Mal de muchos, consuelo de tontos
Desde hace algunos años, me he referido al problema de la corrupción en nuestro país, que se suponía que se daría fin al terminar su mandato la dictadura y sus secuaces. Hagamos un recuento de lo sucedido al iniciarse la incipiente democracia, a partir de 1989 y a pesar que se trató de corregir entuertos, nadie se explica por qué se siguió la misma línea anterior y los delincuentes que hicieron su fortuna a base de las prebendas concedidas por los que gobernaban, siguieron paseándose por doquier, sin que recibieran su merecido castigo. Sólo algunos chivos expiatorios fueron a parar a la cárcel, como para hacer ver que se hacía justicia. Justicia a medias, porque el pueblo esperaba otra cosa. Surgieron entonces ministros y altos funcionarios que igual que los de antes, llegaron a su posición "limpios" y hoy son acaudalados ciudadanos. Hubo algunos que sí pensaron en el país, pero que no los dotaron de las leyes que permitieran que el fisco se resarciera de lo que se le había hurtado, trayendo como consecuencia que se perdieran propiedades de mucho valor que nadie pudo aprovechar.
Es imperdonable que, en ocasión a la inclusión de nuestro país en la lista de los corruptos, tratemos de justificarlo, aduciendo que otras están iguales o peor que nosotros. No puede haber término medio, o somos honestos o no lo somos. La costumbre común de la mayoría de los políticos que llegan al poder con el objeto de servirse de la nación y no de servir a la nación es moneda corriente, porque la honestidad no cuenta. Recuerdo haber escuchado a un millonario, chiricano, candidato a legislador, para las últimas elecciones que decía ante un grupo de su confianza, que el que llega a una posición cimera es para robustecerse y ver cómo ayuda a los suyos. El individuo de marras no resultó electo, pero para los efectos es lo mismo. Todo político trata de acrecentar su peculio.
Me tocó ver a un ex presidente del país que gobernó antes de la dictadura, conduciendo un automóvil pequeño, alemán, y pude comprobar lo que se decía de su honestidad. Entró a la presidencia con recursos limitados y terminó su mandato igual. Ejemplo vívido que sí puede mantener el país fuera de la lista de corrupción, si la cabeza da la tónica. Cuando los gobernantes tienen que cumplir con los que financian sus campañas, están expuestos a tener que complacerlos, muchas veces en detrimento de los intereses de la nación. Las protestas que surgen a diario, demuestran la disconformidad del pueblo, por abusos de los grandes, como se les llama, a quienes no alcanza la ley. Los rateros están en Coiba, los ladrones de levita se pasean orondos en sus carros refrigerados, para afrenta de los que nada tienen. Las injusticias sociales nos llevarán a situaciones de hecho que ojalá se puedan evitar. Decir que nos preocupa cómo vive la mayoría de la población, que es pobre o extremadamente pobre, es una utopía.
Las denuncias por corrupción hay que manejarlas con sumo cuidado, porque quienes las hacen, especialmente los periodistas, están expuestos a juicios y encarcelamiento. ¿No será esta una de las causas por las que nos hayan señalado a tan bajo nivel?
Procuremos cambiar de actitud. No se puede medir con la misma vara a toda la ciudadanía. El porcentaje de corruptos que hay es ínfimo, pero gravita alrededor de la mayoría. Que de arriba se ponga el ejemplo, para que los de abajo sigan la línea.
Es imperdonable que, en ocasión a la inclusión de nuestro país en la lista de los corruptos, tratemos de justificarlo, aduciendo que otras están iguales o peor que nosotros. No puede haber término medio, o somos honestos o no lo somos. La costumbre común de la mayoría de los políticos que llegan al poder con el objeto de servirse de la nación y no de servir a la nación es moneda corriente, porque la honestidad no cuenta. Recuerdo haber escuchado a un millonario, chiricano, candidato a legislador, para las últimas elecciones que decía ante un grupo de su confianza, que el que llega a una posición cimera es para robustecerse y ver cómo ayuda a los suyos. El individuo de marras no resultó electo, pero para los efectos es lo mismo. Todo político trata de acrecentar su peculio.
Me tocó ver a un ex presidente del país que gobernó antes de la dictadura, conduciendo un automóvil pequeño, alemán, y pude comprobar lo que se decía de su honestidad. Entró a la presidencia con recursos limitados y terminó su mandato igual. Ejemplo vívido que sí puede mantener el país fuera de la lista de corrupción, si la cabeza da la tónica. Cuando los gobernantes tienen que cumplir con los que financian sus campañas, están expuestos a tener que complacerlos, muchas veces en detrimento de los intereses de la nación. Las protestas que surgen a diario, demuestran la disconformidad del pueblo, por abusos de los grandes, como se les llama, a quienes no alcanza la ley. Los rateros están en Coiba, los ladrones de levita se pasean orondos en sus carros refrigerados, para afrenta de los que nada tienen. Las injusticias sociales nos llevarán a situaciones de hecho que ojalá se puedan evitar. Decir que nos preocupa cómo vive la mayoría de la población, que es pobre o extremadamente pobre, es una utopía.
Las denuncias por corrupción hay que manejarlas con sumo cuidado, porque quienes las hacen, especialmente los periodistas, están expuestos a juicios y encarcelamiento. ¿No será esta una de las causas por las que nos hayan señalado a tan bajo nivel?
Procuremos cambiar de actitud. No se puede medir con la misma vara a toda la ciudadanía. El porcentaje de corruptos que hay es ínfimo, pero gravita alrededor de la mayoría. Que de arriba se ponga el ejemplo, para que los de abajo sigan la línea.