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Los tránsfugas


Parece ser que hoy día se piensa que el cambio de partidos es cosa del presente. ¡Nada más equivocado!

Es lastimoso decirlo, pero esto viene ocurriendo desde que yo tengo uso de razón –y eso es bastante tiempo -. Siempre han existido diputados y otros miembros de un partido que en cada nueva elección son postulados por otro distinto. Los hay quienes tienen a su haber 4 o 5 veces cambiando de toldas políticas. Es una realidad, aunque no sea moral y la rechace la consecuencia y lealtad política. Durante una campaña política los señores electos por votación popular sean alcaldes, diputados o representantes de corregimiento le piden al partido toda clase de apoyo. Ella consiste, en muchos casos, de ayuda económica, gorras, afiches, banderas, etc. Después, por lo regular, se olvidan por completo del organismo político que los postuló. Buscan prebendas y privilegios y si el partido no los puede complacer buscan otro que esté en capacidad de atender sus exigencias. Con frecuencia se trata casi siempre de cobijarse bajo el gobierno de turno. En un país presidencialista, como el nuestro, un Mandatario tiene mucho poder. No hay dirigente político que en estos asuntos de cambios de partido, pueda tirar “la primera piedra”. Para un ciudadano electo le es muy fácil cambiar de tolda política, pues en términos generales casi ningún partido tiene una ideología propia. Viven ellos del recuerdo y de las figuras de viejos líderes.

El asunto de la “revocatoria del mandato” es muy complejo y hay que verlo de distintos ángulos. Quienes abogamos por la eliminación de esta práctica consideramos que un minúsculo grupo de quienes forman la Comisión Política, el CEN o llámese como quiera de un partido, no puede imponer su voluntad sobre quienes difieren de los criterios de otros. No se puede forzar –pienso yo - la conciencia del ciudadano. Un diputado, alcalde o representante electo que se siente parte y cree en un partido no lo abandona. Sin embargo, los que abogan por mantener la revocatoria de mandato consideran que el ciudadano electo debe seguir las pautas que el Partido le indique porque es a él –el partido- al que le debe su posición. Es decir, muchas veces tendría que alinearse a puntos de vista que le son contrarios.

El asunto es controversial y hasta ahora cada partido tiene en sus estatutos formas muy distintas de enfocar este problema. Existen grupos políticos que no tienen la revocatoria de mandato mientras que otros sí. Personalmente me he opuesto siempre a la “revocatoria del mandato”. Pude lograr que mi criterio imperara en la fusión de Solidaridad con el Partido Nacional. También he estado por años, sin éxito, a favor de implementar la segunda vuelta electoral.

101 años de Panamá América

 
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