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Los rostros de la escasez


A Petra Vásquez viuda de Díaz, la escasez de agua casi le arranca lágrimas. Estuvo a punto de llorar al recordar que cada día debe despertarse, si es que se ha dormido, a eso de la 1:00 ó 2:00 de la madrugada a abastecerse para el consumo diario.
Vive en la calle principal de La Cantera de El Coco de La Chorrera y dijo a El Panamá América, evidentemente resignada, "hay días que no me acuesto... uno se acostumbra".
Petra se vio obligada a mudarse a la recámara que colinda con el patio donde tiene un tanque del que abastece también dos cuartos de alquiler. Hace unos días el sueño la venció. Fue entonces cuando escuchó un chorro que ya se desbordaba y salió corriendo, "medio dormida" a poner todo en orden. La historia se repite cada día.
Edward Mariano, de 17 años, vive cerca de Petra. Tiene seis años de no disfrutar del placer de abrir el grifo y recibir agua potable. Les toca caminar varios minutos hasta un área llamada Bello Horizonte y cargar cubos o baldes.
Más adelante Nilka Obando y su familia intentaban distraerse jugando dominó, pero no podían permitir que su testimonio pasara desapercibido. Residen en Los Tanques y "de eso, sólo el nombre". Instalaciones de distribución de agua que en su exterior indican "capacidad 200 mil galones" y a la fecha, ni una gota.
Ella y Naty Cedeño no nos dejaron ir sin antes hacernos partícipe de la desesperación que los agobia al tener más de un mes sin agua. "Antes de los carnavales", dice Naty y el conductor del cisterna que recorre la comunidad, les ha aclarado, ya en varias ocasiones, que no tiene autorización para repartir en ese sector, así es que pasa y "sigue de largo".
Unas casas más adelante, la familia de Nicolás De Salas meditaba en el portal, qué será de ellos a la llegada de la época escolar. Deben levantarse a las 3:00 a.m. porque a las 5:00 de la mañana ya no hay agua.
Petra, por su parte, tal vez pueda aprovechar unas horas de la tarde para tomar una siesta, por fortuna está jubilada, mientras que al esposo de Verónica Hernández, en el sector de Rubén Darío Paredes del corregimiento 24 de diciembre le toca irse a trabajar con sueño.
Lo mismo le ocurre a Patrocinio Gutiérrez, propietario de la tienda Merily y a Viena Mosquera, de 31 años. Trasnochados y lamentablemente no por una rumba o "un arranque", dicho en buen panameño.
A eso de las 3:00 de la madrugada están en lo mejor del llenado de tanques y cubos, a esa hora empieza su faena. Y si en la ciudad llueva, en las afueras no escampa. La joven Vanessa González está indignada. Le resulta incomprensible que hace más de ocho años no reciban el suministro del líquido como se debe y eso sí, "el recibo no falta". Pagan hasta 12 balboas por mes.
Vive en Mano de Piedra y asegura que la generosidad de la vecina les permite barajar el asunto, aunque se pregunta en tono desesperanzador: "¿hasta cuándo?...
Por su parte, el director regional de Salud de Coclé, Aurelio Rangel, explicó que confrontan problemas en áreas inaccesibles para la colocación de acueductos rurales, pero señaló también que están efectuando estudios para dotar a estos campesinos de Río Indio y otros sectores, de agua potable clorada para evitar enfermedades.

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