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Los Tratados y el Centenario


El 7 de septiembre de 1977, por invitación del Jefe de Gobierno, Omar Torrijos Herrera, asistí a la ceremonia de la firma de los Tratados Torrijos- Carter, que tuvo lugar en Washington en el Salón de las Américas de la Organización de los Estados Americanos. Por la trascendencia nacional e internacional del acontecimiento, en mi condición de Jefe de la Delegación Panameña ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 6 de octubre de 1977, en el debate general de este magno organismo, hice unos comentarios sobre el contenido y el significado de los nuevos Tratados del Canal, que adquieren renovada vigencia al conmemorarse hoy su vigésimo sexto aniversario. Los siguientes son algunos párrafos de mi intervención, que reproduzco como homenaje histórico a las efemérides de esta fecha.
La lucha tenaz del pueblo panameño. Como culminación de un dilatado proceso negociador, los Estados Unidos y Panamá han llegado a un arreglo básico sobre la cuestión del Canal de Panamá, con el propósito de eliminar las causas de conflicto que han ensombrecido las relaciones de los Estados Unidos con Panamá y la América Latina durante los últimos setenta y cinco años.
El acuerdo amistoso plasmado en dichos tratados se debe a la lucha tenaz y constante del pueblo panameño, impulsada durante los últimos años por la voluntad anticolonialista del General Omar Torrijos Herrera, y también - justo es reconocerlo - al espíritu democrático y recta conciencia del Presidente Jimmy Carter; cancela definitivamente el monstruoso Tratado Hay-Bunau-Varilla, de 1903, que ningún panameño firmó, pues fue únicamente conocido a posteriori por el pueblo al que encadenaba con sus arbitrarias cláusulas y que hipotecaba a perpetuidad el principal recurso natural del Istmo panameño.
Panamá posee capacidad para manejar la vía interoceánica. En cuanto al próximo futuro, consciente de sus responsabilidades, Panamá se dispone a asumir las tareas que le incumben en el funcionamiento, administración y defensa de la vía interoceánica. Para ello cuenta como plataforma de apoyo con el capital humano que representan los panameños que integran la fuerza de trabajo empleada por la Compañía del Canal de Panamá.
Significado de la Declaración de Washington. Tiene singular significación la Declaración de Washington suscrita el 7 de septiembre de 1977, por los más altos personeros de los Estados Unidos, miembros de la Organización de los Estados Americanos y por el Primer Ministro del Canadá, en la cual coincidieron una amplia mayoría de los Jefes de Estado o de Gobierno de la región, por iniciativa del Presidente Carter. Dicha Declaración marca una nueva era en las relaciones hemisféricas e imprime un sello de solidaridad continental a los nuevos Tratados del Canal.
Reconocimiento a los negociadores panameños. Es un acto de justicia reconocer el patriotismo, capacidad y devoción de los negociadores panameños que participaron en la concertación de los nuevos Tratados. Asimismo, igual devoción, capacidad y patriotismo cabe reconocerles a otros ciudadanos, de iguales sentimientos panameños, que expresen inquietud, impaciencia o desacuerdo o que difieran o no coincidan total o parcialmente con los criterios insertados en los nuevos pactos.
Precisamente para que no quede duda de ese derecho a disentir, dentro del amplio apoyo popular a su gestión, el Jefe de Gobierno de Panamá, General Omar Torrijos Herrera, ha recabado la presencia de las Naciones Unidas durante una consulta plebiscitaria sobre los nuevos Tratados.
El nacionalismo panameño tiene sus raíces en todos los sectores sociales. Paralelamente a los movimientos latinoamericanos que nacen en las universidades y en las grandes revoluciones latinoamericanas, nuevas generaciones de panameños, herederos de los ideales de quienes plantaron victoriosos el pendón libertador en la cima del Condorcunca, han seguido sin pausa y sin tregua el largo y duro camino de la lucha por las reivindicaciones nacionales y por la redención de la hipoteca histórica consignada en el Tratado de 1903. Entre ellos y en primera línea se cuentan los heroicos adolescentes, "los aguiluchos" del Instituto Nacional -como se les llama en Panamá- que en 1964 sembraron un racimo de banderas panameñas en la zona irredenta del Canal de Panamá, fecundándolas con su sangre; y, junto a ellos, los estudiantes, los maestros, los profesores, los abogados, los ingenieros, los médicos, los intelectuales, los artistas, los trabajadores de las ciudades y los campos, hombres y mujeres de todas las edades que siempre han respondido al llamamiento de la causa nacional y que son, al fin de cuentas, los panameños con mejores títulos para juzgar cuanto haya de justicia y de reivindicaciones en los nuevos Tratados del canal y sus anexos.
La tarea de ésta y de las próximas generaciones. Claro está que, desde una pura, extrema y radical perspectiva nacionalista, ciertos aspectos de los Tratados Torrijos-Carter, que no se circunscriben a la transferencia a Panamá del canal interoceánico, del ferrocarril transístmico y de los puertos en ambos océanos, sino que alcanzan la vasta dimensión de los atributos soberanos que configuran una nueva independencia nacional. Pero las nacionalidades no se forjan de manera cabal en un día ni por obra de una sola generación o grupo de individuos. En el camino de la plena realización de la personalidad panameña existen aún obstáculos y vicisitudes. Salvarlos es la tarea de ésta y de las próximas generaciones, que deben complementar la obra de la presente.
Reconocimiento del apoyo mundial a la causa panameña. Estas palabras que me honro en dirigir a esta ilustre Asamblea, en nombre de mi Gobierno y de la delegación que presido, estarían incompletas y faltarían a un elemental deber de justicia si no expresaran el reconocimiento del gobierno y el pueblo de Panamá por el apoyo decisivo que han recibido de la comunidad mundial y, particularmente, de las hermanas naciones de América Latina y de las que forman el majestuoso conjunto de los países no alineados. Esta adhesión a la causa panameña, ese sostén, que no ha conocido pausas ni reticencias, se ha reflejado repetidamente en el seno de esta época. Cuando estén ya resueltos los problemas que la Organización de las Naciones Unidas confronta en estos momentos, cuando se establezca el balance de su acción y su influencia en el acontecer del mundo, se verá entonces que la causa de Panamá fue una de las decisivas pruebas de la importancia y de la acción benéfica de esta Asamblea ecuménica de naciones libres.

101 años de Panamá América

 
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