Luchemos por eliminar la violencia de género
Cada día nos maravillamos por los grandes avances técnicos y científicos que buscan mejorar las condiciones de vida de los seres humanos; sin embargo, frente a esa celebración también nos lamentamos por el hecho de que problemas sociales como la pobreza y la violencia de género sigan existiendo. Y es que resulta nefastamente contradictorio que las sociedades, por una parte, se declaren avanzadas, modernizadas o globalizadas, mientras el respeto a los derechos humanos, a la equidad y a la libertad no forman parte esencial de la vida de los hombres y de las mujeres que integran a la humanidad. Ninguna sociedad puede llamarse digna, si los derechos de las mujeres no son reconocidos e instaurados como forma de vida o mientras las mujeres en cualquier nación, sigamos siendo consideradas como objetos o como personas de segunda categoría y sin derechos.
Es por ello que este 25 de noviembre, "día internacional de lucha contra la violencia hacia la mujer", tenemos que seguir denunciando la violencia de la que somos objeto en todo el mundo en multitud de ámbitos y de forma especial, la que muchas mujeres sufren en su entorno más cotidiano, sus hogares.
Y es que no basta, como hemos repetido hasta la saciedad y seguiremos repitiendo hasta que sea necesario, con la existencia de leyes y de convenios que prohíban y que sancionen la violencia de género, si paralelamente a esas leyes no cambian las actitudes y los comportamientos violentos de las mentes y de los corazones de quienes se sienten dueños o poseedores absolutos de derechos sobre la mujer, sea ésta su hija, hermana, nieta, esposa, compañera, novia o amante.
Mientras la niñez y la juventud de nuestras sociedades sigan desarrollándose y aceptando la "normalidad democrática" que supone en nuestras vidas la violencia; mientras sigan aprendiendo que la posesión, que la fuerza y que la guerra son más eficaces que el diálogo, la solidaridad o el respeto a la dignidad humana, difícilmente podremos desterrar la violencia y esperar que las autoridades políticas y judiciales se tomen en serio su erradicación.
La sociedad panameña y las instituciones políticas y civiles que la representan, tienen el deber de actuar responsablemente en el asunto. No se puede dejar en la indefensión a las mujeres que son objeto de violencia, ni permitir que esa falta de actuación concluya en desenlaces aún más dramáticos que culminan en la muerte de muchas de ellas, otras tantas gravemente heridas y un gran porcentaje que viven bajo el permanente terror psicológico de sentirse la próxima víctima.
Las mujeres llevamos demandando, desde hace ya demasiado tiempo, soluciones reales y efectivas, no simplemente leyes que en la práctica no se cumplen. Las soluciones al problema pasan porque los gobiernos, desde cualquier instancia de poder, adopten y ejecuten medidas políticas encaminadas a potenciar nuestra libertad, a garantizar nuestra seguridad, a eliminar todo tipo de discriminación, a favorecer nuestra participación en los espacios de poder y a difundir valores igualitarios, que formen hombres y mujeres libres e independientes, personas respetuosas y tolerantes con la diversidad y con lo diferente, capaces de superar los conflictos a través del diálogo y no con la violencia.
Este 25 de noviembre es necesario levantar la voz mundial de la conciencia humana para salvar de tanta ignominia a la que se enfrentan diariamente las mujeres, pues de no hacerlo sufriremos las graves consecuencias del juicio histórico de las futuras generaciones. Este 25 de noviembre oremos también por todas las mujeres que son víctimas de la violencia en cualquiera de sus formas; oremos por todas las Amina Lawal víctimas de la ignorancia y del fanatismo religioso. Luchemos por el triunfo de la tolerancia, del diálogo, de la razón, de la paz y desterremos de una vez por todas, la violencia de nuestras mentes, de nuestros corazones y de nuestras vidas, para poder lograr esa plena libertad y autonomía de nuestros pueblos, de la que nos habla la escritora Monserrat Boix: "Es absolutamente imposible la liberación de los pueblos y su desarrollo democrático sin contar con la igualdad de hombres y mujeres. Ni siquiera en las situaciones más duras puede olvidarse o posponerse esta lucha. A lo largo de la historia, las mujeres a menudo han renunciado o aplazado la reivindicación de sus derechos "por el bien común". En todo el mundo, en todas las sociedades, las mujeres pagan siempre el precio más alto para lograr el cambio y la evolución".
Comentó que en algunos países se aplican todos los años pruebas y en otros se hacen cada año porque son requisito básico para la graduación de los alumnos o para la promoción de un año a otro.
En la mayoría de países de América Latina la educación está determinada por ciclos ya que cada tres grados representan un ciclo. De acuerdo con Ferrer lo recomendable es que al termino de cada ciclo, o sea, cada tres años, se deben aplicar pruebas nacionales para medir el rendimiento del aprendizaje de los alumnos.
No obstante, Arregui comenta que aplicar la prueba cada año tiene sus contras porque cada año el sistema no cambia dramáticamente y se puede dedicar mucho tiempo a una tarea cuyos cambios no se perciben.
Ferrer destaca que en muchos países de la región se empezó con mucho ímpetu haciendo pruebas nacionales todos los años y rápidamente se dieron cuenta que estaban saturados de información y nunca tenían tiempo para analizar los datos y mucho menos para tomar medidas al respecto.
Arregui sostiene que los docentes como parte del sistema deben ser evaluados en conjunto, pero sin antes haber tenido la aceptación de ellos porque sería un camino fraguado de errores.
Destaca que la evaluación a los docentes debe discutirse con esos grupos y construirla con su participación hasta que ellos mismos reconozcan que es un mecanismo importante.
Señala que cuando se detecta un docente con deficiencias hay que averiguar si es responsabilidad individual del educador o del sistema que permitió que esa persona entrara a enseñar y se mantuviera enseñando cuando no estaba capacitado para ello y tampoco se le han dado los recursos para subsanar sus deficiencias pedagógicas.
Critica que en la mayoría de los países de América Latina el sistema no permite la salida de un educador con reiteradas demostraciones de deficiencias pedagógicas, situación que debe ser corregida.
Por su lado, Ferrer aporta que existen algunas escuelas cuyos directores crean un ambiente de competitividad aplicando pruebas censales entre los educadores sin poner en juego la estabilidad del docente. En estos casos, comenta, el mismo maestro se cambia de escuela en caso de que no logre los requisitos mínimos.
Los gremios docentes apoyan la creación de un sistema de evaluación para la educación nacional, siempre y cuando, ese instrumento no se utilice para intimidar ni poner en juego la estabilidad de los maestros y profesores, advirtió el dirigente magisterial Luis López.
López destaca que apoyan un sistema evaluativo que incluya desde el Ministro de Educación, supervisores, estudiantes y hasta a los docentes, pero que sea basado en aplicaciones científicas y pedagógicas.
Destaca que un sistema de evaluación tendrá el respaldo de los gremios si su único fin es que los resultados se utilicen para mejorar la calidad de la educación y no para perseguir ni intimar a ninguno de los grupos que componen el sector educativo nacional.
Según el dirigente en otros países se ha aplicado un sistema de evaluación, pero se ha utilizado para poner en peligro la estabilidad de miles de educadores. Reconoció que en Panamá el sistema no se evalúa desde hace muchos años y que los únicos que son evaluados son los educadores.
López denuncia que la actual evaluación que se le aplica a los docentes panameños es anacrónica y la misma debe ser cambiada para un mejor rendimiento del sistema educativo, además que destaca que la evaluación debe ser extensiva también a las escuelas privadas panameñas, que son parte del sistema.
Advierte que los educadores reclaman la participación en cualquier aprobación de ley, decreto o resuelto que cree un sistema nacional de evaluación porque así quedó determinado en el Diálogo por la Transformación Integral del Sistema Educativo.
Los costos de la prueba para medir el rendimiento del sistema depende del tamaño del país, señala Ferrer, además de que hay que agregar los gastos de equipos tecnológicos, y el viaje de los encuestadores al interior del país, así como la impresión de las pruebas y su diseño.
Destaca que muchos países logran ahorrar costos en este sentido porque tienen personal permanente para aplicar las pruebas y no requieren el nombramiento de nuevas personas para esa tarea.
En Panamá se requeriría menos del uno por ciento del presupuesto del Ministerio de Educación para los costos de las pruebas debido a que parte de los gastos ya están cubierto por el mismo sistema como educadores, supervisores, locales, etcétera.
Es la pregunta del millón, comenta Arregui ya que existen en el hemisferio ministerios de Educación que aplican las pruebas y nadie duda de los resultados divulgados por el alto nivel de confiabilidad que tienen en la población.
No obstante, señala que en otras naciones para evitar acusaciones de manipulación de los resultados se ha adoptado por contratar agencias o instituciones independientes.
Arregui lamenta que a pesar de que una entidad independiente aplique las pruebas el Estado, a través del Ministerio de Educación, se guarda el derecho de no revelar los datos o interrumpe el financiamiento económico a la entidad contratada, lo que hace morir el proyecto.
Para Arregui lo más importante de contar con una evaluación del sistema es que obliga a definir prioridades para mejorar el aprendizaje y se envía un mensaje positivo a la población de que se está valorando a la educación.
En segundo lugar, se desarrolla una actitud científica hacia el quehacer educativo, sin cuestiones de ideología y de marcos teóricos, sino saber qué funciona y qué no funciona y tener alguna medida objetiva para tomar correctivos, explicó.
Denunció que en muchos países se cambia de curriculum cada año, se modifican las políticas y prioridades, pero nunca se tiene una evidencia sólida de cómo eso afectó el aprendizaje, que es el fondo lo que debería interesar.
El hacer pruebas te da la posibilidad de tener una medida de aprendizaje concreta, además despierta el espíritu evaluativo y permite hacer las adecuaciones y modificaciones al sistema educativo en base a información confirmada.
Es por ello que este 25 de noviembre, "día internacional de lucha contra la violencia hacia la mujer", tenemos que seguir denunciando la violencia de la que somos objeto en todo el mundo en multitud de ámbitos y de forma especial, la que muchas mujeres sufren en su entorno más cotidiano, sus hogares.
Y es que no basta, como hemos repetido hasta la saciedad y seguiremos repitiendo hasta que sea necesario, con la existencia de leyes y de convenios que prohíban y que sancionen la violencia de género, si paralelamente a esas leyes no cambian las actitudes y los comportamientos violentos de las mentes y de los corazones de quienes se sienten dueños o poseedores absolutos de derechos sobre la mujer, sea ésta su hija, hermana, nieta, esposa, compañera, novia o amante.
Mientras la niñez y la juventud de nuestras sociedades sigan desarrollándose y aceptando la "normalidad democrática" que supone en nuestras vidas la violencia; mientras sigan aprendiendo que la posesión, que la fuerza y que la guerra son más eficaces que el diálogo, la solidaridad o el respeto a la dignidad humana, difícilmente podremos desterrar la violencia y esperar que las autoridades políticas y judiciales se tomen en serio su erradicación.
La sociedad panameña y las instituciones políticas y civiles que la representan, tienen el deber de actuar responsablemente en el asunto. No se puede dejar en la indefensión a las mujeres que son objeto de violencia, ni permitir que esa falta de actuación concluya en desenlaces aún más dramáticos que culminan en la muerte de muchas de ellas, otras tantas gravemente heridas y un gran porcentaje que viven bajo el permanente terror psicológico de sentirse la próxima víctima.
Las mujeres llevamos demandando, desde hace ya demasiado tiempo, soluciones reales y efectivas, no simplemente leyes que en la práctica no se cumplen. Las soluciones al problema pasan porque los gobiernos, desde cualquier instancia de poder, adopten y ejecuten medidas políticas encaminadas a potenciar nuestra libertad, a garantizar nuestra seguridad, a eliminar todo tipo de discriminación, a favorecer nuestra participación en los espacios de poder y a difundir valores igualitarios, que formen hombres y mujeres libres e independientes, personas respetuosas y tolerantes con la diversidad y con lo diferente, capaces de superar los conflictos a través del diálogo y no con la violencia.
Este 25 de noviembre es necesario levantar la voz mundial de la conciencia humana para salvar de tanta ignominia a la que se enfrentan diariamente las mujeres, pues de no hacerlo sufriremos las graves consecuencias del juicio histórico de las futuras generaciones. Este 25 de noviembre oremos también por todas las mujeres que son víctimas de la violencia en cualquiera de sus formas; oremos por todas las Amina Lawal víctimas de la ignorancia y del fanatismo religioso. Luchemos por el triunfo de la tolerancia, del diálogo, de la razón, de la paz y desterremos de una vez por todas, la violencia de nuestras mentes, de nuestros corazones y de nuestras vidas, para poder lograr esa plena libertad y autonomía de nuestros pueblos, de la que nos habla la escritora Monserrat Boix: "Es absolutamente imposible la liberación de los pueblos y su desarrollo democrático sin contar con la igualdad de hombres y mujeres. Ni siquiera en las situaciones más duras puede olvidarse o posponerse esta lucha. A lo largo de la historia, las mujeres a menudo han renunciado o aplazado la reivindicación de sus derechos "por el bien común". En todo el mundo, en todas las sociedades, las mujeres pagan siempre el precio más alto para lograr el cambio y la evolución".
Comentó que en algunos países se aplican todos los años pruebas y en otros se hacen cada año porque son requisito básico para la graduación de los alumnos o para la promoción de un año a otro.
En la mayoría de países de América Latina la educación está determinada por ciclos ya que cada tres grados representan un ciclo. De acuerdo con Ferrer lo recomendable es que al termino de cada ciclo, o sea, cada tres años, se deben aplicar pruebas nacionales para medir el rendimiento del aprendizaje de los alumnos.
No obstante, Arregui comenta que aplicar la prueba cada año tiene sus contras porque cada año el sistema no cambia dramáticamente y se puede dedicar mucho tiempo a una tarea cuyos cambios no se perciben.
Ferrer destaca que en muchos países de la región se empezó con mucho ímpetu haciendo pruebas nacionales todos los años y rápidamente se dieron cuenta que estaban saturados de información y nunca tenían tiempo para analizar los datos y mucho menos para tomar medidas al respecto.
Arregui sostiene que los docentes como parte del sistema deben ser evaluados en conjunto, pero sin antes haber tenido la aceptación de ellos porque sería un camino fraguado de errores.
Destaca que la evaluación a los docentes debe discutirse con esos grupos y construirla con su participación hasta que ellos mismos reconozcan que es un mecanismo importante.
Señala que cuando se detecta un docente con deficiencias hay que averiguar si es responsabilidad individual del educador o del sistema que permitió que esa persona entrara a enseñar y se mantuviera enseñando cuando no estaba capacitado para ello y tampoco se le han dado los recursos para subsanar sus deficiencias pedagógicas.
Critica que en la mayoría de los países de América Latina el sistema no permite la salida de un educador con reiteradas demostraciones de deficiencias pedagógicas, situación que debe ser corregida.
Por su lado, Ferrer aporta que existen algunas escuelas cuyos directores crean un ambiente de competitividad aplicando pruebas censales entre los educadores sin poner en juego la estabilidad del docente. En estos casos, comenta, el mismo maestro se cambia de escuela en caso de que no logre los requisitos mínimos.
Los gremios docentes apoyan la creación de un sistema de evaluación para la educación nacional, siempre y cuando, ese instrumento no se utilice para intimidar ni poner en juego la estabilidad de los maestros y profesores, advirtió el dirigente magisterial Luis López.
López destaca que apoyan un sistema evaluativo que incluya desde el Ministro de Educación, supervisores, estudiantes y hasta a los docentes, pero que sea basado en aplicaciones científicas y pedagógicas.
Destaca que un sistema de evaluación tendrá el respaldo de los gremios si su único fin es que los resultados se utilicen para mejorar la calidad de la educación y no para perseguir ni intimar a ninguno de los grupos que componen el sector educativo nacional.
Según el dirigente en otros países se ha aplicado un sistema de evaluación, pero se ha utilizado para poner en peligro la estabilidad de miles de educadores. Reconoció que en Panamá el sistema no se evalúa desde hace muchos años y que los únicos que son evaluados son los educadores.
López denuncia que la actual evaluación que se le aplica a los docentes panameños es anacrónica y la misma debe ser cambiada para un mejor rendimiento del sistema educativo, además que destaca que la evaluación debe ser extensiva también a las escuelas privadas panameñas, que son parte del sistema.
Advierte que los educadores reclaman la participación en cualquier aprobación de ley, decreto o resuelto que cree un sistema nacional de evaluación porque así quedó determinado en el Diálogo por la Transformación Integral del Sistema Educativo.
Los costos de la prueba para medir el rendimiento del sistema depende del tamaño del país, señala Ferrer, además de que hay que agregar los gastos de equipos tecnológicos, y el viaje de los encuestadores al interior del país, así como la impresión de las pruebas y su diseño.
Destaca que muchos países logran ahorrar costos en este sentido porque tienen personal permanente para aplicar las pruebas y no requieren el nombramiento de nuevas personas para esa tarea.
En Panamá se requeriría menos del uno por ciento del presupuesto del Ministerio de Educación para los costos de las pruebas debido a que parte de los gastos ya están cubierto por el mismo sistema como educadores, supervisores, locales, etcétera.
Es la pregunta del millón, comenta Arregui ya que existen en el hemisferio ministerios de Educación que aplican las pruebas y nadie duda de los resultados divulgados por el alto nivel de confiabilidad que tienen en la población.
No obstante, señala que en otras naciones para evitar acusaciones de manipulación de los resultados se ha adoptado por contratar agencias o instituciones independientes.
Arregui lamenta que a pesar de que una entidad independiente aplique las pruebas el Estado, a través del Ministerio de Educación, se guarda el derecho de no revelar los datos o interrumpe el financiamiento económico a la entidad contratada, lo que hace morir el proyecto.
Para Arregui lo más importante de contar con una evaluación del sistema es que obliga a definir prioridades para mejorar el aprendizaje y se envía un mensaje positivo a la población de que se está valorando a la educación.
En segundo lugar, se desarrolla una actitud científica hacia el quehacer educativo, sin cuestiones de ideología y de marcos teóricos, sino saber qué funciona y qué no funciona y tener alguna medida objetiva para tomar correctivos, explicó.
Denunció que en muchos países se cambia de curriculum cada año, se modifican las políticas y prioridades, pero nunca se tiene una evidencia sólida de cómo eso afectó el aprendizaje, que es el fondo lo que debería interesar.
El hacer pruebas te da la posibilidad de tener una medida de aprendizaje concreta, además despierta el espíritu evaluativo y permite hacer las adecuaciones y modificaciones al sistema educativo en base a información confirmada.