Los toros y Cataluña (I)
Querido Director,
Recordará que hace unos meses y como de pasada, le comenté que se había presentado en el Parlamento de Cataluña una proposición de Ley que, enmascarada bajo la loable intención de proteger a los animales domésticos, incluía la supresión de las corridas de toros en las cuatro provincias de la comunidad. Lo que parecía una broma más del separatismo, se ha convertido en una realidad y la Ley ha sido aprobada y entrará en vigor el 1 de enero de 2012. Quien conoce Barcelona sabe que es una ciudad de contrastes y que en los últimos 15 años ha sufrido una importante transformación urbanística, pero hay algo que ni el barcelonés ni el viajero pueden evitar, que es pasar casi todos los días por delante de la Plaza Monumental, que con capacidad para 21,000 espectadores ofrece no menos de 40 corridas al año. Además de servir de satisfacción a los aficionados, es también un atractivo turístico que genera importantes ingresos como todo lo que rodea al mundo del toro.
Usted me preguntará cuál es el origen de esta prohibición, que además ha sido votada por muchos diputados regionales de diversos partidos no españolistas. La razón es la misma por la que se prohibió la transmisión en pantallas gigantes de nuestros triunfos en el fútbol o se multa a los taxistas que llevan cualquier distintivo con la bandera española; es decir el odio a todo lo que signifique España, su historia, su Imperio o también sus muchos defectos y miserias, que son las que todos los días se nos echan en cara por parte de los nuevos nacionalistas y que le quiero confesar, nos tienen verdaderamente Hartos. La prohibición afecta sólo a las corridas de toros, donde por Ley estatal se tiene que exhibir la bandera española, la mayoría de los toreros son andaluces, el 98% de las ganadería no son de Cataluña y, para colmo, la banda de música toca constantemente la melodía más española y también más mundialmente reconocida: El Pasodoble. ¿Quién no se ha emocionado en una tarde de toros cuando suena el pasodoble y el torero se arrima al astado, jugándose la vida, armado sólo de un trapo rojo llamado muleta? ¿Quién no se ha levantado de su asiento cuando muchas veces un muchacho que no llega a 20 años enfrentado a un animal salvaje de casi 600 Kg. le ha dado tres verónicas ajustadas y ha salido del trance de espalda y mirando al tendido? ¿Qué mujer de cualquier edad o condición, estando en la plaza o viendo la corrida por televisión, no ha soñado –aunque sea castamente- en recibir, primero el brindis del torero y después compartir un rato su gloria? Pues bien, todo esto y mucho más es lo que una banda de politicastros, la mayoría de ellos sin estudios secundarios, (como el propio Presidente Montilla) y lo que es más grave, muchos de ellos nacidos en Andalucía, patria indiscutible del toreo español, han convertido en una Ley opresiva, dictatorial y casi seguro, inconstitucional, pues las competencias autonómicas prevén la regulación de espectáculos públicos y no hace falta ser Catedrático de Derecho para saber que regular no es prohibir, sino acomodar lo ya existente.
Usted también me preguntará qué opina la ciudadanía e incluso a título indicativo, qué opina la ciudadanía de Cataluña. Pues en el conjunto de España, el 84% de los españoles está en contra de la prohibición y en Cataluña ese porcentaje desciende al 61%, pero siempre amplia mayoría a favor de la Fiesta de los Toros, en el sentido de que el que quiera y además, pagando, disfrute de lo que sin duda es un arte. Para que se haga una idea de cómo están los ánimos, el gran torero Paco Camino ha declarado “El Rey que come de la sopa boba, no se define”. D. Juan Carlos es muy aficionado a los toros.
Atentamente,