Los últimos días de Pompeya
No es exagerado señalar que a este desgobierno le restan los últimos días, tal como le ocurrió a aquella gran ciudad, como centro de concentración de la élite de la corrupción y santuario de la perdición. Quizá los últimos días de un gobierno que se percibe desterrado del poder por la fuerza de los votos y por el más noble y puro deseo, honor y justicia de los panameños, quienes en estos cinco años hemos sufrido las consecuencias de los desafueros que, en el nombre la democracia, han llevado al país por el sendero de la pobreza.
Hace unos años, para observar cuadros de magra desnutrición había que desplazarse al campo, hoy no hacemos más que dar una vuelta por los barrios de la ciudad para ver imágenes verdaderamente desconcertantes y denigrantes de la dignidad humana. Mientras, como una paradoja fuera de toda imaginación y de evidente descaro, se sabe, a voz en cuello, que el salario de un embajador es hasta diez veces menor que los gastos de representación. Este proceder es un verdadero atentado a la vida y al erario público. Si esto no es corrupción, entonces el título de este artículo debería ser otro.
Nunca antes en el año preelectoral se habían observado tantas carreteras y calles en franco deterioro, vías que hace un par de años fueron construidas o reparadas, llevándonos a preguntar cuál fue el control de calidad en cuanto a las especificaciones de material y de mezclado. Como ejemplo, un par de botones: El tramo que va del antiguo IPA del Casino hasta la 5 de Mayo, en pleno corazón de ciudad, está intransitable, al igual el que va de la entrada de Villa Lucre hasta Plaza Conquistador, en una vía de tanta importancia para el turismo.
Desde hace dos meses las colas en el Seguro Social para obtener una cita empiezan a las tres y media de la madrugada, y al llegar la siete de la mañana le dan la vuelta al edificio, tal es el caso de la Policlínica de Villa Cáceres, donde hemos presenciado a abuelitas y abuelitos tiritando de frío y prácticamente desmayándose. El modelo de atención a los seguro-habientes ha colapsado y parece que el cambio de administración no está interesado en subsanar esta situación, como dejando entrever que los días en el mando están contados o que el tiempo se ha de invertir en cómo cavilar fórmulas para echar manos a los ya enclenques fondos, como se infiere de la nueva norma que permite el uso expedito de recursos con fines de aprovechar supuestas oportunidades de inversión. Esta actitud no encaja con el ambiente de contracción de la economía que, pese al informe Fitch, aún no termina por ofrecer indicios de recuperación y que el índice de riesgo ha disminuido, a ser por la volatilidad del movimiento propio del fin año. Es una especie de grito, como aquél: "Muera Sansón con todos los filisteos".
Pero como si esto fuera poco, la actitud de la Sra. Presidenta, de actuar aferrada a los términos de la Ley, que la obligan a hacer nombramientos en cargos de importantes instituciones, justo ahora que se aproxima inexorablemente el fin de su mandato, contrasta con la ligereza con la que procedió para legitimar el espinoso asunto del camino ecológico. Esta actitud, al menos, trasluce a la luz pública un mensaje de fatalidad, en el cual se puede leer que las encuestas de hueso y carne, en esta vuelta, parecen eso, más de hueso que de carne, proyectando con dichos nombramientos una gran frustración y derrotismo.
Al decir del poeta, al revolver la mirada hacia el campo educativo las cosas no son para sentirnos honrados, en tanto que los resultados obtenidos por los estudiantes aspirantes a la Universidad están muy por debajo de los puntajes que los califican para el ingreso a las carreras de gran exigencia científico-matemática. Y no es por los profesores, que ya todos sabemos los problemas que han tenido para bregar en un año en el que los fondos de la Ley 13 fueron salomónicamente repartidos, obteniéndose una generalización del déficit en la atención a las necesidades materiales de todos los planteles.
Valga apuntar que el problema, al que he aludido no es más que la punta del iceberg. Si nos adentramos en el análisis de la calidad y diversificación de la oferta educativa, los cambios y adiciones que se han hecho al currículum son de índole cosmética formal, puesto que la diversificación debe ir aparejada con un plan de formación continuada y especializada para los maestros y profesores. Lo que se ha hecho al respecto es un esfuerzo en la epidermis del perfil, asunto que deberá ser atendido por el próximo equipo de gestión ministerial.
Y aunque haga de este artículo una apocalíptica versión de una muerte anunciada, no puedo concluirlo sin referirme a la agónica situación que viven diariamente todos los que viajan diariamente en autobuses. Ciertamente que el pueblo fue engañado, entre diablos rojos y freezers, cuando sobre la base de una encuesta a 750 transportistas, que costó miles de dólares, el pasaje subió a 25 centavos y el Banco Nacional fue embarcado en un mal negocio. Entre tanto, los conductores, transportistas y empresarios de es lucrativo negocio siguen brindando un pésimo servicio, mientras las autoridades del tránsito no pasan de pálidas amenazas ante tantos atropellos y bellezas que vemos diariamente en las vías y calles del país.
Hace sólo una semana, me vi en medio de un choque en cadena provocado por un autobús de la ruta Corredor Sur-Pedregal, justo a la mitad del tramo marino, en el cual al preguntarle al conductor por el nombre del dueño me dijo no saberlo y que el bendito autobús no tenía seguro. ¡Quién restituirá la vida de la joven estudiante arrollada hace unos meses, y de las lesiones de los que nos vimos en medio de dicho accidente, si los que desgobiernan están más preocupados por asegurar a sus amigos y amigas de partido y de alianza!
En suma, el desgobierno ha tocado fondo y no parece haber tanque de oxígeno posible que lo salve de su ahogamiento. Es una especie de haraquiri que no se lo ha practicado sólo, sino que lo ha pasado en heredad al ungido candidato, que llegada la hora del escrutinio, despertará del sueño, para darse cuenta que de las encuestas sólo quedarán los huesos, como tristemente, le aconteció a los pompeyanos.
Hace unos años, para observar cuadros de magra desnutrición había que desplazarse al campo, hoy no hacemos más que dar una vuelta por los barrios de la ciudad para ver imágenes verdaderamente desconcertantes y denigrantes de la dignidad humana. Mientras, como una paradoja fuera de toda imaginación y de evidente descaro, se sabe, a voz en cuello, que el salario de un embajador es hasta diez veces menor que los gastos de representación. Este proceder es un verdadero atentado a la vida y al erario público. Si esto no es corrupción, entonces el título de este artículo debería ser otro.
Nunca antes en el año preelectoral se habían observado tantas carreteras y calles en franco deterioro, vías que hace un par de años fueron construidas o reparadas, llevándonos a preguntar cuál fue el control de calidad en cuanto a las especificaciones de material y de mezclado. Como ejemplo, un par de botones: El tramo que va del antiguo IPA del Casino hasta la 5 de Mayo, en pleno corazón de ciudad, está intransitable, al igual el que va de la entrada de Villa Lucre hasta Plaza Conquistador, en una vía de tanta importancia para el turismo.
Desde hace dos meses las colas en el Seguro Social para obtener una cita empiezan a las tres y media de la madrugada, y al llegar la siete de la mañana le dan la vuelta al edificio, tal es el caso de la Policlínica de Villa Cáceres, donde hemos presenciado a abuelitas y abuelitos tiritando de frío y prácticamente desmayándose. El modelo de atención a los seguro-habientes ha colapsado y parece que el cambio de administración no está interesado en subsanar esta situación, como dejando entrever que los días en el mando están contados o que el tiempo se ha de invertir en cómo cavilar fórmulas para echar manos a los ya enclenques fondos, como se infiere de la nueva norma que permite el uso expedito de recursos con fines de aprovechar supuestas oportunidades de inversión. Esta actitud no encaja con el ambiente de contracción de la economía que, pese al informe Fitch, aún no termina por ofrecer indicios de recuperación y que el índice de riesgo ha disminuido, a ser por la volatilidad del movimiento propio del fin año. Es una especie de grito, como aquél: "Muera Sansón con todos los filisteos".
Pero como si esto fuera poco, la actitud de la Sra. Presidenta, de actuar aferrada a los términos de la Ley, que la obligan a hacer nombramientos en cargos de importantes instituciones, justo ahora que se aproxima inexorablemente el fin de su mandato, contrasta con la ligereza con la que procedió para legitimar el espinoso asunto del camino ecológico. Esta actitud, al menos, trasluce a la luz pública un mensaje de fatalidad, en el cual se puede leer que las encuestas de hueso y carne, en esta vuelta, parecen eso, más de hueso que de carne, proyectando con dichos nombramientos una gran frustración y derrotismo.
Al decir del poeta, al revolver la mirada hacia el campo educativo las cosas no son para sentirnos honrados, en tanto que los resultados obtenidos por los estudiantes aspirantes a la Universidad están muy por debajo de los puntajes que los califican para el ingreso a las carreras de gran exigencia científico-matemática. Y no es por los profesores, que ya todos sabemos los problemas que han tenido para bregar en un año en el que los fondos de la Ley 13 fueron salomónicamente repartidos, obteniéndose una generalización del déficit en la atención a las necesidades materiales de todos los planteles.
Valga apuntar que el problema, al que he aludido no es más que la punta del iceberg. Si nos adentramos en el análisis de la calidad y diversificación de la oferta educativa, los cambios y adiciones que se han hecho al currículum son de índole cosmética formal, puesto que la diversificación debe ir aparejada con un plan de formación continuada y especializada para los maestros y profesores. Lo que se ha hecho al respecto es un esfuerzo en la epidermis del perfil, asunto que deberá ser atendido por el próximo equipo de gestión ministerial.
Y aunque haga de este artículo una apocalíptica versión de una muerte anunciada, no puedo concluirlo sin referirme a la agónica situación que viven diariamente todos los que viajan diariamente en autobuses. Ciertamente que el pueblo fue engañado, entre diablos rojos y freezers, cuando sobre la base de una encuesta a 750 transportistas, que costó miles de dólares, el pasaje subió a 25 centavos y el Banco Nacional fue embarcado en un mal negocio. Entre tanto, los conductores, transportistas y empresarios de es lucrativo negocio siguen brindando un pésimo servicio, mientras las autoridades del tránsito no pasan de pálidas amenazas ante tantos atropellos y bellezas que vemos diariamente en las vías y calles del país.
Hace sólo una semana, me vi en medio de un choque en cadena provocado por un autobús de la ruta Corredor Sur-Pedregal, justo a la mitad del tramo marino, en el cual al preguntarle al conductor por el nombre del dueño me dijo no saberlo y que el bendito autobús no tenía seguro. ¡Quién restituirá la vida de la joven estudiante arrollada hace unos meses, y de las lesiones de los que nos vimos en medio de dicho accidente, si los que desgobiernan están más preocupados por asegurar a sus amigos y amigas de partido y de alianza!
En suma, el desgobierno ha tocado fondo y no parece haber tanque de oxígeno posible que lo salve de su ahogamiento. Es una especie de haraquiri que no se lo ha practicado sólo, sino que lo ha pasado en heredad al ungido candidato, que llegada la hora del escrutinio, despertará del sueño, para darse cuenta que de las encuestas sólo quedarán los huesos, como tristemente, le aconteció a los pompeyanos.