Luis Anderson y su visión del Canal -In Memoriam-
HABER pasado de electricista en el Canal de Panamá a asesor del equipo negociador de los Tratados Torrijos-Carter y ser miembro de la Junta Directiva del Canal, convierten a Luis Anderson en uno de los protagonistas de la reversión del Canal a manos panameñas.
Durante 40 años estuvo ligado al Canal. En 1962 se inició como funcionario del Gobierno de los Estados Unidos de América; en 1973 como dirigente de uno de los sindicatos que afiliaban trabajadores panameños en el área canalera; en 1977 se incorporó al equipo negociador panameño; en 1983 fue designado por el Presidente Ricardo De la Espriella como miembro de la Junta Directiva de la Comisión del Canal de Panamá; en 1991 como miembro de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá nombrado por el presidente Guillermo Endara y en 1998 designado en igual cargo por el presidente Ernesto Pérez Balladares.
A fines de 1999, con motivo de la reversión del Canal a Panamá, concedió una entrevista a un medio de comunicación escrito y en la misma se refirió a la posibilidad de la ampliación del Canal. Por considerar importante la opinión que expresara sobre el tema que es motivo de debate nacional, decidí reflejarla en este artículo.
En primer lugar, se refirió al significado que tuvo para él, en lo personal, su participación en el proceso de negociación. Reconocía que fue posible gracias a la comprensión que tenía el General Omar Torrijos de que los trabajadores del Canal, eran quienes mejor conocían la operación de la vía acuática y pese a las reticencias de los estadounidenses de aceptar su presencia, por ser trabajador de la hasta entonces empresa norteamericana, el Gobierno panameño se mantuvo firme y finalmente fue posible asesorar en todo el proceso. Para él era motivo de orgullo haber ayudado a asegurar los derechos soberanos de su país y las garantías laborales de los trabajadores después de la reversión del Canal.
Desde su perspectiva, con los Tratados Torrijos-Carter, el Canal, además de pasar de ser empresa estatal estadounidense a empresa comercial internacional panameña, produce la verdadera integración del mismo al territorio nacional. Consideraba que la razón fundamental de la lucha generacional era para que la llamada Zona del Canal dejara de ser un territorio separado del país y pasara a convertirse en un polo de desarrollo nacional, al cual los panameños podemos ingresar sin restricción y porque recibiremos beneficios en agua, energía, aporte en dinero al Tesoro Nacional, empleo y la posibilidad de desarrollar actividades económicas antes prohibidas allí.
Añadió que la memoria de los letreros que prohibían a los panameños entrar a esa zona, en la que el pase de conducción nacional no servía y se exigía una calcomanía especial a nuestros vehículos para ingresar es un recuerdo que todos deseamos borrar. Se sentía tranquilo porque en los textos del Tratado y en las disposiciones laborales se aseguraron que los trabajadores que sirven al Canal van a continuar trabajando en él y sólo por razones técnicas o de cambios en el volumen de tráfico, se introducirán modificaciones de personal.
En segundo lugar, se sentía orgulloso de haber tenido la oportunidad de formar parte de ese equipo de panameños y panameñas, los y las que componen la Junta Directiva y la alta gerencia de la ACP, todos comprometidos con la excelente operación del Canal y con su modernización y futuro desarrollo, lo que augura que la operación efectiva y eficiente del Canal continuará.
El dirigente laboral consideraba y así lo expresó en diversas entrevistas, que el Canal, seguía siendo la mayor empresa de toda Centroamérica, y la única industria pesada de Panamá, dispone de los mejores equipos de dragado del continente y el recurso humano y técnico es de alta calificación. El diseño de ensanche del Corte Culebra ha sido elaborado y fue ejecutado por ingenieros panameños. Al interior del Canal, opera el sistema de mérito y esperaba que dicho sistema se mantuviera y se perfeccionara aún más.
Luis Anderson había concebido la posibilidad de la ampliación del Canal. Planteaba que para que el Canal siguiera siendo rentable tendría que irse adecuando a las necesidades de los nuevos tiempos. Allí expuso acerca del nivel de tecnificación que se había logrado con la computarización en el manejo de los sistemas de navegación. Le había dado seguimiento a los estudios que se estaban elaborando y aunque muchos de ellos indicaban que en otros países se tienen sistemas de reutilización de agua o sistemas mecánicos de elevación y descenso de los buques, para el caso panameño a él le resultaba claro que iba a ser necesaria la construcción de un tercer juego de esclusas y así lo expresó. Con los puertos de contenedores que se desarrollan a ambos lados del canal, con el ferrocarril de alta velocidad que unirá los dos océanos y con las ventajas de carretera y de comunicaciones, había comprendido que Panamá podría conservar su ventaja frente a otras opciones, siempre que se continuara modernizando la operación del Canal.
Precisaba que el Título Constitucional y la Ley que incorporaron el Canal a la legalidad panameña y que fueron aprobadas por unanimidad en la Asamblea Legislativa, demostraron una alta cohesión patriótica en torno a la necesidad de preservar el Canal por encima de las contingencias políticas. Los miembros de la autoridad canalera tienen períodos escalonados que cubren la vigencia de varios Gobiernos y todos confiamos que ello asegurará y mantendrá una operación segura.
En honor a los panameños y panameñas, a los y las estudiantes y obreros, que levantaron con heroísmo la demanda de recuperación del Canal y muchos pagaron con sus vidas, esperaba que se manejara la discusión del futuro del Canal, alejado de consideraciones partidistas. Panamá tiene en el Canal, un activo estratégico invaluable y tenemos el deber de asegurar que su operación, además de servir al comercio mundial, soporte los procesos de desarrollo de Panamá.
Al retirarse de la Junta Directiva el 3 de enero de 2002, en cartas que envió al Ministro para Asuntos del Canal y al Administrador de la ACP, les expresó su público reconocimiento a quienes han hecho una realidad un "canal panameño", operado y administrado por Panamá y por panameños. En primer lugar, a la sucesión de generaciones que nunca cesaron en sus esfuerzos por convertir en realidad los anhelos de nuestro pueblo de ejercer plena soberanía y usufructuar los beneficios de nuestro principal recurso natural. Luego al General Omar Torrijos, quien supo galvanizar la voluntad del pueblo y lograr de los Estados Unidos un tratado decoroso que reflejase los anhelos del pueblo panameño y pusiera fin a una situación colonial. También a los panameños que hasta el 31 de diciembre de 1999, en la Junta Directiva de la Comisión del Canal de Panamá, fueron eficaces en asegurar que el bien que nuestro país adquiría, no cayera en la obsolescencia y estuviese en condiciones de seguir realizando las tareas que la marina mundial y el comercio requieren. Finalmente a los trabajadores pasados y presentes del Canal, sin cuya capacidad lograda a base de estudios, experiencia y dedicación, contribuyen a la operación, administración, mantenimiento y seguridad del Canal.
En el último discurso que pronunció en Caracas, agradeció a Dios por permitirle servir a su patria en la recuperación de su bien más preciado: el Canal, lo que le había representado un honor y una satisfacción. Luis Anderson falleció en noviembre de 2003. Como previendo su desenlace, solicitó ser cremado y que sus cenizas fueran esparcidas en las aguas del Canal, a quien dedicó los mejores años de su vida.
(*)La autora es la viuda de Luis Anderson y Presidenta de la Fundación Luis Anderson.
Durante 40 años estuvo ligado al Canal. En 1962 se inició como funcionario del Gobierno de los Estados Unidos de América; en 1973 como dirigente de uno de los sindicatos que afiliaban trabajadores panameños en el área canalera; en 1977 se incorporó al equipo negociador panameño; en 1983 fue designado por el Presidente Ricardo De la Espriella como miembro de la Junta Directiva de la Comisión del Canal de Panamá; en 1991 como miembro de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá nombrado por el presidente Guillermo Endara y en 1998 designado en igual cargo por el presidente Ernesto Pérez Balladares.
A fines de 1999, con motivo de la reversión del Canal a Panamá, concedió una entrevista a un medio de comunicación escrito y en la misma se refirió a la posibilidad de la ampliación del Canal. Por considerar importante la opinión que expresara sobre el tema que es motivo de debate nacional, decidí reflejarla en este artículo.
En primer lugar, se refirió al significado que tuvo para él, en lo personal, su participación en el proceso de negociación. Reconocía que fue posible gracias a la comprensión que tenía el General Omar Torrijos de que los trabajadores del Canal, eran quienes mejor conocían la operación de la vía acuática y pese a las reticencias de los estadounidenses de aceptar su presencia, por ser trabajador de la hasta entonces empresa norteamericana, el Gobierno panameño se mantuvo firme y finalmente fue posible asesorar en todo el proceso. Para él era motivo de orgullo haber ayudado a asegurar los derechos soberanos de su país y las garantías laborales de los trabajadores después de la reversión del Canal.
Desde su perspectiva, con los Tratados Torrijos-Carter, el Canal, además de pasar de ser empresa estatal estadounidense a empresa comercial internacional panameña, produce la verdadera integración del mismo al territorio nacional. Consideraba que la razón fundamental de la lucha generacional era para que la llamada Zona del Canal dejara de ser un territorio separado del país y pasara a convertirse en un polo de desarrollo nacional, al cual los panameños podemos ingresar sin restricción y porque recibiremos beneficios en agua, energía, aporte en dinero al Tesoro Nacional, empleo y la posibilidad de desarrollar actividades económicas antes prohibidas allí.
Añadió que la memoria de los letreros que prohibían a los panameños entrar a esa zona, en la que el pase de conducción nacional no servía y se exigía una calcomanía especial a nuestros vehículos para ingresar es un recuerdo que todos deseamos borrar. Se sentía tranquilo porque en los textos del Tratado y en las disposiciones laborales se aseguraron que los trabajadores que sirven al Canal van a continuar trabajando en él y sólo por razones técnicas o de cambios en el volumen de tráfico, se introducirán modificaciones de personal.
En segundo lugar, se sentía orgulloso de haber tenido la oportunidad de formar parte de ese equipo de panameños y panameñas, los y las que componen la Junta Directiva y la alta gerencia de la ACP, todos comprometidos con la excelente operación del Canal y con su modernización y futuro desarrollo, lo que augura que la operación efectiva y eficiente del Canal continuará.
El dirigente laboral consideraba y así lo expresó en diversas entrevistas, que el Canal, seguía siendo la mayor empresa de toda Centroamérica, y la única industria pesada de Panamá, dispone de los mejores equipos de dragado del continente y el recurso humano y técnico es de alta calificación. El diseño de ensanche del Corte Culebra ha sido elaborado y fue ejecutado por ingenieros panameños. Al interior del Canal, opera el sistema de mérito y esperaba que dicho sistema se mantuviera y se perfeccionara aún más.
Luis Anderson había concebido la posibilidad de la ampliación del Canal. Planteaba que para que el Canal siguiera siendo rentable tendría que irse adecuando a las necesidades de los nuevos tiempos. Allí expuso acerca del nivel de tecnificación que se había logrado con la computarización en el manejo de los sistemas de navegación. Le había dado seguimiento a los estudios que se estaban elaborando y aunque muchos de ellos indicaban que en otros países se tienen sistemas de reutilización de agua o sistemas mecánicos de elevación y descenso de los buques, para el caso panameño a él le resultaba claro que iba a ser necesaria la construcción de un tercer juego de esclusas y así lo expresó. Con los puertos de contenedores que se desarrollan a ambos lados del canal, con el ferrocarril de alta velocidad que unirá los dos océanos y con las ventajas de carretera y de comunicaciones, había comprendido que Panamá podría conservar su ventaja frente a otras opciones, siempre que se continuara modernizando la operación del Canal.
Precisaba que el Título Constitucional y la Ley que incorporaron el Canal a la legalidad panameña y que fueron aprobadas por unanimidad en la Asamblea Legislativa, demostraron una alta cohesión patriótica en torno a la necesidad de preservar el Canal por encima de las contingencias políticas. Los miembros de la autoridad canalera tienen períodos escalonados que cubren la vigencia de varios Gobiernos y todos confiamos que ello asegurará y mantendrá una operación segura.
En honor a los panameños y panameñas, a los y las estudiantes y obreros, que levantaron con heroísmo la demanda de recuperación del Canal y muchos pagaron con sus vidas, esperaba que se manejara la discusión del futuro del Canal, alejado de consideraciones partidistas. Panamá tiene en el Canal, un activo estratégico invaluable y tenemos el deber de asegurar que su operación, además de servir al comercio mundial, soporte los procesos de desarrollo de Panamá.
Al retirarse de la Junta Directiva el 3 de enero de 2002, en cartas que envió al Ministro para Asuntos del Canal y al Administrador de la ACP, les expresó su público reconocimiento a quienes han hecho una realidad un "canal panameño", operado y administrado por Panamá y por panameños. En primer lugar, a la sucesión de generaciones que nunca cesaron en sus esfuerzos por convertir en realidad los anhelos de nuestro pueblo de ejercer plena soberanía y usufructuar los beneficios de nuestro principal recurso natural. Luego al General Omar Torrijos, quien supo galvanizar la voluntad del pueblo y lograr de los Estados Unidos un tratado decoroso que reflejase los anhelos del pueblo panameño y pusiera fin a una situación colonial. También a los panameños que hasta el 31 de diciembre de 1999, en la Junta Directiva de la Comisión del Canal de Panamá, fueron eficaces en asegurar que el bien que nuestro país adquiría, no cayera en la obsolescencia y estuviese en condiciones de seguir realizando las tareas que la marina mundial y el comercio requieren. Finalmente a los trabajadores pasados y presentes del Canal, sin cuya capacidad lograda a base de estudios, experiencia y dedicación, contribuyen a la operación, administración, mantenimiento y seguridad del Canal.
En el último discurso que pronunció en Caracas, agradeció a Dios por permitirle servir a su patria en la recuperación de su bien más preciado: el Canal, lo que le había representado un honor y una satisfacción. Luis Anderson falleció en noviembre de 2003. Como previendo su desenlace, solicitó ser cremado y que sus cenizas fueran esparcidas en las aguas del Canal, a quien dedicó los mejores años de su vida.
(*)La autora es la viuda de Luis Anderson y Presidenta de la Fundación Luis Anderson.