Malos negocios a tutiplén
Es impresionante y escandalosa la permanente actitud de los gobernantes de nuestro país, y de muchas de las personas con poder que los acompañan en sus andadas, de tratar como ignorantes y estúpidos a la mayoría de los ciudadanos que no somos parte de los grupos poderosos que nos gobiernan y que gozan de excesivos privilegios debido, entre otras cosas, a que tienen un control absoluto de la información relacionada con todos los haberes del país, negocios en proceso y secretos que giran alrededor del manejo y administración de nuestra riqueza nacional.
Revisando nuestra historia económica reciente, en mi opinión, no hay negocio o contrato de gran envergadura realizado a nombre de la nación panameña por los gobiernos de turno, que haya resultado verdaderamente positivo y ventajoso para el país. Por el contrario, de alguna manera, todos esos proyectos han dejado un mal sabor e insatisfacción ciudadana por sus malos y perversos resultados.
Considero que, desde 1990, sigue siendo abundante la lista de malos negocios realizados a nombre de la Nación por los funcionarios enquistados en los gobiernos de turno, como por ejemplo: La venta de Cemento Bayano, la negociación concerniente a la Refinería Panamá y la comercialización de los hidrocarburos; las privatizaciones del IRHE, INTEL y de los Casinos Nacionales; los perversos contratos mineros vigentes.
Igual pasa con aquellos contratos de los corredores Norte y Sur, la malísima y costosísima estructura legal y administrativa de la ANAM, la ASEP, la ARAP y la CLICAC, instituciones que han resultado ineficaces, porque no responden a los verdaderos intereses del país. También está la improvisada y apresurada Ley Banistmo, entre otros.
El más reciente de estos malos negocios y que ha motivado este escrito, lo constituye el proyecto de la Cinta Costera, actualmente en ejecución. Expertos en ese tema han denunciado lo innecesario y lo costoso del proyecto adjudicado de manera irregular y directa a una empresa extranjera que, aparentemente, no goza totalmente de buenas referencias en otras latitudes.
Con respecto al sainete relacionado con el Club de Yates y Pesca, es inconcebible que el titular del Ministerio de Obras Públicas insista que el canje negociado con este pequeño grupo representa un buen negocio, cuando regalamos tres hectáreas de terreno costero con infraestructuras, cuyo costo está cercano a los 10 millones de dólares.
El copón de este sainete son las palabras del el arquitecto Ignacio Mallol dado que, supuestamente, aprueba ese canje porque le es muy grato poder apreciar los botes navegando en la bahía. Para mí es inconcebible que este señor no tenga idea de tantas otras alternativas mucho más provechosas que puede tener el uso de 10 millones de dólares, que mirar barcos en la bahía. ¡Qué barbaridad!