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Los triunfos del demonio


Vista por sus formas y sus efectos, la corrupción presenta signos de ser una enfermedad de la conciencia que corroe el cuerpo social de todas las naciones. De un mal tan complejo y difícil de precisar, es imposible emitir un diagnóstico acertado. Nadie, por muy ilustrado que sea y muy iluminado que se crea, puede hacerlo. Impredecibles como son todos los actos del comportamiento humano, la corrupción ataca por sorpresa en cualquier persona, cualquiera que sea su condición.
El término corrupción está referido según los diccionarios a la acción y efecto de corromper, que es trastocar el estado de una cosa, y por analogía, es un estado de envilecimiento e inmoralidad, que afecta el sentimiento de las propias acciones y el conocimiento de las acciones que debemos hacer y de las que debemos evitar. La corrupción es un acto humano contra la ley y la honradez.
El quid de la cuestión está en que si se debe reprimir recurriendo a la educación pedagógica y las religiones, o aplicando ciegamente con severidad la ley, o acudiendo al castigo, como solía hacerlo la Inquisición, que decía "castigamos el cuerpo para purificar el alma". Se cierne una duda sobre la eficacia de la educación pedagógica y religiosa para corregir las desviaciones de la conducta. Así lo insinúa la sabia previsión de la Iglesia Católica del perdón de los pecados, ante la inminente reincidencia de los pecadores. En ese punto traigo a relación la opinión que tomo prestada de su dueño, que dice que "ni la educación ni la religión hacen al hombre más moral ni más feliz, ni cambian sus instintos y pasiones hereditarias".
Es evidente que las denuncias y las condenas de la corrupción a través de los medios de comunicación son inútiles, pues desposeída de sensibilidad y vergüenza, la corrupción galopa desbocada en todos los niveles de la sociedad.
Podrían citarse en una interminable lista los pecados de la conducta, desde la batería en el examen hasta las lesiones patrimoniales al Estado, las empresas, los bancos, pasando por las pruebas innecesarias que practican los médicos, coimas, concesiones, compras abultadas o ficticias, obras pagadas y no realizadas, el caso omiso de los semáforos.
La corrupción se nos aparece como un efecto depredador que perjudica los intereses generales de la sociedad. Se lleva el dinero de los servidores públicos que el Estado está llamado a prestar. Nos empobrece a todos.
El estado de descomposición de la materia orgánica que es la corrupción, se halla también en forma latente o manifiesta en los aparatos subjetivos, como el alma y la conciencia.
Los únicos seres vivos animados que están exentos son los animales irracionales. Rubén Darío lo advirtió en la poesía "Los Motivos del Lobo: En el hombre existe mala levadura, más el alma siempre de la bestia es pura".
La ciencia médica ha encontrado formas de combatir plagas que en otros tiempos azotaron a la humanidad: el tifus, el cólera, la lepra, la peste bubónica, la tuberculosis, porque atacan la materia orgánica, pero la nueva plaga luce invencible porque se aloja en los rincones más oscuros de la conciencia y desde allí predomina sobre el deber y la razón y destruye en el hombre la imagen de Dios.
¿Cuál es la naturaleza de la corrupción? ¿Es un mal genético? ¿Una adicción? ¿Una depravación? ¿Una consecuencia de la impunidad? ¿Una forma de cleptomanía?.
Que hablen la sociología, la psiquiatría y el derecho.

101 años de Panamá América

 
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