Los taxis también
Los desmanes de los conductores de "diablos rojos" y el pésimo servicio que prestan, nos han hecho olvidar por momentos a los conductores de taxis. Son gente, de ordinario, tan desalmada como los "pavos" y buseros. Por allí andan, hechos el diablo, atropellando gente, chocando y dándose a la fuga, violando cuanta ley exista, pitando sin necesidad, echándole el carro a los demás y negándose a llevar al pasajero con su odioso: "No voy pa´ ya". Ese servicio debe ser ordenado con tanta urgencia como el colectivo.
Pero a diferencia de los buses, la solución para el servicio de taxis es sencilla y barata; y consiste en dejar la tarea al mercado. Si lo hacemos, al cabo de dos o tres años, tendremos un servicio de transporte selectivo, de los mejores del mundo, con vehículos del año, con aire acondicionado, conductores decentes y bien vestidos, prestos siempre a llevar al pasajero a donde éste quiera, no a la inversa, cobrando tarifas objetivas y justas, y conduciendo con respeto a las reglas.
Para hacerlo, todo lo que hay que hacer es abrir a licitación de la inversión privada una nueva línea de taxis, con las especificaciones indicadas, que pague salario mínimo y demás prestaciones sociales a sus conductores, dotados de radio y taxímetros programados, que cobren con arreglo a dos factores promediados, tiempo y distancia. El usuario que los contrate sabrá las reglas y tendrá la opción de aventurarse con alguno de los maleantes tradicionales en una cafetera rodante y maloliente, compartida sin consulta con extraños, a tarifa dizque fija; o pagar un poco más por un servicio tipo "cuatro estrellas", exclusivo y decente.
Con que se abra el compás con una sola, los demás no tendrán más remedio que competir al mismo nivel de calidad o perecer. El consumidor, que no es masoquista, preferirá el nuevo servicio, no importa el nivel de sus ingresos, por la misma razón que uno ve a gente muy pobre arreglándoselas para lucir en la mano los celulares y marcas más caras.
Pero a diferencia de los buses, la solución para el servicio de taxis es sencilla y barata; y consiste en dejar la tarea al mercado. Si lo hacemos, al cabo de dos o tres años, tendremos un servicio de transporte selectivo, de los mejores del mundo, con vehículos del año, con aire acondicionado, conductores decentes y bien vestidos, prestos siempre a llevar al pasajero a donde éste quiera, no a la inversa, cobrando tarifas objetivas y justas, y conduciendo con respeto a las reglas.
Para hacerlo, todo lo que hay que hacer es abrir a licitación de la inversión privada una nueva línea de taxis, con las especificaciones indicadas, que pague salario mínimo y demás prestaciones sociales a sus conductores, dotados de radio y taxímetros programados, que cobren con arreglo a dos factores promediados, tiempo y distancia. El usuario que los contrate sabrá las reglas y tendrá la opción de aventurarse con alguno de los maleantes tradicionales en una cafetera rodante y maloliente, compartida sin consulta con extraños, a tarifa dizque fija; o pagar un poco más por un servicio tipo "cuatro estrellas", exclusivo y decente.
Con que se abra el compás con una sola, los demás no tendrán más remedio que competir al mismo nivel de calidad o perecer. El consumidor, que no es masoquista, preferirá el nuevo servicio, no importa el nivel de sus ingresos, por la misma razón que uno ve a gente muy pobre arreglándoselas para lucir en la mano los celulares y marcas más caras.