Lucha por la libre expresión en Rusia
Hace 36 años el escritor Piotr Grigorenko escribió en una prisión rusa que "la persona que quiere combatir una tiranía debe empezar por superar el miedo que lleva dentro hacia esa tiranía". Hace dos años, en el congreso anual del Club Internacional del PEN (Poetas, Ensayistas y Novelistas), Homero Aridjis declaraba: "En Rusia la libertad de expresión ha sido defendida con la misma firmeza que ha sido reprimida". Desde entonces, la libertad de expresión en Rusia se ve cada vez más mermada al amparo de la situación política nacional e internacional, y la lucha por la palabra libre se recrudece.
Un ejemplo de esta creciente falta de libertad de expresión es el caso de Grigori Pasko, cuya defensa y liberación se ha convertido en uno de los objetivos de la reciente campaña de Amnistía Internacional sobre Rusia: "¡Justicia para todos!".
Grigori Pasko, periodista de un diario de la flota rusa del Pacífico y capitán de la marina, filmó una película que mostraba cómo un buque ruso vertía desechos radiactivos en el mar de Japón. Tanto en esta película como en los artículos que escribió, Pasko revelaba la amenaza para el medio ambiente que planteaban los barcos en estado de desintegración de la flota rusa del Pacífico, entre ellos submarinos nucleares. También informó sobre la corrupción existente en el seno de la flota y entregó a periodistas japoneses información de carácter público sobre estos asuntos. Por ello fue detenido por primera vez en 1997 acusado de entregar información presuntamente confidencial a los medios de comunicación japoneses. Varias organizaciones de Derechos Humanos protestaron enérgicamente contra su detención, y en 1999 fue absuelto. Pero, tras interponerse una apelación, en diciembre de 2001 un tribunal militar de Vladivostok le impuso una pena de cuatro años de prisión por los delitos de traición y espionaje.
Amnistía Internacional cree que este caso constituye una patente violación de las normas nacionales e internacionales que protegen la libertad de expresión, libertad que el Estado ruso tiene la obligación de proteger. Sin embargo, la situación internacional provocada por el 11 de septiembre y, sobre todo, el polémico asalto de las fuerzas de seguridad al teatro Dubrovka, donde murieron 119 rehenes, han servido de excusa para reducir aún más la libertad de expresión. En noviembre, la Duma adoptaba una serie de enmiendas a la actual Ley de Prensa que ponen límites sin precedentes a la libertad de expresión.
Las enmiendas prohíben a los medios de comunicación divulgar "informaciones" que revelen tácticas de una operación antiterrorista de las fuerzas de seguridad; declaraciones que puedan alertar sobre los preparativos de una operación de las fuerzas de seguridad y poner en peligro la vida de la gente dentro o fuera de la zona de la operación antiterrorista; comentarios que puedan servir como "propaganda" terrorista o "justificar la actividad extremista", o citas textuales de personas contrarias a una operación antiterrorista; y, por último, "secretos de estado" o cualquier otra información sobre armamento. Los partidarios de las enmiendas argumentaron que eran necesarias para evitar que los medios revelen detalles de una operación en marcha contra acciones terroristas que, como el caso del teatro Dubrovka, siguieran todas las emisiones en directo. Sin embargo, tal y como ha señalado uno de los diarios opositores, la nueva ley prohíbe las críticas a la guerra de Chechenia y denunciar el desmesurado uso de la fuerza militar y las violaciones de los derechos humanos que comete el ejército ruso. Así, una edición que se exprese en este sentido "podrá ser acusada de justificar el terrorismo y el extremismo", y las dudas expresadas sobre la conveniencia de una operación de rescate que pueda causar víctimas "conllevarán responsabilidades penales".
Con la nueva ley, los medios rusos deberán de tener cuidado al hablar de la operación llevada a cabo en el Dubrovka donde las unidades especiales utilizaron un gas secreto de acción devastadora que originó la polémica al morir por asfixia 115 rehenes. La libertad de expresión se restringe en Rusia a marchas forzadas, precisamente cuando la labor de los medios es más necesaria.
Es imprescindible formar a una opinión pública que se movilice contra las injusticias que acaecen en un país donde el Estado parece estar siempre por encima de la ley y son constantes los secretismos y las manipulaciones. La campaña mundial de Amnistía Internacional a favor de la liberación del periodista ruso Grigori Pasko (www.amnistiaporpasko.org) puede canalizar la atención mundial -como lo logró en el caso de la mujer nigeriana Amnia Lawal que iba a morir lapidada- y lograr presionar al gobierno ruso para que cambie su política de acoso a los medios de comunicación. El proyecto de "modernidad" de Rusia así lo exige. No hay democracia sin libertad de información.
(pacienteingles@teleline.es)
Un ejemplo de esta creciente falta de libertad de expresión es el caso de Grigori Pasko, cuya defensa y liberación se ha convertido en uno de los objetivos de la reciente campaña de Amnistía Internacional sobre Rusia: "¡Justicia para todos!".
Grigori Pasko, periodista de un diario de la flota rusa del Pacífico y capitán de la marina, filmó una película que mostraba cómo un buque ruso vertía desechos radiactivos en el mar de Japón. Tanto en esta película como en los artículos que escribió, Pasko revelaba la amenaza para el medio ambiente que planteaban los barcos en estado de desintegración de la flota rusa del Pacífico, entre ellos submarinos nucleares. También informó sobre la corrupción existente en el seno de la flota y entregó a periodistas japoneses información de carácter público sobre estos asuntos. Por ello fue detenido por primera vez en 1997 acusado de entregar información presuntamente confidencial a los medios de comunicación japoneses. Varias organizaciones de Derechos Humanos protestaron enérgicamente contra su detención, y en 1999 fue absuelto. Pero, tras interponerse una apelación, en diciembre de 2001 un tribunal militar de Vladivostok le impuso una pena de cuatro años de prisión por los delitos de traición y espionaje.
Amnistía Internacional cree que este caso constituye una patente violación de las normas nacionales e internacionales que protegen la libertad de expresión, libertad que el Estado ruso tiene la obligación de proteger. Sin embargo, la situación internacional provocada por el 11 de septiembre y, sobre todo, el polémico asalto de las fuerzas de seguridad al teatro Dubrovka, donde murieron 119 rehenes, han servido de excusa para reducir aún más la libertad de expresión. En noviembre, la Duma adoptaba una serie de enmiendas a la actual Ley de Prensa que ponen límites sin precedentes a la libertad de expresión.
Las enmiendas prohíben a los medios de comunicación divulgar "informaciones" que revelen tácticas de una operación antiterrorista de las fuerzas de seguridad; declaraciones que puedan alertar sobre los preparativos de una operación de las fuerzas de seguridad y poner en peligro la vida de la gente dentro o fuera de la zona de la operación antiterrorista; comentarios que puedan servir como "propaganda" terrorista o "justificar la actividad extremista", o citas textuales de personas contrarias a una operación antiterrorista; y, por último, "secretos de estado" o cualquier otra información sobre armamento. Los partidarios de las enmiendas argumentaron que eran necesarias para evitar que los medios revelen detalles de una operación en marcha contra acciones terroristas que, como el caso del teatro Dubrovka, siguieran todas las emisiones en directo. Sin embargo, tal y como ha señalado uno de los diarios opositores, la nueva ley prohíbe las críticas a la guerra de Chechenia y denunciar el desmesurado uso de la fuerza militar y las violaciones de los derechos humanos que comete el ejército ruso. Así, una edición que se exprese en este sentido "podrá ser acusada de justificar el terrorismo y el extremismo", y las dudas expresadas sobre la conveniencia de una operación de rescate que pueda causar víctimas "conllevarán responsabilidades penales".
Con la nueva ley, los medios rusos deberán de tener cuidado al hablar de la operación llevada a cabo en el Dubrovka donde las unidades especiales utilizaron un gas secreto de acción devastadora que originó la polémica al morir por asfixia 115 rehenes. La libertad de expresión se restringe en Rusia a marchas forzadas, precisamente cuando la labor de los medios es más necesaria.
Es imprescindible formar a una opinión pública que se movilice contra las injusticias que acaecen en un país donde el Estado parece estar siempre por encima de la ley y son constantes los secretismos y las manipulaciones. La campaña mundial de Amnistía Internacional a favor de la liberación del periodista ruso Grigori Pasko (www.amnistiaporpasko.org) puede canalizar la atención mundial -como lo logró en el caso de la mujer nigeriana Amnia Lawal que iba a morir lapidada- y lograr presionar al gobierno ruso para que cambie su política de acoso a los medios de comunicación. El proyecto de "modernidad" de Rusia así lo exige. No hay democracia sin libertad de información.
(pacienteingles@teleline.es)