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Los vientos del cambio traerán sus retos


El CAMBIO exigido, no debe partir de improvisaciones. El proceso requiere seriedad, consulta, acuerdos, priorización, análisis de tiempo, costos, comunicación constante y seguimiento, posterior, en su afianzamiento. Entender que, en la mejora del bien común, algún, o varios sectores se sentirán afectados. Anticipar un actuar irresponsable, facilita la planificación de previsiones, para evitar o limitar las acciones que de estabilizarían la paz social. Lo indicado requiere planificación, tacto, firmeza, apoyo bipartidista y ciudadano.

Los aspirantes deberían proyectarle a la ciudadanía conocer la problemática nacional integralmente. De dicho conocimiento, deberían emanar sus planes de gobierno los cuales, a su vez, constituirán las promesas de campaña, por cuyo productivo, actuar o no, será evaluada la gestión presidencial.

Hasta el presente, en medio del tsunami de encuestas y campañas negativas, los planes de gobierno vistos son demasiado enunciativos, a pesar de contar con un número de propuestas dentro de cada eje. Los mismos adolecen de vacíos incongruentes. No se atacan algunos componentes problemáticos dentro de éstos. ¿El no hacerlo demuestra desconocimiento, indiferencia, ausencia de compromiso, circunstancias político/clientelistas, otras?

Posteriormente, al concluir la gestión presidencial, dado el desarrollo congruente y constructivo de su labor, el presidente saliente deberá explicar, en detalle, los logros alcanzados y los fondos públicos invertidos en cada proyecto, lo hecho y lo que faltó por hacer; en esta medida, alertará a la ciudadanía del seguimiento que debemos exigirle al próximo gobernante, sea del partido que sea. Ello también nos permitirá ser asertivos en nuestro compromiso vigilante, al evaluar los próximos contendientes.

El traspaso del mando debe ser transparente y facilitador, permitiéndole al nuevo gobernante, proyectarle a la ciudadanía que continuará, por el camino del progreso alcanzado. Como los corredores de turno en una carrera de relevo; en ella, en este caso, el líder de un partido no perdería su individualidad o aquello que le distinga como estadista. Lo que no podemos permitirnos es un cambio genérico de meta aunque, en el camino el recorrido hacia la misma tenga que alargarse.

La ciudadanía espera que los partidos políticos entiendan que el CAMBIO no es una moda de momento, que éstos deberían empeñarse en que el mismo continúe representando progreso fluido consistente.

El mundo y sus circunstancias cambian constantemente, de allí esperar que cada nuevo gobernante proponga los ajustes pertinentes, siempre, fortaleciendo al país reafirmando, claramente, la filosofía del CAMBIO.

101 años de Panamá América

 
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