opulencia y otros vivían en la miseria, esos son los tesoros que se han reconstruido, que son mudos testigos de que hubo ricos muy ricos y pobres muy pobres, de que esta situación sólo creó dolor y miseria, como las tenemos en las guerras de Centroamérica, en Suramérica, en los campamentos de refugiados de Zaire en Africa y en otros sitios.
Y viendo el programa del Canal 5, con un poco de impotencia, le pedí a Dios que nos ayudara a cada uno de nosotros a promover una sociedad más justa y a pensar qué puedo hacer yo para que toda actividad económica del tipo que fuera, cumpla primeramente una función social como primer requisito o razón de ser.
Pero sin querer ser apocalíptico en mi propio entender, he llegado a pensar que esta fiebre que tiene ahora nuestro mundo es producto de una enfermedad, que al igual que en otros tiempos de nuestra historia, en una forma más sutil ha ido minando todos los estratos de nuestra sociedad y esa enfermedad se llama alcoholismo (abuso de consumo). Tenemos hijos, hijas, padres, madres, estudiantes, alcaldes, corregidores, legisladores, maestros, médicos, gerentes, supervisores, industriales, comerciantes, policías, secretarias, gobernadores, sacerdotes, pastores (no porque los evangélicos no toman), es una enfermedad que genera corrupción, irresponsabilidad, drogadicción, prostitución, abandono del hogar, ineficiencia, abandono de los estudios, endurece el corazón, nos aleja de Dios, nos vuelve malos cristianos, irresponsabilidad en el trabajo, accidentes, etc.. En fin preguntémosle a la empresa privada y al gobierno cuánto cuesta un "lunes engomado", una persona que ha tomado mucho el sábado y el domingo, en el lunes no rendimos más que un 60% de nuestra capacidad en cualquier campo y es proporcional con la edad y el tiempo de vida que se lleva tomando. Estamos destruyendo el mayor recurso de nuestros países: "su gente", que somos la razón de ser de toda la actividad económica.
Todos los programas económicos, de salud, de educación o sociales fracasan cuando se encuentran con este mal endémico y enemigo número uno de cualquier actividad incluida, claro está, la industrial.
Yo seguí viendo Canal 5, también el Canal 11 y los programas deportivos de TV2, y claro está, a Juan Carlos Tapia, y las noticias de RPC y en el 13 a Don Francisco, mientras que pensaba qué puedo hacer yo para tener el Panamá que quiero, para que no vayamos otra vez a repetir la historia de siempre, que el rico era más rico y el pobre más pobre, con todas las secuelas que deja esta situación.