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Lucas Zarak Linares


Si pudiera mencionar una característica de la manera en que la vida y el destino me han tratado, pudiera decir que conmigo han sido pródigos. Dentro de esa prodigalidad, el darme buenos amigos ha sido uno de los aspectos que más cuido, disfruto, atesoro y aprecio. Hoy hago un alto y dedico mis pensamientos a Lucas…el sincero y querido amigo.

Lo conocí no sé hace cuanto tiempo. Con el paso de los años, la amistad fue incrementándose y, además de compartir amigos, casi todos idos como Joaquín Franco, Julio Harris, Mario J. de Obaldía, Arnulfo Escalona, entre otros, la vida hizo que compartiéramos también luchas por la libertad y la democracia, anécdotas incontables de su familiar relación con el Dr. Arnulfo Arias, su gestión como diputado de gobierno y de oposición, así como también compartir una mesa de amigos a la que llegué por invitación de Julio Linares y que me honraron con acogerme luego de su muerte por muchos años, una vez al mes, cuando celebrábamos los cumpleaños de tan selecto y "jodedor" grupo, entre tantas otras cosas que contribuyeron a valorar el aprecio recíproco, que se extendió hacia su apreciada familia y hacia mis padres, de quienes fue vecino y amigo por años, junto a María Ruth.

En otro contexto, Gabriel, su hijo menor, ha sido compañero inseparable de mis hijas Monique y Alexandra, así como sus nietos Luquitas y Tatiana, desde siempre y por allí existió otro trillo de vivencias. Estuvimos juntos en diciembre pasado en la graduación de nuestros hijos, en un escenario poco común, en donde tres generaciones de Zarak, compartieron la graduación de hijos, primos, sobrinos y nietos en una sola tanda, foto ésta que de verdad es única e imborrable en mi memoria. Además, sus hijos, buenos amigos también y su nuera, Ana Lucrecia, socia mía. De todos modos, Lucas tenía que ser mi amigo, y punto.

Si lo pudiera definir en una sola palabra, diría que sabía ser amigo. Si podía, ayudaba desde donde pudiera y si no, pues no. En política, era un gran conciliador, y copartidarios o adversarios, sin distingo, podían esperar de él un buen consejo o una gestión para solucionar problemas. Un hombre sin revancha en su mente y una mano servidora como credencial.

Lo vi una semana antes de morir. El entraba y yo salía del mismo cardiólogo. Su tradicional pregunta: cómo andan las cosas…no faltó y la despedida sincera de siempre, y para siempre fue, que sigas bien Tío Lucas, como también le decía.

El escritor francés Paul Bourget dijo alguna vez que "una amistad noble es una obra maestra a dúo". No cabe duda que se le aplica en cuerpo y hoy en alma a esa otra mitad del dúo, el recordado amigo Lucas.

101 años de Panamá América

 
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