Los riesgos del gas natural ruso
Sin dejar de ser del todo barbáricos, como en los tiempos de la industrialización forzada por Stalin y las masacres de su guerra civil de 1917, los rusos han aumentado por cinco el precio del gas natural que provee a Ucrania a través de la empresa Gazprom, lo que ha provocado que Ucrania se niegue a pagar el precio que estima abusivo y opte por robarlo, aprovechando que las tuberías de suministro hacia Europa pasan por su territorio. La respuesta de la empresa fue cortar el flujo, afectando no sólo a Ucrania, sino también a Europa, que compra gas a la compañía.
La perversa medida provocó ira y alarma en la Unión Europea, además de Ucrania, puesto que azota la fase más cruda del invierno. Las consecuencias serán inmediatas para Rusia, Ucrania y Europa, especialmente para Alemania.
Francia acaba de llamar a una conferencia de ministros de Energía de la Unión Europea, para que se elabore una estrategia que asegure la independencia energética comunitaria, particularmente de Rusia. Ni el rápido reinicio de los suministros por parte de Gazprom, ha aplacado el disgusto y repulsa. Hasta Estados Unidos ha exigido a Rusia que negocie con Ucrania los precios del suministro, sin presionar con el corte del servicio. A la postre, Europa buscará otras alternativas y Rusia tendrá que tragarse su gas o buscar otros clientes, tolerantes de la inseguridad.
Otra repercusión seria se sentirá en Alemania, donde una empresa de ese país construye un gasoducto por el Mar Negro para traerlo desde Rusia, sin pasar por Ucrania. La principal crítica al proyecto la hicieron sectores políticos y económicos germanos, quienes advirtieron contra una excesiva dependencia del país de los poco confiables suministros de gas ruso. Las reservas se acrecentarán, con la forma tan particular de los rusos de presionar con los precios y sus desplantes abusivos y unilaterales en ese sentido.
Por último, tampoco es difícil prever que el gas natural será otro futuro campo de batalla de esa guerra, a veces silenciosa y a veces abierta, por las fuentes energéticas, tal cual ocurre hoy con el petróleo. Los precios se van a elevar pronto y con ellos la esperanza de los países que carecen de esas fuentes de contar con una alternativa menos cara, incluyendo a Panamá.
La perversa medida provocó ira y alarma en la Unión Europea, además de Ucrania, puesto que azota la fase más cruda del invierno. Las consecuencias serán inmediatas para Rusia, Ucrania y Europa, especialmente para Alemania.
Francia acaba de llamar a una conferencia de ministros de Energía de la Unión Europea, para que se elabore una estrategia que asegure la independencia energética comunitaria, particularmente de Rusia. Ni el rápido reinicio de los suministros por parte de Gazprom, ha aplacado el disgusto y repulsa. Hasta Estados Unidos ha exigido a Rusia que negocie con Ucrania los precios del suministro, sin presionar con el corte del servicio. A la postre, Europa buscará otras alternativas y Rusia tendrá que tragarse su gas o buscar otros clientes, tolerantes de la inseguridad.
Otra repercusión seria se sentirá en Alemania, donde una empresa de ese país construye un gasoducto por el Mar Negro para traerlo desde Rusia, sin pasar por Ucrania. La principal crítica al proyecto la hicieron sectores políticos y económicos germanos, quienes advirtieron contra una excesiva dependencia del país de los poco confiables suministros de gas ruso. Las reservas se acrecentarán, con la forma tan particular de los rusos de presionar con los precios y sus desplantes abusivos y unilaterales en ese sentido.
Por último, tampoco es difícil prever que el gas natural será otro futuro campo de batalla de esa guerra, a veces silenciosa y a veces abierta, por las fuentes energéticas, tal cual ocurre hoy con el petróleo. Los precios se van a elevar pronto y con ellos la esperanza de los países que carecen de esas fuentes de contar con una alternativa menos cara, incluyendo a Panamá.