Los usos políticos y sociales del carnaval
En este artículo interesa explorar el mapa ideológico del carnaval como fiesta de masas, cuya importancia relativa en la sociedad se ha ido incrementando en la medida en que avanza su comercialización. ¿Qué significa el carnaval para el común de la gente? ¿Qué significa el carnaval para los que lo promueven como fiesta exuberante que sobrepasa las fronteras de la cotidianidad?
En la sociedad moderna la palabra, el lenguaje es un arma poderosa debido al alcance de los medios de comunicación de masas. El lenguaje es el mecanismo a través del cual las divisiones irreconciliables de la sociedad se convierten en símbolos con significados compartidos. Este traduce la compleja riqueza de la vida cotidiana en términos concretos. De ahí la importancia desmesurada que dichos medios han alcanzado en los últimos años.
Contrario a lo que comúnmente se cree, los medios hoy por hoy, no son simples mecanismos para transmitir noticias, sino actores que hacen noticias. Es por eso que algunos eventos sociales reciben más atención que otros, aun cuando su relevancia política o económica es relativa y a veces casi nula. Todo depende de la importancia que el evento tenga para los que patrocinan los medios.
La estructura ideológica de la sociedad se apoya en los intereses materiales de los grupos, los cuales de conectan entre sí a través de las estructuras de la vida social. El papel de la ideología es disminuir el impacto de las diferencias experimentadas por la gente, ofreciendo soluciones que se enmarcan en la lógica de algún grupo privilegiado. El hecho es que, a pesar de que siempre se intente decir lo contrario, la desigualdad social es cada día más notable. Pero para los efectos de la venta de productos según la ocasión, hay que borrar las diferencias y ofrecer la ilusión de la igualdad en el mercado: todo el que quiera divertirse se vestirá, comerá y beberá comprando lo que anuncia, en este caso para efectos de "saltar en el carnaval".
Durante y antes del inicio del carnaval experimentamos la vida desde la perspectiva de la algarabía, el baile y el relajo. Estos se constituyen en símbolos a través de los cuales la audiencia-espectadora participa. Los medios de comunicación, radio, televisión, periódicos, proyectan un ambiente de jolgorio desbordante, sin diferencias sociales, y una sociedad dispuesta a divertirse. Los diversos programas radiales o televisados y especialmente los anuncios comerciales enfatizan la importancia de la alegría desmesurada expresada sin límites en la bebida, comida, baile, deportes, etc. A la gente se le ofrece la ideología del goce en una sociedad sin problemas.
Hay días libres para todos, desde los gerentes hasta los trabajadores manuales. Se anuncian "mojaderas y culecos" por doquier en donde la colectividad se entrega a una danza frenética bajo chorros de agua, buches de cerveza y chapoteos de lodo. Entre aquellos amasijos se disipan las diferencias, se diluyen las fronteras del bien y el mal entre hombres, mujeres y niños y surge el vínculo del desorden orquestado por las cámaras y micrófonos. Sin distingo de edad, raza y sexo todos son invitados a expresar su alegría, algunas veces con desfachatez. Este es un mensaje reconfortante para aquellos cuya experiencia cotidiana es muy diferente de esta solución ficticia.
La solución mítica a los sinsabores de la vida cotidiana de la familia de bajos recursos que ofrecen los medios de comunicación de masas es la de una sociedad sin problemas, que hoy por hoy está dispuesta a gastar en diversión y entretenimiento. De allí el exitoso mercadeo de cosas inútiles para la sobrevivencia, pero necesarias para "arrancarse" en el interior, el ofrecimiento de financiamiento que se cobrará luego con altos intereses, entre un público poco crítico y por ende vulnerable. Los medios de comunicación están comprometidos con la tarea de convertir esta tradicional alegría colectiva en relaciones de mercado en donde la problemática de la alienación se resuelve en el consumo y la redención se alcanza en yéndose de compras.
Pero el hecho es que ni el desempleo, la violencia, la delincuencia juvenil, el crimen organizado, ni el consumo de drogas, desaparecen dentro del jolgorio, la "mojadera" y los "culecos". Es más, algunos de estos encuentran cabida dentro de las celebraciones, ya que fácilmente se benefician de la orgía consumista. Ultimamente han sido notorios los espectáculos indecentes protagonizados por multitudes ebrias, las agresiones físicas, el robo y la violencia callejera. Es un fin, el carnaval es un momento histórico en donde lo grotesco cobra vida, para el posterior infortunio de los participantes, como debió ser para aquellos jóvenes que en un arrebato de rebeldía moral y estética se bajaron los pantalones ante las cámaras de televisión.
En la sociedad moderna la palabra, el lenguaje es un arma poderosa debido al alcance de los medios de comunicación de masas. El lenguaje es el mecanismo a través del cual las divisiones irreconciliables de la sociedad se convierten en símbolos con significados compartidos. Este traduce la compleja riqueza de la vida cotidiana en términos concretos. De ahí la importancia desmesurada que dichos medios han alcanzado en los últimos años.
Contrario a lo que comúnmente se cree, los medios hoy por hoy, no son simples mecanismos para transmitir noticias, sino actores que hacen noticias. Es por eso que algunos eventos sociales reciben más atención que otros, aun cuando su relevancia política o económica es relativa y a veces casi nula. Todo depende de la importancia que el evento tenga para los que patrocinan los medios.
La estructura ideológica de la sociedad se apoya en los intereses materiales de los grupos, los cuales de conectan entre sí a través de las estructuras de la vida social. El papel de la ideología es disminuir el impacto de las diferencias experimentadas por la gente, ofreciendo soluciones que se enmarcan en la lógica de algún grupo privilegiado. El hecho es que, a pesar de que siempre se intente decir lo contrario, la desigualdad social es cada día más notable. Pero para los efectos de la venta de productos según la ocasión, hay que borrar las diferencias y ofrecer la ilusión de la igualdad en el mercado: todo el que quiera divertirse se vestirá, comerá y beberá comprando lo que anuncia, en este caso para efectos de "saltar en el carnaval".
Durante y antes del inicio del carnaval experimentamos la vida desde la perspectiva de la algarabía, el baile y el relajo. Estos se constituyen en símbolos a través de los cuales la audiencia-espectadora participa. Los medios de comunicación, radio, televisión, periódicos, proyectan un ambiente de jolgorio desbordante, sin diferencias sociales, y una sociedad dispuesta a divertirse. Los diversos programas radiales o televisados y especialmente los anuncios comerciales enfatizan la importancia de la alegría desmesurada expresada sin límites en la bebida, comida, baile, deportes, etc. A la gente se le ofrece la ideología del goce en una sociedad sin problemas.
Hay días libres para todos, desde los gerentes hasta los trabajadores manuales. Se anuncian "mojaderas y culecos" por doquier en donde la colectividad se entrega a una danza frenética bajo chorros de agua, buches de cerveza y chapoteos de lodo. Entre aquellos amasijos se disipan las diferencias, se diluyen las fronteras del bien y el mal entre hombres, mujeres y niños y surge el vínculo del desorden orquestado por las cámaras y micrófonos. Sin distingo de edad, raza y sexo todos son invitados a expresar su alegría, algunas veces con desfachatez. Este es un mensaje reconfortante para aquellos cuya experiencia cotidiana es muy diferente de esta solución ficticia.
La solución mítica a los sinsabores de la vida cotidiana de la familia de bajos recursos que ofrecen los medios de comunicación de masas es la de una sociedad sin problemas, que hoy por hoy está dispuesta a gastar en diversión y entretenimiento. De allí el exitoso mercadeo de cosas inútiles para la sobrevivencia, pero necesarias para "arrancarse" en el interior, el ofrecimiento de financiamiento que se cobrará luego con altos intereses, entre un público poco crítico y por ende vulnerable. Los medios de comunicación están comprometidos con la tarea de convertir esta tradicional alegría colectiva en relaciones de mercado en donde la problemática de la alienación se resuelve en el consumo y la redención se alcanza en yéndose de compras.
Pero el hecho es que ni el desempleo, la violencia, la delincuencia juvenil, el crimen organizado, ni el consumo de drogas, desaparecen dentro del jolgorio, la "mojadera" y los "culecos". Es más, algunos de estos encuentran cabida dentro de las celebraciones, ya que fácilmente se benefician de la orgía consumista. Ultimamente han sido notorios los espectáculos indecentes protagonizados por multitudes ebrias, las agresiones físicas, el robo y la violencia callejera. Es un fin, el carnaval es un momento histórico en donde lo grotesco cobra vida, para el posterior infortunio de los participantes, como debió ser para aquellos jóvenes que en un arrebato de rebeldía moral y estética se bajaron los pantalones ante las cámaras de televisión.