¿Malo para uno, bueno para otros?
Bajo el criterio de que la externalización de los servicios incorporaba una incómoda forma de privatización, en septiembre pasado el Ministerio de Salud ordenó la intervención del Hospital San Miguel Arcángel. La medida hizo suponer que existían evidencias concretas de corrupción o que el modelo había lesionado de manera considerable sus operaciones. Tres meses después la opinión pública desconoce los resultados de las auditorías anunciadas. Pero ha trascendido que, en contraposición, la externalizacion de los servicios está predominando en la Caja de Seguro Social. Una política cuyo contexto futuro serán los cambios incorporados a la ley marco que entre otras cosas permite el ajuste de precios durante la aplicación de los contratos que haga la entidad. ¿Cuánto podrá resistir la Caja con una política de esa índole? Guardadas las proporciones, ¿no fueron condiciones como esas las que llevaron al sistema de salud de Estados Unidos al desastre que ahora trata de resolver el presidente Barack Obama? En el San Miguel Arcángel la externalización era sometida a un riguroso escrutinio de calidad ¿quién hace esta evaluación en las contrataciones actuales de la Caja? Las contrataciones privadas pueden darle al paciente una mejor calidad de atención, preocupación válida y última, pero por cuánto tiempo, si se consideran que los costos de externalización superan con creces los que puede ofrecer la propia Institución? ¿Por qué era mala la externalización para el San Miguel Arcángel y buena para la Caja? Faltan explicaciones oportunas.