Magistrados, asunto de todos
Gerardo Solís ha sido nombrado por la Corte Suprema de Justicia como nuevo magistrado del Tribunal Electoral. Faltan aún dos designaciones, una por el Ejecutivo y otra por el Legislativo. Los nuevos magistrados presidirán las primeras elecciones de post-referendo de ampliación del Canal en el 2009. Quienes se alcen con el triunfo entonces, firmarán los primeros pagarés para financiar las obras. Pero antes, deberán emerger como autoridades creíbles, con credenciales acreditadas por esos nuevos magistrados. Si hay dudas, no habrá préstamos. Sería demasiado dinero para ponerlo en manos de un gobierno fraudulento. Son por eso las elecciones en las que mayor credibilidad debemos poner, habida consideración de la buena labor que, en ese aspecto, cumplieron los magistrados Valdés, Allen y Pinilla, al margen de sus vacaciones.
Como país necesitamos, pues, tres buenos, confiables y honestos magistrados electorales; y mucho más con la nueva tendencia que se ha venido dando en el mundo, de elecciones estrechas, como las últimas en Estados Unidos, Taiwan, Alemania y México, entre otros.
Por ejemplo, un margen reducido, puede ser decidido por una impugnación en algún lejano circuito. No olvidamos los 1, 713 votos de Nicky Barletta sobre Arnulfo; ni la cuestionable derrota de Yu en Río Abajo, habiendo sacado más votos que nadie, para consolidar el control oficialista en la Asamblea; ni los pataleos de Jesús Rosas por el control del MOLIRENA; ni de la victoria de Gilberto Arias Guardia, excluido de las papeletas de votación por Antón, cuando la dictadura le tenía pavor en la Asamblea; ni de del fallo que hace posible contar cada voto más de una vez para que los partidos más votados se lleven la mayoría de diputado, aunque su cuenta total no corresponda. Por ningún motivo debemos regresar a la época de los fraudes.
En fin, no porque Gerardo Solís sea un hombre allegado al ex presidente Pérez Balladares, cosa para el último muy oportuna en víspera de su futura participación en elecciones internas dentro del oficialista PRD en contra de algún hombre cercano al Presidente Torrijos, debe el Ejecutivo llevar al Tribunal Electoral a cualquiera, sin los necesarios atributos de credibilidad. Lo mismo cabe decir respecto al tercer magistrado, que deberá nombrar la Asamblea Nacional.
Por eso, no entendemos la marginación en la que, en ese proceso de nombramiento, se han colocado los partidos de oposición y la sociedad civil, como si no fuera asunto suyo.
Como país necesitamos, pues, tres buenos, confiables y honestos magistrados electorales; y mucho más con la nueva tendencia que se ha venido dando en el mundo, de elecciones estrechas, como las últimas en Estados Unidos, Taiwan, Alemania y México, entre otros.
Por ejemplo, un margen reducido, puede ser decidido por una impugnación en algún lejano circuito. No olvidamos los 1, 713 votos de Nicky Barletta sobre Arnulfo; ni la cuestionable derrota de Yu en Río Abajo, habiendo sacado más votos que nadie, para consolidar el control oficialista en la Asamblea; ni los pataleos de Jesús Rosas por el control del MOLIRENA; ni de la victoria de Gilberto Arias Guardia, excluido de las papeletas de votación por Antón, cuando la dictadura le tenía pavor en la Asamblea; ni de del fallo que hace posible contar cada voto más de una vez para que los partidos más votados se lleven la mayoría de diputado, aunque su cuenta total no corresponda. Por ningún motivo debemos regresar a la época de los fraudes.
En fin, no porque Gerardo Solís sea un hombre allegado al ex presidente Pérez Balladares, cosa para el último muy oportuna en víspera de su futura participación en elecciones internas dentro del oficialista PRD en contra de algún hombre cercano al Presidente Torrijos, debe el Ejecutivo llevar al Tribunal Electoral a cualquiera, sin los necesarios atributos de credibilidad. Lo mismo cabe decir respecto al tercer magistrado, que deberá nombrar la Asamblea Nacional.
Por eso, no entendemos la marginación en la que, en ese proceso de nombramiento, se han colocado los partidos de oposición y la sociedad civil, como si no fuera asunto suyo.