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Los trabajadores no tienen la culpa


No contabilizamos cuántas ocasiones nos hemos referido al problema de la "globalización", acabamos hace unos días de hacerlo y evidentemente ésta no será la última. Pensamos que el presente gobierno iba a romper las cadenas de este sistema, al menos así lo dieron a entrever, pues fueron los mayores críticos cuando el pasado gobierno abogaba por las bondades de la globalización. Pero hoy vemos decepcionados que se han convertido en sus mayores propulsores, a pesar de la miseria y penuria que causa entre la clase trabajadora.
La palabra globalización ha sonado tantas veces en los discursos de los economistas que muchas personas, aburridas de escucharla, la están dejando a un lado sin haber comprendido su dimensión. Pareciera que los actuales gobernantes no se han percatado que la globalización es una estrategia económica donde muy pocos son los que perciben ganancia y muchísimos los perdedores. Los neoliberales propugnan la privatización, desregulación y globalización del mercado, lo que permitiría que la economía sea consecuencia principalmente de la actividad mercantil privada y no de la planificación del Estado. Un mercado global así concebido daría la posibilidad a las grandes multinacionales de marcar, aún más, las líneas económicas fundamentales. Conseguirían que el Ejecutivo y Legislativo se abstengan, no intervengan, dejando recaer en las estrategias particulares la estructuración económica. Es decir, cambiarían planificación pública por estrategia privada.
El movimiento obrero de Seatle, que por cierto no se le dio suficiente cobertura en los medios de comunicación locales, no pudo mandar un mensaje más claro: la era de las negociaciones de intercambio comercial, conducidas por elites y tomando solamente intereses comerciales, ha cesado.
Las fuerzas económicas que han intervenido en la desregulación del orden existente han minado las estructuras sociales e ignorado a las mayorías y esta actitud tiene que cesar si se desea que el sistema capitalista sobreviva. Es menester que se tomen en cuenta los intereses de los trabajadores quienes no tienen siquiera la capacidad de adquirir los productos que producen. También tienen que cesar las actitudes que cada vez que se trata de dignificar el trabajo se dice que es "populismo" y se rechaza alegando, en forma peyorativa, que se trata de crear un "Estado Paternalista".
El sistema económico que pretenda ignorar lo anterior significa retroceso y no avance ya que la prosperidad no tiene sentido si no es compartida por todos, sobre todo con los que la producen y donde no se trate a los trabajadores con dignidad y respeto jamás habrá una distribución equitativa.
Además, como se ha expresado un sin número de ocasiones, pero que pareciera no comprenderlo los productores, el compartir bienestar o riqueza acrecienta el poder adquisitivo de los trabajadores creando nuevas demandas, que a su vez absorbe nueva capacidad de trabajo. Hay que darle a los trabajadores un sitial digno en la economía de la que son parte importante.
Lamentablemente estamos frente a unos trazadores de la política económica miopes pues son muchos los trabajadores que están perdiendo sus trabajos con "la globalización". Reportes económicos muestran evidencias de que "la globalización" está dramáticamente incrementando la desigualdad entre las naciones y entre los ciudadanos de los países como nunca antes. La globalización ha sido capaz de crear un "desbalance", único en la riqueza, a tal punto que la riqueza de los doscientos hombres más ricos, según estadísticas levantadas a tal efecto, equivale al ingreso de 2 mil millones de personas en el otro extremo de la economía de la "globalización".
Los beneficios de la riqueza creada por la "globalización" está repartida sin equidad gracias al puñado de países y compañías que trazan las reglas de los mercados. La mayoría del intercambio comercial tiene lugar entre los países industrializados dominados por corporaciones globales que controlan un tercio de las exportaciones mundiales.
El incremento del intercambio comercial entre los países tampoco se ha traducido en crecimiento uniforme entre éstos. Entre 1980 a 1996, de acuerdo con cifras que manejan algunos economistas, sólo 33 países han mantenido un crecimiento del 3% anual y 59 lo han hecho por debajo. Ochenta países han bajado su ingreso per cápita al que mantenían hace una década o más. Millones de trabajadores han y están perdiendo sus plazas de trabajo y los gobiernos no tienen la fuerza para asistirlos ya que con las privatizaciones y otras medidas éstos han perdido su fuerza, lo que ha obligado a los trabajadores a emigrar y ofrecer su esfuerzo y trabajo por salarios por debajo de la subsistencia.
Sólo un puñado de países lograron dramáticos avances con la globalización e irónicamente ellos son los países del Este de Asia que no aplicaron las reglas de las IFIs con relación a la privatización, desregulación, austeridad fiscal y bajar las barreras arancelarias. La mayoría de estos países protegieron sus mercados, redistribuyeron la tierra, invirtieron en educación, subsidiaron sus exportaciones, es decir, todo lo contrario a lo que Washington y las IFIs estuvieron recomendando durante todo el período de la Guerra Fría. Posteriormente, cuando se implementaron las medidas económicas, objeto de la presión de las IFIs, provino la debacle económica que ha causado en esos países que millones de trabajadores regresen a la pobreza. En América, por ejemplo, tenemos a México cuya economía no se ha recuperado desde la crisis de 1996 ya que muchos dueños de pequeñas empresas quedaron arruinados y de acuerdo con algunos entendidos en economía los trabajadores han perdido el 25% de su capacidad de adquirir bienes.
Definitivamente que existe un marcado contraste entre el color rosado que nos pintan los promotores de la globalización y la realidad que están viviendo la mayoría de los países bajo este absurdo sistema económico. En Panamá se escuchan, actualmente, voces de alarma por la desaceleración de la economía y ello no debe ser motivo de asombro para nadie ya que el paro causado por la globalización no permite que se incorporen a la economía nuevos elementos activos. En vez de sumar estamos restando y por lo tanto en vez de avanzar estamos retrocediendo. No creo que sea muy difícil entenderlo, ¿o sí?

101 años de Panamá América

 
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