Los Spadafora Franco y Torrijos Espino II
Al fallecer en lo que se reconoció de manera oficial como un accidente aéreo, el General Torrijos da paso a un grupo de ambiciosos militares, cegados por los chispazos del poder. Se suceden entre 1981 y1983, tres coroneles, Flores, Paredes y Noriega, que a excepción del primero, ostentaron el rango de General de Brigada, Jefe de la Guardia Nacional y de las llamadas Fuerzas de Defensa.
Como era de esperarse, Hugo Spadafora continuó con su periplo revolucionario, apoyando a los sandinistas contra la llamada "contra", en lo que sería la continuación de la guerra fratricida entre los de la tierra del pinol, los lagos y los volcanes.
Pero no es la misma situación. El ahora General Noriega, es un individuo con un desmedido apetito por el poder y ve en Hugo, un adversario tenaz, sobre todo cuando el médico revolucionario se percata de la insania con que el militar condiciona sus actividades a la influencia de grupos ilegales cuyo negocio es el tráfico de sustancias adictivas. Spadafora denuncia este hecho oscuro y deleznable una y otra vez y no pasa mucho tiempo para que el adalid de las causas de los pueblos abandonados, sea cobardemente asesinado un 13 de septiembre de 1985.
Pero la ruindad y la vileza no tienen asidero en las mentes ni en los corazones de la población panameña, pronto se organizaron valientes jornadas de protesta en donde destaca otro vástago de la muy noble familia chitreana, Winston Spadafora Franco.
Winnie, como es llamado por sus allegados y amigos, es un profesional del derecho, graduado en Italia, en la más antigua Facultad de Derecho del mundo, en Bolonia, con una formación sustentada por el legado de la más preclara tradición instaurada por el Derecho Romano, matriz innegable de la jurisprudencia occidental.
Winston toma la bandera manchada con la sangre del hermano sacrificado en los altares del odio y de la inquina y decide, junto a su padre y sus hermanas, realizar una afanosa marcha hacia la ciudad capital, para reclamar justicia por la inesperada muerte de su hermano Hugo.
Pero el esfuerzo de los Spadafora Franco no era un arado en terreno arenoso. Pronto, a lo largo del recorrido, se fueron incorporando cientos y miles de personas, cuyo único fin era el establecimiento de la verdad y la consumación de la justicia para el médico guerrillero.
No fueron pocos los recursos legales interpuestos por el abogado chitreano; no hubo momento de descanso para sus motivaciones mientras las escalinatas de los tribunales gastaban sus calzados en la busca de la justicia. Y el recibimiento póstumo del cuerpo de Hugo en Chitré fueron el inicio del fin de la dictadura. Estos dos hechos, dolorosos para la familia Spadafora, cuyos representantes ante los manipulados y envilecidos estrados de la época, eran para Melo Spadafora, el padre desgarrado por el dolor de la muerte del valeroso hijo y Winnie, erguido sobre esta adversidad con la enseña del honor ondeando en sus firmes manos, surgían en defensa de la civilidad.
Sin embargo, con todo el apoyo del pueblo, de la solidaridad de los grupos combatientes fieles a Hugo y a su legado, la verdad fue ocultada y enturbiado su rostro con los increíbles desmanes de las mentes torcidas de los esbirros de los cuarteles.
Así tuvo el pueblo la oportunidad renaciente de organizar el movimiento que se llamó la Cruzada Civilista Nacional, entre cuyos principales gestores estaba Winston Spadafora Franco, a quien no tardaría en golpearle otra vez en el corazón el destino aciago. La muerte del padre, del ejemplo, la desaparición de la base firme, el desvanecimiento de la roca golpeada por la tempestad, laceró la voluntad de Winston, más no así, su inquebrantable amor paternal y fraternal, veta inacabable de su posterior entrega.
Y la lucha no tuvo reparos. Mientras la tiranía incrementaba su dosis de martirio y opresión, los Spadafora, ahora bajo la guía de Winston, continuaban su lucha por rescatar de las mazmorras del olvido la dignidad de su hermano asesinado.
Como era de esperarse, Hugo Spadafora continuó con su periplo revolucionario, apoyando a los sandinistas contra la llamada "contra", en lo que sería la continuación de la guerra fratricida entre los de la tierra del pinol, los lagos y los volcanes.
Pero no es la misma situación. El ahora General Noriega, es un individuo con un desmedido apetito por el poder y ve en Hugo, un adversario tenaz, sobre todo cuando el médico revolucionario se percata de la insania con que el militar condiciona sus actividades a la influencia de grupos ilegales cuyo negocio es el tráfico de sustancias adictivas. Spadafora denuncia este hecho oscuro y deleznable una y otra vez y no pasa mucho tiempo para que el adalid de las causas de los pueblos abandonados, sea cobardemente asesinado un 13 de septiembre de 1985.
Pero la ruindad y la vileza no tienen asidero en las mentes ni en los corazones de la población panameña, pronto se organizaron valientes jornadas de protesta en donde destaca otro vástago de la muy noble familia chitreana, Winston Spadafora Franco.
Winnie, como es llamado por sus allegados y amigos, es un profesional del derecho, graduado en Italia, en la más antigua Facultad de Derecho del mundo, en Bolonia, con una formación sustentada por el legado de la más preclara tradición instaurada por el Derecho Romano, matriz innegable de la jurisprudencia occidental.
Winston toma la bandera manchada con la sangre del hermano sacrificado en los altares del odio y de la inquina y decide, junto a su padre y sus hermanas, realizar una afanosa marcha hacia la ciudad capital, para reclamar justicia por la inesperada muerte de su hermano Hugo.
Pero el esfuerzo de los Spadafora Franco no era un arado en terreno arenoso. Pronto, a lo largo del recorrido, se fueron incorporando cientos y miles de personas, cuyo único fin era el establecimiento de la verdad y la consumación de la justicia para el médico guerrillero.
No fueron pocos los recursos legales interpuestos por el abogado chitreano; no hubo momento de descanso para sus motivaciones mientras las escalinatas de los tribunales gastaban sus calzados en la busca de la justicia. Y el recibimiento póstumo del cuerpo de Hugo en Chitré fueron el inicio del fin de la dictadura. Estos dos hechos, dolorosos para la familia Spadafora, cuyos representantes ante los manipulados y envilecidos estrados de la época, eran para Melo Spadafora, el padre desgarrado por el dolor de la muerte del valeroso hijo y Winnie, erguido sobre esta adversidad con la enseña del honor ondeando en sus firmes manos, surgían en defensa de la civilidad.
Sin embargo, con todo el apoyo del pueblo, de la solidaridad de los grupos combatientes fieles a Hugo y a su legado, la verdad fue ocultada y enturbiado su rostro con los increíbles desmanes de las mentes torcidas de los esbirros de los cuarteles.
Así tuvo el pueblo la oportunidad renaciente de organizar el movimiento que se llamó la Cruzada Civilista Nacional, entre cuyos principales gestores estaba Winston Spadafora Franco, a quien no tardaría en golpearle otra vez en el corazón el destino aciago. La muerte del padre, del ejemplo, la desaparición de la base firme, el desvanecimiento de la roca golpeada por la tempestad, laceró la voluntad de Winston, más no así, su inquebrantable amor paternal y fraternal, veta inacabable de su posterior entrega.
Y la lucha no tuvo reparos. Mientras la tiranía incrementaba su dosis de martirio y opresión, los Spadafora, ahora bajo la guía de Winston, continuaban su lucha por rescatar de las mazmorras del olvido la dignidad de su hermano asesinado.