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Males y curas


Los que creen que pueden enderezar y salvar la sociedad panameña de sus males y achaques están circularmente equivocados. Una sociedad de hogar, cualquiera ella sea, no es una persona. Es necesario conocer profundamente las causas determinantes de los males colectivos y mucho mayor el dominio de numerosas terapias, consistencias, remedios y gran habilidad para que tantos males respondan con mejoría palpable. Sin embargo, quien tiene el deber y comprende la masa de problemas, no puede cejar en el empeño, a pesar de todos los pesares.
La estrategia del engaño no es procedimiento adecuado y los médicos saben muy bien que tal senda no es el camino de la cura social, compleja de por sí. No hay voluntarios ni aprendices que puedan planear las curaciones que suelen ser eficaces. Quienes tienen o han tenido el poder en sus manos, en los últimos tiempos, son los únicos médicos obligados a actuar, pero tal obligación no los califica para constituirse en salvadores del país, porque cuando alegan su buena voluntad, todos los damos cuenta de que la simple y sola voluntad no es bastante para acometer una tarea complicada como la necesaria con respecto a los numerosos problemas nacionales.
Fuera del poder sobran las buenas voluntades, porque la tarea saneadora requiere medidas, esfuerzos y recursos que sólo tendrán efectos generales, únicamente posibles de ser llevados a cabo mediante un sabio y permanente ejercicio del mando político. No hay otro camino y las promesas, por una vasta experiencia de todos los panameños (no necesitamos mencionar a "las panameñas", porque el genio del idioma desde hace miles de años, la incluye en la expresión usual, y sólo el feminismo extremo y sin más adjetivos se le ocurre hacer uso de una raya y añadir "as", en tanto que la práctica demagógica desaparecerá más temprano que tarde y la exterminará su propio absurdo, ya que nadie habla con esa raya y ese "as".
Ninguna labor gubernamental, por sí sola (en cinco años), es remedio inicial para la tragedia colectiva que ha vivido Panamá desde 1903, cuando iniciamos el "self goverment", "bajo el paraguas de Bunau-Varilla", bajo sus canalladas y traiciones, imitadas desde entonces, entre otros casos, por quienes hoy acaban de hacer convenios ocultos con Norteamérica, que nunca han querido publicar. La pasividad y la ignorancia de nosotros mismos tiene la culpa de que tal clase de gobiernos se haya perpetrado, con poquísimas excepciones, en las "especialidades" con que nos engañan, desgobiernan y explotan. Pero es tal la existencia caótica y perniciosa en que vivimos que algún día el país "explotará" por combustión espontánea, ya que da visos en no hacerlo conscientemente. Claro que nosotros preferimos el camino de la conciencia y del ascenso de la masa nacional, a una comprensión total que parece imposible; pero que las acumulaciones terribles que sabemos bien podrían explotar, sin que podamos adivinar cuándo.
De lo que sí estamos plenamente seguros es de que, entonces, el sector de profesionales del país hablará desde todos los rincones de la Patria, y comenzará a intervenir en la bárbara situación existente y a ponerle, decidida pero democrática y tenazmente, aunque larga empresa, a darle el alto al país, desde las miasmas en que vivimos. Estamos seguros, pero ignoramos la fecha. Y más bien tememos no disponer de mucho término de vida, para presenciar tal espectáculo reconfortante y salvador, de la redención nacional, de la que reiteramos la imposibilidad de ser profetas, y estamos seguros de que ocurrirá más tarde que temprano, por lo que venimos escribiendo paso a paso, nuestro testamento.

101 años de Panamá América

 
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