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Luis Blanco, Subadministrador del Canal


El domingo pasado logramos confirmar que se baraja el nombre del ingeniero Luis Blanco, actual ministro de Obras Públicas como Subadministrador del Canal. Blanco pasaría a ser segundo del actual administrador, Alberto Alemán Zubieta, aunque para ello requeriría de la aprobación de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal, cuya presidencia ostenta el también ministro Jorge Eduardo Ritter.
Es difícil escatimar méritos al ministro Blanco. En esta misma columna nos hemos referido a su labor en el rubro de carreteras y calles, de las que es mudo testigo el ensanche de la Interamericana. También, aunque en menor grado, hay que acreditarle las mejoras introducidas a las vías de la ciudad capital. Y más discutidos, pero no totalmente ausentes de mérito, son los corredores por concesión privada Norte y Sur.
Pero al margen de sus méritos, Luis Blanco es un conocido político, vinculado estrechamente al presidente de la República, Ernesto Pérez Balladares, quien cesará en su cargo el 1 de octubre próximo. Y en esa circunstancia, su designación no ayudaría en nada al consenso nacional de mantener el Canal lo más lejos posible de la política partidista.
Cierto es que en ese terreno el presidente se ha tomado algunas libertades, como cuando nombró a varios de sus amigos, allegados políticos y parientes en la Junta Directiva de la Autoridad del Canal; pero también es cierto que pagó un alto precio por el desatino, igual que el país en su imagen internacional expuesta a justificadas críticas.
No olvidamos que, a raíz de su anuncio, de que aspiraba a su fallida reelección, varios de sus flamantes directivos canaleros corrieron a integrar un comité de apoyo. Por fortuna, desistieron a tiempo, tras una lluvia de críticas.
Hace poco, el mandatario nombró a otro pariente en la Superintendencia de Bancos, en reemplazo de su exviceministro de Planificación, Carlos Vallarino, quien dejó el cargo para encargarse de la campaña del candidato oficialista. Y aunque el puesto debía ser tan apolítico como el de la Reserva Federal, con Allan Greespan y todo, no le importó.
Lo ideal es que el nombramiento de subadministrador tenga lugar bajo el gobierno que surja de las elecciones de mayo; y que el mismo recaiga en otro profesional independiente cuyos méritos e historial descarte por su solo nombre toda suspicacia de política criolla.

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