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Los tentáculos del poder


Con este artículo inicio hoy mi colaboración regular en el espacio que gentilmente me ha ofrecido El Panamá América. Por supuesto, el primer tema que abordaré está relacionado con el caso PECC y empezaré por decir que no soy accionista de PECC ni de ninguna empresa que a su vez es accionista de PECC. En las instancias correspondientes podré demostrarlo. En este escrito explicaré que, al margen de otras razones, mucho de lo actuado por el Contralor tiene que ver con deseos de venganza de ofensas imaginarias.
A raíz de una publicación, cuya fuente fue Alvin Weeden, escrita por dos periodistas del diario La Prensa al más puro estilo de los periódicos de la ERSA de Noriega, muchas personas me llamaron asombradas del ensañamiento con nosotros. El asombro es porque conocen que con él y su esposa tuvimos una muy estrecha amistad. Tanto, que en 1988 estuvieron escondidos en nuestra casa. Para no poner en peligro a nuestros hijos pequeños, nos fuimos a nuestra casa en Coronado (sí lectores, entonces y desde mucho antes teníamos casa en Coronado, una buena casa en la ciudad además de terrenos, apartamentos y locales comerciales, lo que cualquier interesado puede comprobar en el Registro Público).
La última vez que hablé con Alvin Weeden fue en el mes de julio de 1999 cuando ya electo el gobierno arnulfista nos encontramos en una fiesta de un amigo común. Allí me dijo que su intención era ser Contralor General de la República. Meses después y cuando ya estaba su nombramiento sujeto a ratificación en la Asamblea, recibí el mensaje de que él y su hermano George estaban disgustados porque nos habíamos “cambiado” a las filas del enemigo (se referían básicamente a que fuimos activos civilistas, apoyamos la nómina civilista en las elecciones de 1989, mi esposo trabajó brevemente con quien también era nuestro amigo, Jerry Salazar, en la Autoridad Portuaria Nacional, renunció para dedicarse como consultor del BID y del PNUD al programa de reformas portuarias, en 1994 aceptó una posición que le ofreció Ernesto Pérez Balladares para poner en práctica las reformas y en 1998 se inscribió en el PRD).
A poco de ser ratificado como Contralor, un amigo común me dijo que éste nos tenía una “factura” que se iba a cobrar. Que alguien (nunca supe quién) le aseguró que yo le di a la legisladora Teresita de Arias el expediente que llevó a la Asamblea Legislativa para oponerse a su ratificación por haber participado en supuestas actividades de lavado de dinero. Por supuesto que no era yo quien le había dado ese expediente, ya que nunca lo he visto. Hace tan sólo unos meses, cuando Alvin Weeden salió en los medios lanzando fuertes epítetos contra varias personas, incluido mi esposo, la legisladora Arias me contó que durante las sesiones en la Asamblea, donde ella se opuso a la ratificación del Contralor, éste le pidió que fuera comedida, que no le “dañara” su reputación porque él tenía hijas que se verían afectadas. Sin embargo, en el caso PECC, dando información amañada, ha hecho todo lo posible por hacer aparecer como sospechosas transacciones regulares que hacen las empresas privadas y que no tienen nada que ver con dineros del Estado. Con la ayuda de algunos periodistas de otro diario , y quizás con el visto bueno de algunos directivos y accionistas, no ha tenido reparo en tratar de denigrarnos.
Le pregunto a Alvin Weeden, hoy Contralor de la República: ¿Y nosotros no tenemos hijos? ¿Por qué despiadadamente ha tratado de ensuciar el nombre de nuestra familia y no se ha medido en ello? Imagino que siente que nos está pasando la “factura” de ofensas que sólo están en su imaginación. Sabe, al igual que algunos de sus protectores, que toda mi familia es honesta y trabajadora y que por línea materna tengo una herencia producto del trabajo arduo y tesonero en la provincia de Herrera del hombre de bien que fue mi abuelo, David “Bilo” Delgado. Mi esposo y yo tenemos una buena preparación académica, no tenemos vicios ni nos damos lujos excesivos. Hemos trabajado toda la vida, pero además hemos invertido en bienes raíces y nos ha ido muy bien, (eso lo sabe con pruebas al canto uno de los mentores de Weeden). Aún así no tenemos millones de dólares, ni mucho menos. Seguimos trabajando en el sector privado, como lo hemos hecho casi toda la vida. Ni antes, ni ahora, necesitamos hacer nada ilegal o inmoral para vivir decorosamente.
Y si de relaciones familiares y amicales se trata, puedo escribir un artículo diario y sacar conclusiones sobre muchas personas en este pequeño país que se presentan como transparentes y que creen que tienen el privilegio de decidir quién es honesto y decente y quién no lo es.
Abusando de su cargo de Contralor, en éste y otros casos, Alvin Weeden ha perjudicado a empresas y a mucha gente. Me he enterado de casos que asombran. No lo denuncian porque le temen y porque tiene el apoyo incondicional de otro diario. Algunos amigos me han aconsejado que no le conteste porque él tiene tanto poder, amén de un selecto grupo de protectores, que me puede hacer mucho daño. Pero yo creo, como recientemente escribió un amigo del Contralor, que tenemos que perder el miedo. El miedo a los tentáculos del poder que se ejerce desde un puesto público o desde un medio de comunicación.
En lo que se refiere a PECC, ha hecho de todo. Conozco a su presidente, Charles Jumet, y a los otros norteamericanos que vinieron a Panamá atraídos por la oportunidad de inversiones. Efectivamente mi esposo mantiene una relación de trabajo con ellos, totalmente legal, iniciada en el año 2000. Son hombres decentes y no maleantes como escribió uno de los protectores del Contralor. PECC estaba trabajando bien hasta que Alvin Weeden inició una serie de acciones en su contra. Bajo una falsa acusación de lesión patrimonial, porque según él la empresa no cumplía, la Contraloría se tomó las instalaciones, puso un administrador que al poco tiempo renunció. Puso a otro y la sorpresa es que la empresa sigue dando el servicio que nunca había dejado de prestar.
La Dirección de Responsabilidad Patrimonial, cuyo presidente es un exempleado de Alvin Weeden, inventó pruebas, tergiversó documentación, involucró a por lo menos 30 personas, acusó a gente honesta, a profesionales decentes que viven dignamente de su trabajo. Los han citado a la Contraloría y los interrogan como a criminales.
¿Por qué actuó así Alvin Weeden? Sólo él y sus allegados lo saben. Recientemente quedé sorprendida cuando le escuché quejarse de la “campaña” que, según él, le estaban montando para desprestigiarlo y dijo que le dejaba eso a la justicia y a Dios. ¿Quién se ha pasado tres meses citando a conferencias de prensa, pagando anuncios y recientemente preparando información selectiva para algunos periodistas a fin de mantener un caso en los medios y dañar a tantas personas decentes?: Alvin Weeden. Sí, definitivamente que todo queda en manos de la justicia y de Dios.

101 años de Panamá América

 
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