Los Vice: Derrota y victoria
Una aclaración de arranque: no soy independiente ni tengo asomo de voto indeciso, pero tan pronto se conozcan los resultados la noche del 3 de mayo se desatará una "hemorragia" de comentarios para explicar la victoria de unos y la derrota de otros. En esa tromba se colarán los que, con razón, podrán vociferar que el final confirmó las premisas que habían sostenido y los que, sin decoro ni empacho, acomodarán sus discursos para simular su mediocridad de frente a las nuevas figuras políticas.
Este balance anticipado apunta hacia la figura de los dos candidatos a Vice Presidente que, en verdad, disputan el usufructo del Palacio de las Garzas.
Aunque cada quien es libre escoger el ángulo que más se le acomode, en las dos alianzas la figura del Vice fue impuesta. En un caso porque sin él, la oferta electoral general no tenía la garantía de un partido unificado y sin esa unidad, aún en el nivel formal, las posibilidades de triunfo se reducían a su mínima expresión. En ese caso primaron los objetivos personales del Vice y no los del partido.
En la otra coalición, el partido le impuso a su candidato original la baja al estatus de Vice para no perder hacha, calabaza y miel. Los intereses del Vice cedieron ante la presión que significa la suma de todos los otros intereses que calcularon que pronto la corriente ahogaría a muchos si no daban un golpe de timón, no importa lo que indicara la historia del partido.
Por varias razones, los vice no están sudando por el triunfo de la nómina como sí lo hicieron en sus respectivas campañas internas. Presintiendo la derrota uno y la victoria el otro, aquél, como "animal" resentido en la cueva, quiere surgir como el nuevo líder del partido (por eso ataca al Secretario General) utilizando el argumento de que impidió el fraccionamiento partidario para, a partir de allí, ir por la presidencia del país en el 19, enarbolando la cuadrícula de las tantas heridas infringidas que, según su auto diagnóstico, lo convierten en el militante más crucificado en todas las campañas electorales post invasión. El otro, igual de mallugado, sabe que una victoria le serviría como recurso para "lavarse" el rostro frente a sus copartidarios, aunque al mismo tiempo le represente una jubilación política anticipada libre de quejas y recriminaciones.
En perspectiva, el revés de un vice que no está haciendo nada para impedirlo le puede significar, a luces largas, una victoria; mientras que el triunfo en el otro significaría un pergamino inútil, porque nunca podrá atribuirse haber conseguido ese trofeo. En lo inmediato, el peliagudo éxito de aquél o el inadvertido fracaso del otro por encima de todos los pronósticos conocidos, simbolizaría para ambos su entierro público con la desgracia adicional de que los dos, para volver a florecer, necesitaran siempre un abracadabra que los llame a levantarse como a Lázaro.