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Mal futuro nos espera


El mundo se acabará y preferimos ignorarlo. Las futuras generaciones no tendrán agua, no tendrán sombra, el sol les comerá la piel y serán generaciones cancerosas y enfermas por nuestro descuido.
Desde niña aprendí que los árboles eran, prácticamente, la salvación del planeta y, aún recibiendo esas enseñanzas en la escuela primaria de Las Tablas, mis paisanos se han dedicado a derribarlos sin misericordia. Así como los admiro en otras facetas, debo hacerles esta crítica porque las selvas que antaño vimos en la región de Azuero, hoy dejaron un recuerdo de aquello que amparó los tiempos pasados. Sabemos que empezaba a llover en los últimos días de abril, principios de mayo. Hoy, allá llueve bien entrado el invierno.
Lo peor es que ahora no son sólo los santeños los que derriban árboles; son también los indígenas y los de todas las provincias. Tampoco el problema se circunscribe a Panamá, ya que toda Centroamérica está igual. Lo veo cada vez que viajo en avión por la región y da dolor que no aprendamos la lección de otros lugares.
Fíjense nada más qué sucede cuando se va a construir una urbanización; lo primero que hacen es desaparecer los árboles y hasta el césped. Aparece un tremendo peladero que provoca llorar y no se puede culpar sólo a los constructores ya que alguien concede el permiso para hacer eso.
El barrio de San Francisco ha perdido su personalidad y su idiosincrasia: no sólo han desaparecido las casitas hermosas y características de ese lugar, sino que también se ha perdido una gran cantidad de árboles que adornaban esas casas. Hoy es un peladero.. y esperen lo que viene. A veces me desvelo pensando por qué dan esos permisos; será porque las autoridades desconocen el significado de un árbol, porque no les importa que desaparezcan o porque es más atractiva ciertas transacciones que pareciera se hicieran con esto y otras cosas.
Pero no escucho a los ambientalistas decir nada. Todo sucede ante la mirada desviada de los grupos que debieran salvaguardar la naturaleza. Si creen que es muerta, están equivocados; es la salvación de nuestro planeta y el bienestar de las futuras generaciones. Me extraña el empeño que ponen para defender los delfines; sin embargo, no lo hacen con lo suyo propio. Todo mundo conoce el negociado que tienen ciertos indígenas en la región del Darién donde se dice que los indígenas tienen derecho a derribar un número X de árboles y ellos venden esas concesiones a los que los acaban. De ser esto cierto, las autoridades se hacen la vista gorda y no pasa nada; pero los árboles ya no existen. Si creen que es mentira, pregúntenle al tío del Presidente que devastó un número plural de hectáreas de manglares y nadie vio nada. Ahora que los medios han puesto la pica en Flandes, es que se ha sabido.
En otro país con más dignidad, las autoridades de la ANAM debieran haber presentado ya la renuncia a su cargo, por orgullo y honestidad. Si yo fuera el tío estaría debajo de una cama esperando que me encuentren; no sabría dónde meter mi cara. Pero creo que anda suelto y no prófugo.
Hago un llamado a todos los defensores de la naturaleza para que digan algo por la desolación que nos agobia. No es sólo Sarigua, es también el centro de la ciudad; las calles principales no tienen árboles y pronto perderemos los pocos que quedan. Parece ser que los delfines que vienen para Panamá no son de aquí; pero nuestros árboles, nuestra desolación, la falta de lluvia, el aumento del calor son panameños y afecta a los panameños.
Las palabras equivocadas, dichas en momento no oportuno o el silencio cuando debe hablarse, sea quien sea que gobierne, nos envuelve en prerrogativas que dan gozo a una minoría y tristeza a los más. Por esto solicito que dirijamos mejor las campañas y que las autoridades sean más honestas y trabajen para servir a los demás y no para el progreso particular. Si no cambiamos nuestra mentalidad, jamás saldremos del subdesarrollo aunque entren millones del Canal y se empine el Sr. Presidente. Ojo con lo que digo.
(marisin@movistar.com.pa)

101 años de Panamá América

 
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