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Los tranques: el pan nuestro de cada día


El embotellamiento vehicular es un problema de la mayoría de las grandes ciudades del mundo. Panamá no es la excepción. Lo que me preocupa es qué se está haciendo al respecto. En los últimos años se han realizados proyectos aislados que han ayudado a paliar la situación, como son la construcción de los corredores norte y sur, la construcción de puentes en intersecciones congestionadas y nuevos centros comerciales en las afueras, que han dispersado el flujo de vehículos a diferentes puntos, aliviando el centro. Sin embargo, estas soluciones no han sido suficientes.
Para el futuro, se habla de un monoriel, de hacer más puentes elevados, del ensanche de avenidas, y del escalonamiento de horarios. Pero todas estas soluciones son aisladas, y no responden a un plan unitario, bien planificado, con objetivos y metas a corto, mediano y largo plazo, ni definen las entidades u organizaciones responsables. Además de que estamos desorganizados en cuanto a la planificación, en Panamá tenemos el problema de que nuestra ciudad es un embudo, y que nuestra cultura carece por completo de cortesía vial. Aquí nos regimos por la regla del "quítate tú pa" ponerme yo", y muchos conductores prefieren quedarse trancados, antes de ceder el paso. Antes, el problema de los tranques sólo se producía en las horas pico, pero ya se ha convertido en un problema permanente, que se da en casi todas las horas del día.
Muchas son las razones que han provocado esta situación: el aumento constante del número de vehículos; la construcción de grandes edificios en reemplazo de viejas residencias individuales, aumentando la densidad de población; un sinnúmero de calles viejas y estrechas, cuya anchura no ha variado, a pesar del aumento de densidad; centros comerciales; nuevos negocios que requieren más espacio de estacionamiento, lo que reduce las vías de circulación; la mezcla de vehículos rápidos, como autos particulares, con lentos, como autobuses, camiones, bicicletas y carretillas; la falta de semáforos o semáforos mal sincronizados o manejados manualmente; manifestaciones de grupos insatisfechos en la vía pública; y finalmente, el manejo desordenado, la falta de cortesía vial y la desobediencia de las reglas del tránsito. A todo esto, podemos agregar los accidentes vehiculares en plena vía pública, que causan tranques esporádicos, agravados por la demora de las autoridades del tránsito en atenderlos.
Como vemos, el problema es complejo, por lo que se necesita una organización técnica que le dé un seguimiento continuo al comportamiento del flujo vehicular diario y defina las necesidades del transporte individual y colectivo. Con la organización y el personal técnico adecuado, se puede lograr la coordinación necesaria entre diferentes organismos e instituciones responsables, dentro del marco de una solución integral, continua y definitiva. Nos corresponde preguntarnos, ¿quién lideraría la solución integral, y quiénes formarían parte de esta organización? Se me ocurre que podrían ser: la Dirección de Tránsito y Transporte Terrestre, el Ministerio de Obras Públicas, el Ministerio de la Vivienda, en lo relativo al desarrollo urbano y los municipios que forman parte de la urbe.
El plan general puede solucionar algunos problemas, mientras que otros, sólo los podrá aliviar. Unos necesitan inversiones; otros, reglamentación y supervisión; otros, simplemente la presencia de la autoridad. No obstante, sí se puede evitar el congestionamiento hasta llegar a un punto en que sea tolerable, como se ha hecho en otras ciudades.
Un plan como el que proponemos tendría que considerar, como medida urgente, la educación vial permanente de toda la población, sobre todo de los profesionales del volante. Como medidas a corto plazo, tendría que planificar, por lo menos, lo siguiente: vías y carriles reservados sólo para autobuses; revisión de las señalizaciones, las velocidades permisibles y las intersecciones problemáticas de la urbe; ampliación de calles y avenidas; incentivos al sector privado para la construcción de áreas de estacionamientos fuera de las calles y avenidas; sincronización y ampliación de la red de semáforos, que debe manejarse con un sistema computarizado y centralizado; y ampliación de las paradas de autobuses, obligando a los conductores a recoger pasajeros fuera de la vía.
Un sistema rápido y masivo que mueva mucha gente, como un monoriel elevado o un metro, sería una excelente solución. Sin embargo, esto tendría que realizarse a mediano plazo, ya que las inversiones son altas y esto demandaría una reestructuración total del sistema actual de transporte de pasajeros, con sus consecuencias económicas y sociales. También implicaría tener conexiones con rutas de autobuses, cambios de rutas, e integración del transporte de larga distancia con el de corta distancia y con las rutas cruzadas dentro de la ciudad.
Lo importante es que tomemos conciencia del problema, y lo ataquemos científica, organizada y planificadamente. Si no hacemos nada, o si tomamos medidas aisladas o improvisadas, se podría llegar a estancar toda la ciudad (y no estamos muy lejos de eso). Los efectos serían incalculables en materia de dinero, tiempo perdido, alta contaminación atmosférica, estrés y mayor número de accidentes y muertes.

101 años de Panamá América

 
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