Los TLC y sus riesgos
Mucho leemos y escuchamos en programas de opinión temas sobre los Tratados de Libre Comercio (TLC) que se venden como la solución más apropiada a los problemas del desarrollo económico y a la expansión de las actividades comerciales. Es preciso explicar que todos los países mantenían un régimen arancelario y tributario que castigaba la libre importación y exportación de productos de cualquier otra nación. La falta de uniformidad en dichos gravámenes y la distinta aplicación de los impuestos contenían el comercio que los países avanzados tecnológicamente necesitaban desarrollar allende sus fronteras, asegurando un mercado para aquellos excedentes de productos que no consumían en su lugar de origen. Así surgió el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, desde el 1 de enero de 1948. Con el advenimiento de la OMC, en su regulación actual, se ha forzado el ingreso de los países a un régimen económico que ha incrementado la pobreza, colocando en manos de quienes tienen acceso a la tecnología, la posibilidad de sobrevivir ante la voracidad de los más poderosos y de los industrializados, cuyos productos invaden los mercados internacionales, eliminando en cada país a los pequeños productores que mantenían una economía de supervivencia.
Leer y entender el laberinto de reglas de la OMC, lo mismo que tratar de aplicarlas a los que gobiernan el organismo, es ilusión para los subdesarrollados. El grupo de Asia, la Unión Europea y Estados Unidos constituyen la fuerza motriz de la OMC, que recoge con inusitada frecuencia las demandas de incumplimiento y abusos que entre esos grupos económicos se presentan recíprocamente. El desaliento y frustración en las naciones del Tercer Mundo, como nos califican, se evidencia en las convocatorias para discutir sus temas, por lo que se han creado grupos internacionales que acuden a protestar en cualquier lugar donde haya reunión de la OMC.
Los TLC han venido a disimular el estrangulamiento económico que los países industrializados ejercen sobre los menos desarrollados. Su negociación complicada y demorada, permite imponer reglas que el poderoso obliga a aceptar al débil. Bajo la premisa de mercados abiertos, abrimos las fronteras y eliminamos los gravámenes a las economías de alta producción tecnológica, que a su vez adquieren de forma limitada y con restricciones insuperables, algunos productos, a cambio de que recibamos los excedentes de una producción subsidiada y de baja calidad. Cuando la negociación se hace colectivamente, esto es, con grupo de naciones, se aprovechan de necesidades comunes para insertar reglas que en convenios bilaterales podrían ser rechazadas. La eliminación de aranceles e impuestos de importación y exportación de productos, no es una realidad verificable en las economías fuertes. Los reclamos de la Unión Europea contra EU son una pequeña muestra de esta afirmación.
Para comprometernos en un TLC debemos saber cuál es el listado de productos que nos va a comparar la contraparte y la regulación fito-sanitaria aplicable a cada uno de ellos. El precio es materia de mercadeo entre los exportadores y la barra de intermediarios que conforman personas contra las que existan reclamos por falta de pago de remesas. Bajo el pretexto de su seguridad nacional, EU ha emitido una ley que adiciona exigencias del sector agropecuario, cuyos productos deben reunir condiciones cada vez más técnicas y costosas, mientras ellos envían sobrantes insalubres, porque somos del Tercer Mundo y el pretexto del terrorismo les favorece y ponen condiciones unilaterales pese a los acuerdos o los TLC.
Un TLC debe negociarse sobre agendas concertadas con todos los sectores afectados o beneficiados, donde se incluyan los productos que pueden ser objeto del mismo, y también se excluyan los que por seguridad nacional, no deben someterse o arriesgarse en estos acuerdos. Pensemos en producción, en servicios y en toda la gama de actividades que puedan afectar la economía nacional, y hagamos conciencia de los riesgos que implica una negociación inclinada a un solo lado, porque una vez aprobado se tendrá que permitir su ejecución. Los TLC, así como representan un beneficio, tienen como contrapartida un perjuicio.
Leer y entender el laberinto de reglas de la OMC, lo mismo que tratar de aplicarlas a los que gobiernan el organismo, es ilusión para los subdesarrollados. El grupo de Asia, la Unión Europea y Estados Unidos constituyen la fuerza motriz de la OMC, que recoge con inusitada frecuencia las demandas de incumplimiento y abusos que entre esos grupos económicos se presentan recíprocamente. El desaliento y frustración en las naciones del Tercer Mundo, como nos califican, se evidencia en las convocatorias para discutir sus temas, por lo que se han creado grupos internacionales que acuden a protestar en cualquier lugar donde haya reunión de la OMC.
Los TLC han venido a disimular el estrangulamiento económico que los países industrializados ejercen sobre los menos desarrollados. Su negociación complicada y demorada, permite imponer reglas que el poderoso obliga a aceptar al débil. Bajo la premisa de mercados abiertos, abrimos las fronteras y eliminamos los gravámenes a las economías de alta producción tecnológica, que a su vez adquieren de forma limitada y con restricciones insuperables, algunos productos, a cambio de que recibamos los excedentes de una producción subsidiada y de baja calidad. Cuando la negociación se hace colectivamente, esto es, con grupo de naciones, se aprovechan de necesidades comunes para insertar reglas que en convenios bilaterales podrían ser rechazadas. La eliminación de aranceles e impuestos de importación y exportación de productos, no es una realidad verificable en las economías fuertes. Los reclamos de la Unión Europea contra EU son una pequeña muestra de esta afirmación.
Para comprometernos en un TLC debemos saber cuál es el listado de productos que nos va a comparar la contraparte y la regulación fito-sanitaria aplicable a cada uno de ellos. El precio es materia de mercadeo entre los exportadores y la barra de intermediarios que conforman personas contra las que existan reclamos por falta de pago de remesas. Bajo el pretexto de su seguridad nacional, EU ha emitido una ley que adiciona exigencias del sector agropecuario, cuyos productos deben reunir condiciones cada vez más técnicas y costosas, mientras ellos envían sobrantes insalubres, porque somos del Tercer Mundo y el pretexto del terrorismo les favorece y ponen condiciones unilaterales pese a los acuerdos o los TLC.
Un TLC debe negociarse sobre agendas concertadas con todos los sectores afectados o beneficiados, donde se incluyan los productos que pueden ser objeto del mismo, y también se excluyan los que por seguridad nacional, no deben someterse o arriesgarse en estos acuerdos. Pensemos en producción, en servicios y en toda la gama de actividades que puedan afectar la economía nacional, y hagamos conciencia de los riesgos que implica una negociación inclinada a un solo lado, porque una vez aprobado se tendrá que permitir su ejecución. Los TLC, así como representan un beneficio, tienen como contrapartida un perjuicio.