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Los ricos y los pobres


"Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios" dijo Jesucristo en su peregrinaje como frase inmortal para la humanidad. Recientemente, la repitió el Santo Padre en su mensaje cuaresmal para todo el Universo de manera oportuna al observar la enorme brecha que existe entre ricos y pobres. Cuando Jesús hizo esa manifestación, evidentemente, tomó de base la pobreza natural del hombre, aquella que viene por el destino de cada cual, la otra que viene como resultado de servir al prójimo de manera humana, cristiana y patriótica sin mirar a quién y sin intereses a las riquezas materiales; y otra, por los que son perseguidos por creer en Dios, y los que son víctima del egoísmo. Sin embargo, en el rol de los pobres, algunos fueron ricos materialmente y han quedado pobres por la falta de una responsabilidad personal por los vicios y su conducta, pero con todo ello, también son acogidos en el reino de Dios, pero con diferentes credenciales. Referente a las riquezas materiales, Dios no las censura como tampoco a sus poseedores, cada cual con su conciencia sabrá su origen, por ello dijo "Más fácil pasa un camello por el ojo de una aguja, que un mal rico por el reino de Dios".
Hay riquezas que vienen siendo motivos de respeto, ejemplos de admiración, que son aquellas fortunas hereditarias distribuidas de manera coherente entre familia como un homenaje a sus antepasados; aquellas que han llegado por conducto de la suerte de cada cual, pero existe la más noble, heroica, admirable y ejemplar; aquella que tiene un valor mucho más elevada que las anteriores, porque nacieron de un origen en blanco hechas en base al trabajo honesto, la constancia, el sacrificio, con el sudor de la frente sin dejar de cumplir su función humana, cristiana, patriótica y familiar hasta llegar a su más alto nivel en su vida, ellas tienen el visto bueno de Dios y de la sociedad honesta.
Lo que Dios no reconoce y censura como obra del pecado social del hombre, son las riquezas económicas y materiales a base de acciones deshonestas a costa de las influencias políticas a base del sacrificio de los demás, de los robos a la nación, crímenes, los monopolios egoístas, contrabandos de todo tipo, la proliferación de los vicios y del negocio y lavado de dinero a base de las drogas, el licor, la prostitución clandestina y el juega vivo de manera ilícita. La sociedad viene cometiendo el grave error de aceptar en su seno a elementos sin ninguna moral por él sólo hecho de tener detrás una enorme fortuna económica mal habida sin llevar en cuenta que ellos son responsables de la enorme brecha que existe entre ricos y pobres a nivel nacional.
Ojalá que el llamado que a cada momento nos hace el Santo Padre, nos lleve a una profunda reflexión humana, patriótica y cristiana para el bien de la nación y los panameños sin distingos de clases y que termine la demagogia de los políticos haciendo promesas y proyectos sólo para conseguir el respaldo de los pueblos y llegar al poder para servirse de la Patria.

101 años de Panamá América

 
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