Madres asesinadas
Se van haciendo frecuentes los homicidios de mujeres cuyos victimarios resultan ser sus propios compañeros maritales. Y las han ultimado con tal sevicia, que no les importó la presencia de los hijos de la víctima, a veces tiernos de edad aún. Conforme a nuestro Código Penal, por muchos años de reclusión que se les imponga a los autores de este tipo de homicidas, no basta. La pena en tales casos debe ser la de cadena perpetua con obligación de trabajar, y al que se resista, imponerle encierro en calabozo y a base de pan y agua.
Tenemos que comprender la gravedad de estos casos. El homicida no sólo cometió el crimen de haber matado a su mujer, sino también el horripilante y conmovedor crimen de haberle arrebatado la madre a sus tiernas e inocentes criaturas a las que de paso también las dejó traumatizadas para el resto de sus vidas en cuyas mentes permanecerá imborrable la brutal escena del asesinato de su madre.
Instamos a las mujeres del país a que se hagan sentir y no cejar hasta que se legisle sobre el tema como en justicia corresponde.