Los viajes oficiales de la Presidenta
La comunicación que se emite a la opinión pública debe estar formada por dos elementos: la ética y la cívica. Como tal, la comunicación es un sistema mediante el cual es posible vincular y establecer las relaciones entre gobernantes y gobernados. En este sentido, la comunicación no puede desarrollarse sin una previsión ética y sin una finalidad cívica.
Esto significa que los aspectos de la ética y la cívica constituyen fines importantes de la comunicación y los medios son los instrumentos que ésta ha dispuesto para alcanzarlos.
La parte ética en la comunicación es la relación entre la responsabilidad y la verdad como ideal de lo que se comunica, y la parte cívica es el conjunto de relaciones múltiples e intercambios a través de los cuales los ciudadanos pueden formarse una opinión y pronunciar su voluntad. Siendo los medios los que cumplen la función de mantener la comunicación entre el pueblo y sus representantes, es necesario que los gobernantes colaboren y cooperen con los mismos para llevar la comunicación de una forma clara y veraz.
Para los medios, transmitir la opinión de la política y de los políticos se convierte en un acto de doble intensidad, porque los conceptos mismos implican desarrollos en la colectividad y porque el modo de manejar o expresar dichos conceptos forma precisamente la opinión. Comunicar entonces, con transparencia o con buena intención política, se convierte en un acto necesario, del cual no se excluye ningún medio de comunicación en el mundo.
Más allá de la objetividad de la política y la opinión, hay un factor que determina la calidad, la intensidad y el cuerpo mismo de la información: el actor principal de la comunicación. Allí es donde se encuentran los verdaderos creadores de la noticia. Son ellos los que junto con el emisor y el receptor forman el círculo de la comunicación.
Sin embargo, existen casos en los que esta situación no se comprende y entonces se pasa de lo sublime a lo ridículo. De todos es sabido lo hermético con que ha manejado las autoridades de turno la información sobre los viajes oficiales al extranjero. No sólo resulta difícil para los medios lograr que ellos informen oportunamente acerca de sus salidas del país, sino que además obstaculizan el flujo de la comunicación, generan sospecha, crean misterio y se desvían por completo de lo ético y cívico.
Nuestra apreciación es que los gobernantes tienen el deber de informar con claridad, objetividad y transparencia sobre los viajes oficiales que realizan al extranjero. La ciudadanía merece una mejor comunicación al respecto. Al margen de con quién sale o con quién entra, es nuestro derecho y el del público saber todos los detalles cuando la cita es de carácter oficial, el monto en viáticos, el número de la delegación, el programa oficial de las reuniones y el propósito del viaje. Señora Presidenta, el país espera más información.
Esto significa que los aspectos de la ética y la cívica constituyen fines importantes de la comunicación y los medios son los instrumentos que ésta ha dispuesto para alcanzarlos.
La parte ética en la comunicación es la relación entre la responsabilidad y la verdad como ideal de lo que se comunica, y la parte cívica es el conjunto de relaciones múltiples e intercambios a través de los cuales los ciudadanos pueden formarse una opinión y pronunciar su voluntad. Siendo los medios los que cumplen la función de mantener la comunicación entre el pueblo y sus representantes, es necesario que los gobernantes colaboren y cooperen con los mismos para llevar la comunicación de una forma clara y veraz.
Para los medios, transmitir la opinión de la política y de los políticos se convierte en un acto de doble intensidad, porque los conceptos mismos implican desarrollos en la colectividad y porque el modo de manejar o expresar dichos conceptos forma precisamente la opinión. Comunicar entonces, con transparencia o con buena intención política, se convierte en un acto necesario, del cual no se excluye ningún medio de comunicación en el mundo.
Más allá de la objetividad de la política y la opinión, hay un factor que determina la calidad, la intensidad y el cuerpo mismo de la información: el actor principal de la comunicación. Allí es donde se encuentran los verdaderos creadores de la noticia. Son ellos los que junto con el emisor y el receptor forman el círculo de la comunicación.
Sin embargo, existen casos en los que esta situación no se comprende y entonces se pasa de lo sublime a lo ridículo. De todos es sabido lo hermético con que ha manejado las autoridades de turno la información sobre los viajes oficiales al extranjero. No sólo resulta difícil para los medios lograr que ellos informen oportunamente acerca de sus salidas del país, sino que además obstaculizan el flujo de la comunicación, generan sospecha, crean misterio y se desvían por completo de lo ético y cívico.
Nuestra apreciación es que los gobernantes tienen el deber de informar con claridad, objetividad y transparencia sobre los viajes oficiales que realizan al extranjero. La ciudadanía merece una mejor comunicación al respecto. Al margen de con quién sale o con quién entra, es nuestro derecho y el del público saber todos los detalles cuando la cita es de carácter oficial, el monto en viáticos, el número de la delegación, el programa oficial de las reuniones y el propósito del viaje. Señora Presidenta, el país espera más información.