Magnitud del desastre
Tenemos la impresión que nuestro gobierno y la ciudadanía no ha calibrado la magnitud del desastre climático sufrido por Boquete y Bocas del Toro, Volcán y Cerro Punta. Cuando desciendan las aguas y se calmen los ríos tendremos una mejor idea. Mucho tememos que las reservas que tenga el Gobierno y los acopios de donaciones que hayamos hecho, por bien intencionadas que sean, serán insuficientes para paliar los daños padecidos por nuestros compatriotas y por los visitantes y residentes extranjeros que han compartido las pérdidas a su lado.
Si a ello añadimos al resto del país, que como en Veraguas, Colón, Coclé y las vías de accesos a la capital, que también han sido golpeados por el fenómeno, veremos que las máximas estimaciones que creamos posibles, se verán superadas. Las carreteras, en secciones enteras, de centenares de kilómetros, se han deshecho desde sus cimientos. Reconstruirlas tomará tiempo, esfuerzo y decenas de millones de balboas. Lo que resta de tiempo a la presente administración es insuficiente.
Por más que nos duela, cuando salga por fin el sol y cesen las lluvias, empezarán de verdad los problemas. La infraestructura económica de Boquete, Bocas y Tierras Altas, en general, ha sido destruida o está seriamente dañada. La gente vivía del agro y el turismo. Y el ciclo de producción se ha perdido y no se recuperará sino hasta bien entrado el año próximo. La temporada turística en Bocas, igual. ¿De qué vivirán ahora? El Gobierno ha malgastado tantos millones en subsidios, focos cubanos y paternalismo politiquero, que ahora, que realmente necesita recursos, no los tiene. El Fondo Fiduciario, incluso, se llenó de papeles de deuda del propio Estado. Habrá que acudir a empréstitos y ayuda internacional. ¿Estamos listos para gastar mil millones de balboas?