Los sentidos del Presidente
En política los cinco sentidos son importantes, pues gobernar es como navegar. Pero no son los cinco sentidos comunes. Son los cinco sentidos de la política: hay que aprender a ver más allá de los propios intereses; hay que aprender a escuchar el mensaje de los que, sin ser enemigos, no son acólitos; hay que desarrollar el gusto por los límites, como una buena técnica para mantener la salud mental desde el poder; hay que poner en práctica el olfato para detectar rápidamente cuando hay algo podrido en casa; y finalmente, hay que tener tacto para saber andar sobre temas delicados y no romper cosas que no tienen remedio. Las reacciones de voceros gubernamentales a un sondeo de opinión publicado recientemente sugieren que el Presidente no podrá escuchar con claridad el mensaje que la ciudadanía le ha enviado, debido al griterío de sospechoso júbilo que han organizado los que ahora viven de ser políticos en su entorno inmediato. Si, además, su mirada está fuera de foco, porque no ha podido trazarse objetivos claros de gobierno, si su olfato está confundido porque no se ha dado cuenta que la porquería está muy cerca de casa, si su andar es torpe y comete errores innecesarios, y además ha desarrollado una desmedida inclinación por apoderarse de la jefatura de todas las instituciones del Estado, entonces hay que concluir que la nave del Estado va por un camino de aguas turbias y turbulentas. Encallar no es malo, si la alternativa es hundirse.